Páginas

Faro sin mar..

miércoles, 29 de junio de 2011

El día en que la normalidad sustituya al orgullo

En el pueblo de mi padre vivía un primo mío que vino a cortarme el pelo una vez a casa de mis padres en Moratalaz. Tenía mucha pluma. Pero, cuando marchó, yo pensé en la inmensa soledad que tenía que tener aquel hombre en un medio rural.

Cuando llegué a Nueva York, una gran parte de la ciudad me la enseñó mi amigo Tom y su novio Philips. En el "Village", a finales de los 70, las parejas homosexuales paseaban cogidos de la mano desde la libreria "Oscar Wilde" a las tiendas unisex. La frontera peligrosa para ellos era el barrio italiano, en donde los niños de la catequesis parroquial se entretenían tirándoles piedras.

Cuando Tom y Philips vinieron a Moratalaz a devolverme la visita, la explicación que le di a mi madre sobre su diferencia entraría en la estética surrealista de algunos diálogos de Almodovar. Mi madre cambiaba las sábanas cada día con la celeridad de cuando mi hermana cogió la hepatitis. Y eso que el SIDA todavía no había dado señales de muerte.

Cuando en una ciudad de provincias compartí piso con un amigo homosexual, las anécdotas al respecto servirían para una película de Berlanga. Aquel chico tenía un novio inglés que, en un ataque de celos, me abofeteó, rompió la puerta de casa y me hizo vivir unos meses como en una telenovela casposa. Años más tarde cuando volví al sitio, el escritor inglés me pidió perdón y delante de una chica estupenda aclaró para reconciliarse con sus agarvios hacia mí, que yo era "macho de mujeres". Toma ya, la frase. Aquella noche, con aquella chica que por tanto tiempo había deseado, para estrenar mi título y acabar con mi falsa leyenda, di un gatillazo que debe tener todavía a la muchacha sumida en serias dudas sobre la veracidad de mi historia.

Un amigo me pidió un día que fueramos a recoger el apartamento de su cuñado que estaba ingresado en La Paz. La casa estaba llena de íconos gay, con el consabido cuadro sobre la muerte asaetada de ese santo tan posturero.
Charlé con aquel chaval, en su agonía de SIDA, y resulta que habíamos estado en el mismo internado en diferente época. Según él, se paso por la piedra a egregios profesores que yo había tenido. No tenía motivos para desconfiar de él pero, por primera vez en mi vida, comprendí que a veces transitaba por sitios y no me enteraba de nada. O que la misma realidad vivida por dos personas oculta dos realidades antagónicas.

Años más tarde realicé un reportaje en el mejor centro de Enfermedades de Transmisión Sexual de Madrid, y los médicos me explicaron que las estadísticas oficiales no cuadraban por ningún lado. Ellos revisaban a una gran parte de la población que ejercía la prositución y la prevalencia de VIH no era alta en ese grupo. Sin embargo, una gran parte de la gente que daba en la analítica que era portadora de anticuerpos lo achacaba a la prostitución. Su conclusión era clara: mcuhas personas preferían decir que mantenían relaciones con putas que reconocer que mantenían relaciones homosexuales.

En la izquierda en donde milité se admitía la homosexualidad pero no era la imagen deseable para ser elegible. Eran militantes para estar por casa pero no para mostrar abiertamente al electorado. Al menos proclamando esa situación. El PSOE, tengo que reconocer, fue el primer partido en dar el paso al colocar a un militante gay en la dirección. Y lo que han atizado a Pedro Zerolo desde entonces.

Luego supe que a Jaime Gil de Biedma se le denegó la entrada en el PCE por su declarada y pública homosexualidad.



Por eso hoy no me ha sorprendido el estudio recién publicado en el que, en porcentajes superiores al 50 por ciento, , hay españoles y españolas que no salen del armario. Que todavía tienen que vivir en el territorio sin papeles de la doble vida y la simulación.

Y la actitud de la iglesia no la voy a comentar porque la relación de la jerarquía eclesiastica con la sexualidad es tan mezquina como pensar en una secta que condena los paraguas porque vive protegido bajo la lluvia.

En diferentes redacciones y sitios en los que he estado los dossiers volaban, y analizar la vida política en nuestro país resulta un espantoso cuento de sobreentendidos y chistes de baja estofa.

En España no existe la tumba del "homosexual desconocido" porque aquí parece que se conoce a todos. A los que lo son y a los que se les supone. Y sin embargo que difícil es dejar vivir y practicar el respeto.

Me gusta la existencia del barrio de Chueca por lo que ha significado de protección y amparo, pero no dejo de tener la contradicción de que no me gustan los guetos. En una sociedad libre, los barrios tendrían que ser espacio de tolerancia entre todas las formas de entender la convivencia.

Y no digo más. Me sumo a la fiesta del orgullo gay, esperando que un día cercano no sea necesario. Como no celebramos ni el dia del orgullo heterosexual, ni el dia del orgullos miope.

La sexualidad, en cualquier forma que se práctique, no es motivo de orgullo, es motivo de normalidad. Todas y para todos.

Esperando el día en que la normalidad sustituya al orgullo.

lunes, 27 de junio de 2011

Ese sentimiento bajo sospecha al que llamamos amor

PRELUDIO



Hacía frío. Creo que hizo frío todo el tiempo. Los primeros vientos de octubre nos habían trenzado un jersey de amarás a Dios sobre todas las cosas y no envanecer su nombre. Las uñas limpias, la raya en el pelo y los zapatos lustrados era santificar las fiestas. El siete en matemáticas era honrar a padre y madre. Matar era asunto de Gary Cooper en el cine del domingo.

Y esperabamos el sexto.

Con ayuda del diccionario sabiamos que puta era femenino y sinónimo de ramera. El Sopena de bolsillo satisfacía pocas más curiosidades. Así que se hizo el silencio en clase. El padre Robles tenía ante sí un atajo de morbosos, debutantes en bigote con risitas nervisosas de color ocre.

Fellini lo atisbaba todo. Fedérico venía de oyente de tarde en tarde y nadíe le preguntó nunca a qué venía.
Entre el denso perfume a sudor, se abordó el problema:

- Señores, el acto amoroso se compone de preludio, ludio y postludio.
No me solucionaban ninguna curiosidad, pero me gustaron esos tres términos.

Así que salí a la calle sin tener conciencia de que era un mero aspirante a preludios jugando a las canicas.

Hicimos reuniones de oficiales y, entre caballeros, vimos claro que con las chicas no se podía ir a ningún lado. Se estaban poniendo tontas y creídas y además no había quien las entendiese.

Ese pacto duro poco. Justo el tiempo en que Guillermo, que no había dado nunca la espalda a una batalla, comenzase a ir a misa de doce. Queria verla a ella a la salida y entregarle sus preludios en forma de carta, en la que pretendia que la Virgen de la Esperanza fuera una aliada.

La destinataria ya había aprendido el lenguaje del desdén y Guillermo se puso malo.

En su casa le dieron vitaminas. Tomaba aperitivos de calcio cuando los amigos íbamos a verle.
Un día, el médico, después de conminarle a que dijera 33, establecía el diagnóstico cruel e irremisible:
- Este chico esta enamorado.

La tropa bajamos las banderas y comprendimos que, en contra del Telediario, peor que el comunismo, el judaísmo y la masonería, eran las mujeres. La carcona minó nuestra gavilla de valientes y nada pudo impedir que a corto plazo casi todos tuvieran novia.

Así que me convertí en bandolero solitario y robé mi primera librería. Desde el botín resonó la voz de Baudelaire diciendo:
"Al igual que los mendigos viven de sus lacerías, nosotros nos nutrimos de los remordimientos.

En la calle llovía. Creo que había llovido todo el tiempo. Los últimos vientos de febrero me empezaban a trenzar una camiseta de primavera.

LUDIO



No llovía ni hacía frío.

Creo nunca había llovido y que la vida era una ausencia de frío. Y ella salió de la librería. A mi se me resbaló Baudelaire de las manos y ya no soñaba con robar libros. Soñaba con robarla a ella. Total que, como más de uno habrá imaginado, ella me hurtó a mí.

Me fui, por entonces, con un libro suyo, a aprender a desfilar en el ejercito. Me encontraba raro siendo un hombre robado con un libro pagado al contado. No sabía si tenía novia o tenía un lío.

El caso es que entre "teóricas" y cocinas di comienzo la lectura del libro que nunca ha dejado de viajar conmigo: "Amor mío, no te quiero por vos ni por mí, ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía , porque estás del otro lado, ahí donde me invitas a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames...".

Ella se cansó de ser novia de soldado y me dejó divorciado de lío y, volviendo de la guerra, no pude reencontrarme con el amor.

De tal manera que no pudiendo conocerla a ella, decidí conocer a aquel Julio Cortazar que contaba en los libros cosas que yo empezaba a sentir. Quizá porque él las escribia. O porque el amor deja en todos los seres la misma estela de desencanto y de traición.

POSTLUDIO



Pasó algun tiempo. No sabría decir cuánto. Las estaciones se iban se iban sucediendo en un ritual lentamente elaborado desde siglos.

Pasó algún tiempo hasta aprender el duro abecedario del respeto. Del respeto a uno mismo. Las posguerras y los posamores son un duro ejercicio de respeto.

El vencedor y el vencido - si no son los dos vencidos- saben que todo ya está perdido, que son pasto de balances obsesivos, que el futuro es un hombro en el que apoyarse a gemir, o dela mano que da las falsas palmaditas en cuanto descuidas la espalda.

Siempre he distinguido a los grandes amantes, no por la pasión, sino por la dignidad en el momento del mutis y el olvido.

Reconstruir una paz consigo mismo es algo muy lejano a la autoconmiseración y muy distante del desprecio.

Pasó algún tiempo. No sabría decir cuanto. Hay, eso sí, unos datos objetivos. Al abrir un dia la ventana, vi que el sol, la lluvia y el viento eran mi sol, mi lluvia y mi viento.

Fui a hacer la maleta y vi que solo faltaba cerrarla, que estaba preparada desde hace tiempo. Empecé a caminar sin rumbo fijo presintiendo que eso que llamaban el futuro incierto era el único futuro, el futuro perfecto. Unas flores del mal, un ejemplar de "Rayuela" desgastado y un puñado de recuerdos.

Poner distancia a la distancia y estirar la mano para comprobar si, a un palmo de las narices, estaba esa sombra tan fugaz que nos devuelve el espejo.

Allá, en lo opaco del recuerdo, un niño travieso entre el frío del invierno escuchaba con curiosidad:
-Señores, el acto amoroso se compone de preludio, ludio y postludio.

Sigo sin entenderlo, pero me gustan tanto esos términos.

martes, 21 de junio de 2011

Sfrumble, riquitiqui, trastrás

“Me contaron que estabas enamorada de otro
y entonces me fui a mi cuarto
y escribí ese artículo contra el Gobierno
por el que estoy preso”.

Ernesto Cardenal




No sé si estos tiempos son buenos o regulares o malos. O malos porque son regulares. O buenos porque son malos.

No sé si son prerrevolucionarios o post-siesta. O son más de lo mismo. Incluso, no sé si son tiempos de confusión o soy yo el confuso, y esto me inquieta porque no conviene confundir el estado personal, y el del entorno inmediato, con el del conjunto social. Pero no puedo ignorar que, como en los versos de Cardenal, las carencias individuales (las de todo tipo) han llevado a la rebeldía política.

Me viene estos días, recurrentemente, a la cabeza una historia que pergeñé para un cuento. En aquel borrador que nunca concluí narraba la epopeya menor en la que un individuo amante de los coches de alta gama y otro admirador de las mujeres de belleza explosiva, entablaban la persecución de una modelo que conducía un Ferrari Testarossa. Ambos creían tener el mismo objetivo, pero sólo les unía un azar del destino.

Durante la larga persecución alcanzaron unos acuerdos de mínimos. Les hermanaba, cual pacto de sangre, el odio a los que conducían coches turismo y la inquina a aquellos que cobijaban sus caricias en el acogedor (para ellos detestable) cuerpo de una mujer sin artificios.

De igual manera, encontraron enemigos comunes, aunque fueran de naturaleza opuesta. Despreciaban de modo similar a los magnates que monopolizaban los automóviles más exclusivos y que gozaban de las mujeres de belleza mayúscula, como a los que se conformaban con su realidad vital y se encontraban realizados con coches que les servían para desplazarse, y con mujeres cuyo amor les hacía retar el miedo a la muerte y compartir la misma mirada del mundo, la complicidad.

Interpretaban hasta la amargura cómo podía haber gente que hubiera peleado por objetivos tan simples y no habían apostado con gallardía por el todo y no las “migajas” de la industria automovílistica y la cúspide de la exhibición de poderío económico en su faceta carnal.

En su mentalidad, triunfadores y derrotados eran la “misma mierda” que sujetaba conjuntamente un sistema basado en la desigualdad.

Bueno, siempre me pareció un cuento excesivamente simple y de difícil final. Además la moralina me termina por provocar ardor de estomago.

No sé como me vino este cuento a la cabeza, a la vez que otro más fallido que me hizo romper muchos folios hace años.

Era una época en la que uno, que por tiempos y formación de derechas, había sentido admiración por el despotismo ilustrado (“todo para el pueblo pero sin el pueblo”) pero, gajes de los tiempos convulsos, había acabado por evolucionar hacia un asambleismo radical en la que cualquiera decisión no aceptada por la totalidad no recogía la inteligencia social que albergaba el grupo.

Un revisionista amigo mío, años más tarde, me conminó:

- ¿Sabes lo que es un camello?

- Ummmmmm
- Pues un camello es un caballo diseñado por una asamblea.


Me pareció un ejemplo chusco y así se lo dije. Hace pocas fechas le reencontré y, como con los viejos amigos reanudamos la conversación interrumpida hace tiempo. Y en estas fechas volvió a salir el tema de la democracia asamblearia. Yo, contagiado por los tiempos, hice una encendida defensa de ella,

- Tienes razón, pero contempla como queda al final de ese camino la discrepancia individual o de grupo, la capacidad de unirse por concepciones distintas de la realidad.

Pero eso es secundario, le respondí, lo primero es la unión para resolver lo urgente y luego ya habrá tiempo de dar cauce a todas las opciones. Han sido años en los que generaciones de jóvenes y no tan jóvenes no se han visto implicados en ninguna toma de decisión y una crisis tan bárbara como esta, les está despertando al compromiso y a la lucha.

El guardó un silencio largo y luego dijo:

- Aun admitiendo que tuvieras razón, no parece buen camino declarar homologables a empresarios y sindicatos, liberticidas y partidos, aun en la hipótesis del mal funcionamiento de ellos. Parecería un análisis peligrosamente maniqueo, de blancos y negros, buenos y malos, traidores y leales. Esas historias terminan mal.
-
- ¿Y según tú qué origen puede tener esa desafección? ¿No crees que partidos y sindicatos se la han ganado a pulso?

- De esta manera tan agresiva me parece que no. Es sospechoso. Porque además sindicatos y partidos de izquierda han mostrado simpatía por reivindicaciones de este colectivo y les han recibido como agua fresca en un paisaje desértico. Sin embargo sólo han logrado la desafección por la otra parte, con el solo argumento de que se acercaban para salir en la foto. ¿Todos? Es inquietante, es muy inquietante porque, en muchas ocasiones, hay batallas evidentes y batallas que no se ven.

- Maestro, te sigo por lo claro que te explicas.

- Vamos a ver: cuando hay tanto interés en demonizar por igual a empresarios y sindicatos, analizado de una manera quizá un poco perversa, se llegar a colegir que un grupo con gran capacidad organizativa, aprovecha y alimenta el fuego contra sindicatos que en su día inició una campaña (con grandes recursos económicos) de la caverna mediática. Este grupo estaría disputando su espacio y manejando un malestar, en ocasiones legítimo, para abrir un frente de combate con el objetivo de quedarse con el espacio que ahora atacan.

- Demasiado elaborado. Hay una gran masa de gente, de ciudadanos y ciudadanas que han estallado porque se encuentran sin presente ni futuro. Creo que te estás volviendo paranoico.

- Puede, pero Benedettí dijo que lo malo de “ser paranoico es que de verdad te persigan”. Además la gente con buenas intencione no está libre de la manipulación. Por eso una de las primeras objetivos de los que pretenden manipular es, paradójicamente, es unir a todos los demás con consignas de “manipuladores” a sus adversarios.

- Pero esas cosas hay que demostrarlas.

- ¿Han necesitado demostrar algo los difamadores? Y, por cierto, como está la gente muy desatada yo te aconsejaría publicar en tu blog sobre algo que no roce estos temas espinosos.

- ¿Cómo qué?

- Una historia moderna, surrealista. Mira te regalo el título: “Sfrumble, riquitiqui, trastrás”

sábado, 18 de junio de 2011

Una aproximación a las trabajadoras del sexo (1)



Pasarán más de mil años, pasarán, y la sociedad no dará soluciones a sus tabúes. Uno de ellos es el sexo y otro son las drogas. Más virulento este en apariencia porque la carnicería es más inmpactante que la esclavitud, como si la esclavitud no fuera un asesinato en vida.

Me ha tocado viajar un poquito, quiero decir que tengo algo de mundo (nada de Pedro J.) y me he encontrado todas las contradiciones y todas las mentiras. Y sobre todo he mirado hacia donde no he tenido que mirar.Y lo he contado.

Por eso nunca conocí Cuba, a pesar de que conozco cono terminaron ciertos viajes. Y Ásia me parece un continente de "tres delicías" y no un viaje para comer un "rollito de primavera". Lo de los viajes a Cuba todavía me resulta tan doloroso que igual nunca lo cuento. Pero "jineteras" hay y dejarlas fuera del sistema es lo que les produce el doble agravio. Trabajar para salir del hambre y ser perseguidas y no tener derechos por ello.

Un día pensé en la vieja copla vasca que rezaba:

"para salir a a la mar
dos cosas hay que tener:
el estomago vacío,
un horizonte por ver,
y una novia por casar.
Para volver a la mar,
tres cosas hay que olvidar:
el fragor de la arbolada,
las mulatas de la Habana
y el miedo a naufragar".

Sucede que de agrupaciones locales, de grupos de intercambios cultural y de otras cosas que por conocer no digo que vaya a callar ,pero guardo un silencio respetuoso, conozco a mi pesar. No soy un moralista pero si quiero prevenir a alguna de mis bien pensantes críticas que pueden ser unas cornudas (aceptadas o no, no me interesa). Y si es por la causa, benditas sean. Más cornudas, no por sexo, si llegaron a conocer lo que se ofrecía en negocios y cuotas de poder.


Porque la aceptación existe. Cuando hace años viví en un pueblo de Huesca y yendo a comer al mismo local en donde me trataban como a un hijo, pregunté a la ama:

- ¿Qué bonito vestido tienes....?

- Es la mala conciencia de M...., cada vez que se va de putas a LLeida me trae un vestido nuevo.

Luego comnprendí que en aquel lugar, a parte de las fiestas de San Mateo, ir de putas a LLeida era un hecho diferencial. Iban todos como una costumbre se sostén del matrimonio.

Pasados los años, y con dos copas de más, una amiga me presentó a a una serie de amigos y amigas. Y al llegar a la última (que guardaba un gran parecido con la Regenta) me dijo:

- Es de LLeida.

A lo que yo, que siempre procuro ser un caballero, y alabar los lugares que mis contertulios adoran, respondí:

- ¡Buenas putas!

Nunca entendí porque no me volvió a dirigir la palabra.

20 años despuésde que defendiera en foros de izquierda mi postura legalizadora del consumo de drogas y de la prostitución y me ganase el privilegio de que me llamaran de todo. Personajes como Felipe González, Javier Solana y el propio ex-presidente de la ONU, consideran que hay que legalizar las drogas. Gracias, por la celeridad en el estudio. Yo ya he enterrado una hermana. Y a los integristas de izquierda manifestarles, como siempre, el mismo afecto que guardo por la inquisición.Por y para ellos mi desprecio.

¿Por qué relaciono drogas y prostitución? Por qué si las drogas no hubieran tenido el precio que tenían en el mercado de los asesinos, muchas mujeres no hubieran tenido que acostarse con un cacho carne para tener la dosis.

Cuando en 1980 residí en Nueva York, observé un pequeño detalle, las unicas limusinas que había en la ciudad eran de la mafia y de los proxenetas. Mi tio Harvey, una de las dos personas que mas he amado, (de manera clandestina, en A España de izquierdas de entonces erassospechosa la amistad coun americano, votante republicano y judio) Eera. imposible de explicar a mis amigos porque las etiquetas en España se mantienen puestas en la ropa y, él, al contrario de quienes lo tenían todo claro jamás me intento llevar al huerto de mi pesnamiento, utilizó el cariño y el repeto.

Pues bién, Harvey, me había llevado el día anterior a ver el edificio Watergate. En ese edificio se había producido el espionaje de los republicanos de Richard Nixon a los democrátas. Yo le dije a mi tio Harvey:

- Esto es impresentable: espionaje político.

Con serenidad judia laica, Harvey contestó:

- Yo no he votado a Nixon pero no por esto del espionaje. Todos los partidos se espían, a éstos les han pillado. Yo no he votado a Nixon porque no consiento como ciudadano que alguien no pague sus impuestos. (Años más tarde en mi Madrid, tuve la constatación. No me preocupa que se gane una presidencia por compra de votos, sí que se instalé la corrupción generalizada).

Tras esta conversación atravesamos ciertas calles en donde los proxenetas italianos y negros lucían sus limusinas. Mi tio Harvey con tristeza afirmó:

- Nadie puede evitar la prostitución pero estos, como Nixon, son los únicos que no pagan impuestos en esta ciudad. Hay que legalizar esta actividad.


Como no se tomaron a punto medidas, las mafías del narcotráfico y de la prostitucíón se hicieron con mercados negros (que les ponían a huevo los proteccionistas, los moralistas, la iglesia y el propio mercado clandestino...y los sobornos).

Y los traficantes de drogas con su paisaje de cohechos y metralletas acorralaron a los Estados y los traficantes de mujeres controlaron la miseria de una Ue que, para la mujeres, se rumanizó y no europeizo. ¿¿A quién tenian pillados por la bragueta?

En todos los pueblos de Madrid, admitieron, que tras el partido de Charmartín estaba el polvete de D'Angelo". Si alguna no se quiso enterar, pues bueno. En España hay más de medio millón de mujeres dedicadas a la prostitución pero nadie folla fuera de casa. ¿Cómo se llevan las finanzas familiares?

En una entrevista con especialistas de VIH que cito más abajo, me confesaron con datos en la mano, que no había prevalencia del SIDA en la prostitución. Con lo cual sólo quedaba una posiblidad casi todos los detectados con anticuerpos prefieren decir que son puteros (más aceptado) que gay (estigma, sobre todo en el mundo rural.

Incluso conocí alguna historia en ese centro de sacerdotes rurales que, en determinados fines de semana, son penetrados por todo el que se mueve en determinadas saunas y, a los 30 días, vienen a hacerse la prueba del Sida. Ante la pregunta de los doctores sobre por qué no utiliza condón, la respuesta es mágica o de autocastigo:

- Cuando me vienen las ganas....

Eso claro no es prostitución. Afecta a hombres inmigrantes, a hombres de ética irreprochable. Aquí, la dignidad está de un sólo lado.

Ahora, como defensoras de la dignidad de la mujer, aparecen "izquierdistas" abolicionistas que llegadas a las consecuencias y con más catecismo que sociología, sin el menor análisis, culpan al desarrollo de un problema lo que hubieran evitado si se hubieran implicado en un principio.

Porqué cuando hace años prostitutas acudían a determinado burdel situado en donde vivía, fuimos un amigo médico del Movimiento Comunista y servidor los que conseguimos que tuvieron asistencia sanitaria por la vía de burlar al sistema. Las hicimos pasar la revisión de "manipuladoras de alimentos" (que, por otro lado, solo es una mentirijilla).

Las mujeres de la izquierda oficial durante un tiempo le tuvieron alergia a los asuntos del lumpen, a la burguesía progre le desbordaban y en estos asuntos no se debajaban ver por allí como no aparecieron por la comunidad gay y fueron tipos como Jordi Petit, Manuel Trillo, Nano Mompradé y tantos otros los que tuvieron que sacar las castañas del fuego ante un tema que quemaba.

Tengo que reconocer que la iglesia de base dio la cara mientras otros miraban para otro lado. Yo les tuve siempre más próximos.

Solo el Centro Sandoval de la Comunidad de Madrid fue (en los tiempos duros) y ahora (cuando empiezan a ser más duros, de nuevo) un ejemplo sanitario y humano.

A la chicas de la burguesía de izquierda se les llenó la boca de palabras como dignidad de la mujer y, el lugar común, de que la prostitución es un trabajo "tórrido".

Como confesó una trabajadora de Hetaira (*):

- Tórrido era mi trabajo anterior, limpiar los vómitos de los retretes de transmediterranea tras una travesía convulsa.

Y bueno esto pertenece a una parte de la verdad qu he visto y puedo contar. Otro día si me atrevo contaré algo más. Porque hay algo que me pone más malo que la moral, es la moral basada en prejucios y que se analicen las consecuencias por las consecuencias y no por las causas.

(Un día hablaré del control afectivo en las organizaciones radicales. Me apetece).

Y me apetece hablar de cuál es el código moral que hay que establecer par direnciar putas y chaperos. Porque aquí además de otras cosas, influye un prejuicio curioso: parece ser que todos (todos) los chaperos lo hacen por gusto, y todas (todas) las putas por necesidad. Y que, contribuyendo al desoncierto, los chaperos son los que abusan de sus víctimas (pobrecitos dominados por un deseo que no desean reprimir) y las putas son las víctimas del deseo de unos cabrones que no pueden reprimir. Demasaiados agujeros para un argumento fácil y simple.

A lo que se uno un hecho. Iglesias, partidos, insituciones, intentan solucionar problemas sin dialogar con los que lo conocen y padecen. O sea obran en función de estadísticas y votos y no de servicio a la ciudadanía. Aunque algún partido de izquierda (no tengo al PSOE por tal) enrole (y porteja) a uno de sus diputados repleto de sospechas de acoso sexual pero (claro) conoce mucho del ladrillo.

Lo único cierto es que los unicos comerciantes de Puerta del Sol que han perdido dinero durante la concenración del 15-M han sido los chaperos (los comerciants mineten) y, por necesidad, algunos dirigentes del PP Madrid que han tenido que desplazarse un poco más.

Un día me llevó a escribir esto:

He visto todo el calibre
que el amor muestra
el cañón con que te apunta
y se esconde.

Amor que te quiere libre,
y que te secuestra.
Amor que hace la pregunta
y la responde.


Amor que como el mar
cobija incierto
al naufrago y al que deriva
a buen puerto.

Amor al que su altar
sirve de lecho
al que sobreviva
y al sobremuerto.


Amor cómplice,
                            siempre cercano.

Amor virginal
                           y de segunda mano.

Amor canalla
                      y forajido.

Amor clandestino
                            y reconocido.
Amor que cura
                          y deja malherido.

Amor que faenas y siembras
                                            y es silvestre y gratuito.



(*) El Colectivo Hetaira defiende los derechos de las putas. Luchan porque sean trabajadores con derechos.
Perdonadme que no haya dicho toda la verdad. En memoria de mi tio, Harvey Gladston, y de su bonhomía, voy a respetar el sábado, y no meter las manos en la mierda.

miércoles, 15 de junio de 2011

La esquizofrenia práctica

Yo soy dos, y estoy en cada uno de los dos por completo
San Agustín



Vengo de una reunión de la que podía haber prescindido, o sea que me ha resultado de gran utilidad.

El filósofo, más que fascista utilizado por el fascismo Giovanni Papini, pero no por ello con momentos rayanos en la genialidad, hizo una elegía de los imbéciles.

Sostenía el italiano que sin ellos la humanidad hubiera desaparecido hace siglos. Me da lástima pero creo, con Darwin, que la variedad de las especies es la sustentabilidad de todas. Y el imbécil está en el árbol genealógico de la mediocridad (lugar muy sostenible).

También tengo que reconocer algo que generalmente olvido. Es el axioma tan simple de que no sólo se aprende en positivo y que, cuando miramos nuestro pasado, contemplamos, no sin estupor, que dejaron tanta huella en nuestra formación los mentecatos como los sabios.

Uno de los síntomas del imbécil listo es lo que podríamos denominar esquizofrenia práctica u omnipresencia interesada. De tal manera que el gilí que ocupa puestos de dirección cuando se dirige a un auditorio de base les espeta: “No vengo aquí como dios, sino como uno de vosotros, hablando solo a nivel individual”.

Cuando un imbécil amenaza, en reunión grupal, con hablar a nivel individual es como cuando en una asamblea alguien de aspecto circunspecto toma la palabra y pregona:

- Todos me conocéis y sabéis que me gusta llamar a las cosas por su nombre, Sois todos una panda de hijos de puta.

Me moriré sin contestar a estos tipos con la mala educación que se prodigan. Confunden sinceridad con grosería y conocimiento con sectarismo. Pero mueren sin haberse llevado un esputo en los labios y yo soy uno de tantos responsables.

Pero aún más me molesta el tipo anterior, el esquizofrénico a tiempo parcial.
Os imagináis que vais a una reunión con Zapatero y el presidente del gobierno se dirige a vosotros en estos términos.

- No voy a hablar como jefe del Ejecutivo sino como un hombre sencillo de León.

Pues, vaya por dios, grandiosa tarde de exaltación del botillo y del vino del Bierzo.

Pero a los tipos que me refiero tienen un componente mezquinamente superior. Cuando alguien que pertenece a un órgano de dirección se desdobla en su condición individual y, aprovechando ese privilegio, critica abiertamente las decisiones de la Ejecutiva de la que forma parte me parece un demagogo y un sinvergüenza.

Porque como diría mi novia: Vamos a ver. Si uno forma parte de un órgano de dirección y no comparte y se ve incapaz de ejecutar o gestionar las decisiones que se toman, tiene que tener la suficiente dignidad (aunque esta palabra la desconocen) como para poner su puesto a disposición de la Ejecutiva y pasarse al lado crítico de su gestión.

Pero no amigos, estos son de la moral del Peronismo. De la moral también de la iglesia; prohibido fornicar cabrones, porque si yo fornico es a título individual no como cardenal.

Y encima les aplauden. Como a Belén Esteban,

sábado, 11 de junio de 2011

Apuntes heterodoxos sobre la amistad, sobre los amigos

“Sólo los tontos tienen muchas amistades. El mayor número de amigos marca el grado máximo en el dinamómetro de la estupidez” (Pio Baroja)

Hay conceptos, la amistad y el amor entre ellos, que están tan rodeados de tópicos que a menudo se hacen tan infumables como el más nefasto de los programas de un partido político. No hablo, claro, de esa amistad virtual de facebook o de otros sitios de reunión de la red. Allí, quiero pensar, todo el mundo sabe las lindes de esa relación y no se suele llevar a engaño. Y el que se lleva es porque le compensa la impostura.

La amistad más creativa y altruista, tiendo a pensar, se da en la adolescencia, patria efímera, en donde uno cree que el mundo que está empezando a descubrir será tan definitivo como toda su biografía. Entonces es intensa, y tiene su mayor riqueza en la inocencia.

Cuando chaval yo tuve un amigo con el que llegué a hacer un pacto de sangre. Nos hicimos un leve corte en nuestras muñecas y fundimos nuestra sangre (lo habíamos visto en una película del cine del barrio) conjurándonos en que, cuando fuéramos mayores, mataríamos al profesor de lengua, don Julián, que nos atizaba día sí y día también y más.

No voy a decir si lo cumplimos, porque un pacto entre niños es sagrado.

La amistad para mi generación tuvo más tarde carácter de militancia y por tanto de solidaridad porque como señala el poeta no hay más complicidad que “cuando dos huyen de la policía”.

Yo cultivé mucho la amistad. Quizá porque desde los 19 años -edad en que me emancipé parcialmente- la familia constituía el pasado y la nueva familia de la que dotaba era la que encontraba en la calle, en los bares, en raros lugares, también, y en extrañas circunstancias.

Una novia de por aquellos tiempos en el momento final, en el que se dicen los epitafios de desdén del amor, le confesó a otra amiga:

-Es un buen amigo de sus amigos pero como novio es un desastre.

No le faltaba razón del todo porque, entre otras miserias, nuestra relación había podido ser reseñada mejor en un tebeo de hazañas bélicas que un poemario.

Por entonces, los amigos constituían un grupo de autodefensa frente a la pareja. Una gran parte de las conversaciones entre aquellos chicos inmaduros que éramos se desarrollaba en territorio casposo de contarnos los agravios que teníamos que soportar de nuestras chicas (Ay, qué pena, pobres chicos esclavos de la tiranía de la mujer, resulta jocoso).. Una historia de cretinos. (A pesar de ello, simples hay, que la siguen practicando de adultos).

Un tipo con mi biografía que simultaneó durante su adolescencia y juventud más periodos de cautiverio que de libertad (largos años de internado, servicio militar) conserva un bello recuerdo de los amigos de aquella época, porque eran refugios contra la plúmbea disciplina que soportábamos y que, conjuntamente, nos asociábamos en burlar.


El castigo compartido fue una buena fuente de amistad.

La amistad, al menos en lo que yo he leído, tiene tan mala literatura oral (o incluso peor) que los siniestros libros de autoayuda. Se insiste en que es algo que cultivar (como los pepinos), algo para toda la vida (como las hipotecas), algo que te protegerá de los adversarios (como los guardaespaldas), algo que te aliviará la soledad (como las pajas). Y muchos lugares comunes más que ya, desde hace tiempo, no me aportan un ápice a lo que yo considero amistad.

También a la amistad se le da (lo que la merma) de un gran sentido práctico. En ese sentido será amigo tuyo quien te preste dinero (como los bancos), quien te libere de cargas (como las canguros), quien te saque de apuros (como Superman).
Siendo importante no es para mí lo fundamental.

Además en este país tan proclive a no asumir nunca la responsabilidad de nuestros actos, la amistad aparece de nuevo como la solución al conflicto y cualquier hijo de la gran puta se libera de toda culpa achacándolo a las malas compañías.

He tenido la suerte de conocer a algunas personas ilustres que tuvieron la generosidad de la confidencia conmigo, pues bien sus amigos, sus grandes amigos, no coincidían con los que sus biógrafos y hagiógrafos (palabras que ahora son sinónimas) relatan como tales.

El amigo suele estar, como aquel personaje de una película de Woody Allen, desenfocado en todos los planos y pasa desapercibido a los espectadores curiosos de nuestra realidad.

Confío en saber quiénes son mis amigos. A algunos de ellos no veo ni abrazo desde hace años (si fueran pepinos estarían un tanto podridos) pero cuando la vida nos reencuentra reanudamos la conversación en el punto exacto en que la dejamos. Están en mi pensamiento y converso con ellos sin estar presentes en las noches de vigilia, en las tardes de melancolía. Tengo amigos muertos y vivos, reales y de ficción.

Mis amigos, ya sé que no esto no es común, no ven el mundo de manera similar a como yo lo contemplo, no comparten muchas de mis ideas, no me dan la razón cuando deliro (porque no me consideran tonto) e incluso no son necesariamente de mi país ni de mi clase social. (Es más soy ateo y tengo un amigo obispo, soy pacifista y tengo a un policía por uno de mis seres más queridos, soy antitaurino y tengo un amigo torero, soy comunista y me queda un solo amigo en el PCE porque me harté de los que así se decían me llamaban traidor cuando no coincidía con la linea oficial).

No son la solución de mis problemas pero si lo más exquisito de mi paisaje.

Y tengo una prueba del algodón de la amistad que existió: cuando alguno de ellos hizo papel mojado de ella, el dolor es comparable a la muerte, a la pérdida de un amor.

miércoles, 8 de junio de 2011

El duende de mis sueños infantiles


Cuando yo vine al mundo mis padres regentaban una portería en una calle céntrica de Madrid. Mi padre compartía esa labor con el trabajo en una farmacia en la que entró como niño huérfano de posguerra y se mantuvo hasta la jubilación. Con el dinero ahorrado, cuando yo tenía ocho años, pudieron adquirir una vivienda en el barrio de Moratalaz que, en los tiempos que se narran, no era más que un conjunto de descampados y edificaciones dispersas.

Tengo pocos recuerdos de mis años de primera infancia que transcurrieron en aquella España que no había remontado de la pobreza (económica y moral) de la posguerra.

Pero en aquellos tiempos, la hermana de mi padre, mi tía Pilar, ennovió con un poeta que se convirtió en mi padrino de bautismo. Aquel hombre aparecía de vez en vez por el chiscón de la portería y la buhardilla que nos servía de vivienda, provisto de los regalos más exóticos y contando las historias más mágicas y fascinantes que alimentaban mi infancia que podría haber narrado Dickens.

Me mostraba fotografías de sus viajes y en una que guardo en mi memoria salía al lado de un elefante en un país exótico. Al regreso de uno de sus periplos me trajo unos juguetes en miniatura que colocó en los bordes de la barrera de mi cuna mientras me daba un beso de buenas noches. A mi madre le trajo un shari de la India que ella, en su sentido común, transformó en un mantel. Ese hombre cariñoso y extraño, fumador de pipa por lo que dekjaba una aire dulzón que me embriagaba a su paso, me enseñó a navegaar con la imaginación bogando a lugares que nada tenían que ver con el charco de mi realidad. Era el duende de mis sueños infantiles.

Algunas tardes de verano me llevaba al Café Gijón con sus compañeros de tertulia y me procuraba una horchata que yo me negaba a beber (siempre me lo recordó mi madre) mientras no me pusieran al lado la cerveza que tenían el resto de contertulios.

Pasaron muchos años y cuando la relación con mi tía hacía tiempos que había concluido fue cuando supe que “Juanito”, como yo le llamaba era Juan Pérez Creus, que había nacido en 1909 en La Carolina (Jaén) y que su amistad con el poeta salmantino Pedro Garfias le acercó a la poesía vanguardista de los años treinta, y a los diversos foros y cenáculos en los que hallaban cauce de expresión las variadas corrientes culturales que fluían en dicho período. Así, colaboró en la revista Frente Literario, fundada en Madrid en 1934, hermanando allí su firma con la de Rafael Cansinos-Assens, Alejandro Casona, Ernesto Giménez Caballero y Jorge Guillén.

Conocí también que intervino en la Guerra Civil como comisario político del gobierno republicano, cargo que le llevó al frente bélico en la provincia de Córdoba. Acabada la contienda fratricida, se instaló en Madrid, donde mantuvo el contacto con el mundo de las letras a través de algunas revistas literarias como la llamada Garcilaso. A lo largo de toda su vida literaria, se ocultó tras varios pseudónimos para publicar sátiras sociales en el diario Arriba (donde era "Maese Pérez"), y en los semanarios Interviú ("Satiricón"), Sábado Gráfico ("Pájaro Pinto") y Época ("El Diablo Cojuelo").

Como atinadamente ha recordado Meliano Peraile en el prólogo de los Versos perversos de Pérez Creus, el alcance de estas sátiras no se circunscribía a aspectos meramente literarios o morales, sino que llegaba a tocar a señalados próceres de la política franquista.

Su constante y agitada presencia en las tertulias poéticas de los años cuarenta basta para explicar que el grueso de su obra satírico-burlesca haya quedado disperso en servilletas de bar, facturas de consumiciones y otros papeles volanderos de naturaleza similar; de ahí que lo más agudo y mordaz de su original obra poética jocosa sólo permanezca en el recuerdo de algunos viejos amigos, compañeros de viaje en sus antiguas correrías literarias. Por fortuna, varios de estos amigos se han empeñado en conservar y difundir esta poesía humorística de Juan Pérez Creus. Así el Premio Nobel de Literatura Camilo José Cela recogió sus mejores sonetos erótico-burlescos, publicándolos en la revista Extramundi.

El resto del corpus poético de mi padrino jiennense -que se ha servido de la lírica sonoridad de la lengua gallega para componer un par de libros de poemas- lo constituyen los siguientes títulos: Poemas del Sur (1932), As canciós d´ise amor que se diz olvido (1951), Las coplas de Maese Pérez (1973), Los Cantos de Montenegro (1981), Molino de viento (Molino de recuerdos) (1984), Los hilos del recuerdo (1987), As derradeiras pombas da serán (1988), Romancerillo de la 92 brigada (1989) y Sonetario del desván (1991). Además, recopiló en El poeta también va al fútbol las crónicas deportivas que había publicado en el diario Informaciones.

Gran aficionado a los viajes, Juan Pérez Creus se desplazó hasta lugares tan alejados como la India y Birmania, en donde llegó a asentarse durante un largo período de tiempo. Las depuraciones llevadas a cabo durante la posguerra contribuyeron también a alejarle de España. Aprovechando algunos de estos recuerdos, publicó un libro con las noticias de sus desplazamientos por el continente africano (África, 1960).

Juán Pérez Creus, a la derecha de Fernán Goméz en un homenaje en 1951.

En aquellos años de bohemia hizo circular de manera anónima unos epigramas sobre Franco que una peculiar periodista de la época denunció que eran suyos. Aquella mujer que tenía como amante al dramaturgo Victor Ruiz Iriarte – un hombre de muy baja estatura- propagaba a quien quisiera oírla en el Café Gijón que cuando estaba en la cama con Víctor “no se si estoy follando o estoy de parto”.

De aquella enemistad surgió un soneto que me resulta imposible de defender en estos tiempos, por machista y misógino, pero que sitúo en aquella época y en su rencor a la delatora:

Eras ente en potencia, y ya el Destino,
crismando los testículos paternos,
puso una inmensa sucesión de cuernos
en quien contigo hiciera su camino.

No sabías leer y de contino
tu clítoris iban, sempiternos,
todos tus dedos, los primeros yernos
que dio a tu madre tu caliente sino.

Llamarte fresca pobre sonaría,
llamarte zorra no dará tu talla,
pues por puta te saben las personas.

Y llamarte putísima sería
como llamarle cerro al Himalaya,
como llamarle arroyo al Amazonas.

(Sólo digo aquí, lector,
sol al sol, luna a la luna.
Yo te juro por mi honor
que el soneto anterior
no hay hipérbole ninguna).


Una bestialidad que no contrasta nada con su obra lírica y con el hombre profundamente culto y humano que yo conocí. Conecté con él cuando me iba a casar pero su estado de salud le impidió acudir. Me hizo un esplendido regalo que, no obstante, no alcanzaba al que me había hecho durante años: llenarme de sueños la infancia.

Él vivía en un bajo con ascensor. Una mañana, a temprana hora, se encontró con un vecino cuando iba a subir en él. El vecino, extrañado, le demandó:

-¿Adónde va don Juan tan pronto?
- Dónde voy a ir, a suicidarme.

El vecino, conociendo su humor, se limitó a sonreír. Instantes más tarde el cuerpo de mi padrino caía como un ángel sin alas desde la azotea al poco piadoso suelo. Nunca tuve tiempo de agradecerle que me abriera las puertas de la ciudad prohibida. Creo que le debo un beso imposible cada vez que me siento a escribir. Allá donde esté se lo envío.

lunes, 6 de junio de 2011

El miedo a la libertad

El miedo, como casi todo, es una moneda con dos caras. Hay un miedo natural y protector que te cobija del suicidio. Le suelen llamar prevención. El miedo es también una frontera, con o sin aduaneros, entre el atrevimiento y el paso atrás.

Pertenezco a una generación que fue educada en el miedo. En el miedo religioso, en el miedo político, en el miedo a las mujeres, en el miedo al fracaso, en el miedo a las compañías, en el miedo a uno mismo, en el miedo a la libertad.

Las religiones hacen un buen uso del miedo. Tienen la llave de la eternidad con la humillación como pasaporte. Fui educado en verdades absolutas y en campos limitados de pensamiento en los que atravesar la alambrada era situarse en el vacío. La iglesia me dijo que "fuera de ella no hay salvación" y, años más tarde, qué paradoja, me recordaron que era mejor "equivocarse con el partido que acertar fuera de el".

La libertad es una conquista colectiva pero también una conquista individual. No vale lo que decía aquel humorista que parodiando a Fraga, durante la Transición, proclamaba:

- Este será un país libre y al que no quiera ser libre le obligaremos a ser libre.

Yo me acerqué a la libertad rompiendo con  la coraza protectora no sólo de una dictadura sino de un entorno social que si no la apoyaba al menos guardaba un tácito silencio. Todavía me conmueve recordar el día en que llegando a casa, TVE emitía los primeros espacios gratuitos dedicados a la propaganda de los partidos y se emitía el del PCE y, por primera vez, sonaba la Internacional por la televisión pública. Al entrar al salón me encontré con que mi padre la estaba cantando en voz baja. Mi padre conocía la Internacional y yo escondiendo la propaganda de la policía y de mi familia debajo de la cama. (Escondite cojonudo como veréis. ¿A quién se le va a ocurrir mirar debajo de la cama?).

De otras servidumbres y prejuicios con la libertad individual me fueron rescatando algunas mujeres a hostias (no físicas, claro) y a besos.  Pero aun pasó mucho tiempo, con todo el lastre recibido, para que acabara considerándolas como iguales. Y aún así me quedan ramalazos, para qué vamos a presumir.

Y todo esto me ha venido a las mientes porque se están produciendo una confluencia de noticias que me hacen pensar que la asignatura de la libertad está pendiente en nuestro país y en ese entorno que presume de ella y se la apropia al que se suele llamar cultura occidental.

Empezando por donde acabé, la libertad sexual cada día nos explota los diarios y nos enciende los informativos con la rutinaria escabechina de hombres que acaban con la vida de las mujeres por el miedo que las tienen y por el miedo a la libertad. Y lo que también resulta tremendo, chicos y chicas adolescentes que justifican el cachete en las relaciones.

Por otro lado me aterra que en un momento de crisis y necesidad, cuando la miseria se asoma a la ventana de muchas personas, se busque un refugio colectivo en los poderosos, sin un juicio crítico de la situación, y se busquen soluciones en gobiernos de derechas, culpando a la política - a todas las políticas- de un mal en la que los privilegiados gozan de indulgencia. Se desacredita a los que se rebelan como si quisieran enlodar la situación cuando lo que buscan es cambiarla.

Por ello me viene a la memoria cuando al día siguiente del 23-F y con el parlamento todavía secuestrado, repartimos hojas en mi centro de trabajo llamando a la movilización y un trabajador al que se le daba me la tiró al suelo exclamando con rabia:
- Eso, encima seguir provocando.

En el colmo de este escenario liberticida aparece la peste. Eso que tan mal gestionan los estados y saca de los individuos las mayores dosis de irracionalidad. Todavía recuerdo el asunto negro y oscuro del envenenamiento por aceite de colza desnaturalizado. Y aún guardo la amargura de la persecución y criminalizacion que se se hizo de los portadores del VIH como si fueran los culpables de la situación y no las víctimas.

Al igual que en las crisis se señala  los inmigrantes, en la peste se apunta con el dedo acusador a las víctimas.

Ahora nos vuelven a dar al Sur por donde amargan los pepinos o se pierden en disquisiciones que afloran todos los miedos a los distintos.

Hay miedo, pero no del positivo que pone en marcha los mecanismos de la prudencia. Hay miedo del que paraliza y nubla el entendimiento. Y con el estornudo del miedo, la libertad siempre se acatarra.

Por eso me gusta en un día como hoy recodar esta canción a la libertad de Silvio Rodríguez. Una canción de amor y de deseo que cuando comienza crees que es para una mujer y más tarde descubres que es para el oxígeno de los hombres y mujeres que probaron la libertad y no entienden un mundo sin ella. Ahora que está tan amenazada.

sábado, 4 de junio de 2011

La poesía, esa puta enamorada

Una tarde entrevisté a Benjamín Prado en la radio y me contó una historia iniciática.

Había estado comiendo en familia cuando le encargaron ir a comprar helado de postre. En el bar en el que entró se encontró con Rafael Alberti, al que que el adolescente Prado, azorado, saludó y le expuso su admiración.

Alberti dirigiéndose a él como a un escolar le demandó por la parte de su obra más conocida como "Marinero en tierra" y, para su sorpresa, aquel chaval le dijo.

- A mí me gusta "Sobre los ángeles".

El poeta, perplejo, le preguntó por su edad y luego dictaminó:

- Creo que ya puedes tomarte un gin-tonic.

Benjamín, como Luis García Montero, gozó de la amistad y la tertulia del poeta hasta que una mujer cortocircuitó al hombre de la melena de plata todo contacto con el mundo exterior que no coincidiese con sus intereses.

Muchas veces me pregunto qué es la poesía. Nunca encuentro una respuesta que no tenga cierto componente religioso o místico. La poesía no se aprende. La poesía no tiene más o menos calidad, digan lo que digan, te conmueve o te pasa de largo. Nunca me iré de cañas con alguien que haya sido jurado en un concurso poético y no tenga mala conciencia de ello.

Durante los años del regímen que tuvo como poeta a Pemán, la poesía era un elemento más de las fiestas locales. La carrera de cross, la eleccion de reina de la belleza y la proclamación de un poesia como flor de las fiestas.

Era época de hambre y grandes escritores pujaban por una miseria limosna rural para no dejar a deber el duro bollo suizo del café Gijón. Muchos de estos certámenes los ganaba Federico Muelas. Un poeta, a mi gusto vulgar, y de oratoria densa y fatua.

El gran Pepe Hierro en venganza por la verborrrea lírica y barroca del siempre laureado Federico dejo éscrito:

En el portal de Belén
habló Federico Muelas
cuando terminó de hablar
las pastoras eran abuelas.

He huido como de la peste del mundillo de los poetas. La poesía es un vicio solitario, un azar, un sentimiento mágico que nada tiene que ver con la reunión de gente petulante que habla y escribe en esdrújulas.

La poesía ha tenido que ver con la política. Los grandes poetas hablan claro y transforman. Un día Benedetti me dijo en su casa de Madrid que el quería ser como Machado, alguien sencillo y claro. Los hay, sin embargo, para los que la claridad les parece que no da cuenta de su conocimiento del diccionario y se exhiben en la petulancia escribiendo como los políticos de oficio: no hay dios que los entienda. Y de eso, se vanaglorian.

Uno no sabe cuando es captado por la magia de la poesía, pero desde ese momento no puede prescindir de su embriaguez.

Yo recuerdo un momento crucial. Estaba en la recta de salidad de mi juventud. Estaba en Nueva York y una profesora de belleza madura intentaba desasnarme en el uso del inglés mientras yo me aventuraba a imaginar sus ingles. Nos separaba una cuestión de acento.

Al finalizar el curso yo le regalé un foulard y ella una edición bilingüe de Cesar Vallejo. Ella me había estado oteando el alma y yo el escote.

Un regalo envenenado porque en el poeta peruano de triste destino, en el profeta de su propio destubi, descubrí que la poesía me habría claves sobre el tejido humano que ni la sicología, la sociología, la antropología ni la política me ayudaban a descifrar. Comparto con vosotros el poema del descubrimiento. Igual no os dice nada. Todos caemos de diferentes caballos en nuestro viaje a la belleza. Pero ahí va:

Considerando en frío, imparcialmente,
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;
que lo único que hace es componerse
de días;
que es lóbrego mamífero y se peina...

Considerando
que el hombre procede suavemente del trabajo
y repercute jefe, suena subordinado;
que el diagrama del tiempo
es constante diorama en sus medallas
y, a medio abrir, sus ojos estudiaron,
desde lejanos tiempos,
su fórmula famélica de masa...

Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces, pensando,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona...

Considerando también
que el hombre es en verdad un animal
y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza...

Examinando, en fin,
sus encontradas piezas, su retrete,
su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo...

Comprendiendo
que él sabe que le quiero,
que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente...

Considerando sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado
que prueba que nació muy pequeñito...

le hago una seña,
viene,
y le doy un abrazo, emocionado.
¡Qué más da! Emocionado... Emocionado...

Desde entonces soy adicto. Y me gustan mis amigos y amigas poetas que cuelgan versos en la red. Hay quien cree que son más útiles las noticias. Son los miopes de siempre. Y más allá de los ripios en Puerta del Sol espero a los poetas que narren estos tiempos. Y no me ha gustado, estaré viejo, que no corrieran libros de poetas por los campamentos del máster de desobediencia civil que han surgido en el Estado.

No hay revolución sin poetas porque si hay alguien quiere cambiar el mundo de qué mejor lugar extrae los sueños. La poesía es la banda sonora de la reivindicación de la hermosura.

Y para terminar, ya que le usé para iniciar este escrito, os dejo con una canción que lleva letra de Benjamín Prado, ese chico adolescente al que Alberti invitó a un gin-tonic.

Y para concluir un recuerdo. El único hombre revolucionario que he conocido en persona, mi hermano mayor Miguel Núñez, tenía más amigos poetas que políticos.

¿Qué es la poesía? Una magia que empiezas por pagar y a la que luego encuentras en la calle, en las barras de tascos inmundos, en la mirada que te rompe la mañana. Una puta enamorada.

viernes, 3 de junio de 2011

Cuaderno de bitacora de un marinero en tierra

Ha amainado el viento.

Mi amiga KL aparece de entre las nubes para decirme que "hemos llegado tarde a todo". Gente joven permanece acampada en la Puerta del Sol, en céntricos lugares de otras ciudades, mientras que los que los fiscalizan, los escrutan y los analizan dicen que "han llegado demasiado pronto a todo". O sea: que pronto pueden estar de vuelta.

Pero el que está de vuelta soy yo (no me preguntéis dónde estuve, digamos que no me acuerdo).

Dije que no volvería a escribir un blog. En realidad no lo dije; dejé de hacerlo. La vida es así.

Leí en algún sitio que las personas (como los gatos y los ciempiés) no hacemos las cosas como las pensamos. Las hacemos y, luego, damos un soporte teórico a nuestras improvisaciones. Algo que se ahorran los gatos y los ciempiés. No es bueno ni malo. Sucede así. Y si no te gusta, prueba a engañarte.

Lo malo es que aquellos que se arrogan la dirección de nuestras vidas nos hacen creer que su pretensión obedece a un plan lógico y lo único que tienen son grandes gabinetes para envolver sus continuas improvisaciones. Ellos manejan el corto plazo. Nosotros las deudas y la memoria de los cementerios y las cunetas.

El único plan razonable es el B. Justifica hasta el asesinato. Lo saben en determinado despachos.

Incluso dios cuando le machacaron a su hijo sostuvo que era un plan de redención. Por eso dios está hecho a nuestra imagen y semejanza.

Hoy empiezo este cuaderno de bitácora para que aparezcan mis contradicciones y perplejidades y al igual que Benedettí dijo que se paseaba con un ladrillo "para mostrar al mundo como era su casa", yo quiero traer aquí, además de mis opiniones (pocas, no creo que interesen a muchos), los versos, las canciones que me conmueven para mostraros como es el tipo vulnerable de mi interior al que doy cobijo. A veces un patán, a veces un ángel. Como tú.

En este primer día quiero hacer un brindis. Una salutación con un poeta de Cartagena que creo que entendió, antes que muchos, los tiempos en que sobrevivimos a la barbarie: José María Alvarez.

Todo aquello que no fue satisfecho

Todo a una carta

Pidiendo ya tan sólo
ponerme al fin de acuerdo con la vida

como cuando dos huyen de la policía

Aprendiendo a morir sin nadie

Habrá enterrado uno algo en esta vida

Contemplo una ciudad arrodillada
ante el espejo de la Sumisión

Los salones de un club abandonado
Los camareros
a esa hora
en que también los camareros han bebido
Y digo
Oh Melancolía
bailo contigo cuando bailo solo

Estamos siendo exterminados

Es quizás el momento
de contempla un Dürer y entenderlo
Repasar mentalmente
unos poemas de
Villon
Poner un disco de Fats Waller
O Lester Young

Beber la última copa
a la salud de Billie Holiday

Y esperar a que la policía
tire la puerta y me sorprenda
muerto.

Bienvenidos a un corazón sangrante que sostiene a un sujeto que edificó un faro tras haber perdido el mar. No para orientar los barcos. Para no perderse él y esperar a otros navegantes que extraviaron la brújula o dejó de interesarles algo que sólo señala el norte.

Mariano Crespo