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Faro sin mar..

jueves, 26 de febrero de 2015

Perdón


Es imperdonable
que la muerte pase por mi calle
sin saludar a los supervivientes.
Imperdonable es 
la retaguardia de las casas 
el lugar en donde la gente llora,
vomita, se suicida o miente 
poniendo a su madre por testigo.
Es perdonable 
desear el carmín de la boca del pecado 
el cigarro de después del crimen
y el de antes de que te quemen las entrañas
con un falso te quiero o un disparo amigo.
Perdonable es 
la resaca de las vírgenes 
el desparpajo de los ratones 
para inventar coartadas 
y la piedad a cobro revertido
de las sogas que llevas en el cuello 
desde el segundo posterior a haber nacido.
Imperdonable, amigo, 
verdaderamente imperdonable, 
es no perdonarse a sí mismo,
el prójimo más despreciable, 
por ser el más conocido.

© Mariano Crespo 


martes, 24 de febrero de 2015

Hechos


Admito que me abrazaste
por primera vez
cuando estaba camuflado
con la rigidez de los abetos.
Es cierto, también que inauguraste
mis labios para nuestros besos
clausurando palabras
que no iban al grano,
en un partido sin juego
con tediosos tiempos muertos.
No puedo objetar
que fue tu mirada
la que tejió la red,
hizo la emboscada
y puso principio al cuento.
Pero lo que ni tú ni nadie
me puede negar
es que yo te soñé primero.
Los hechos son los hechos.

© Mariano Crespo

miércoles, 18 de febrero de 2015

Aquellos brotes de primavera


A 33 y 45 revoluciones por minuto.
Bailando lento con música italiana.
El papel pintado Colovall era testigo
mudo de cuando hasta respirar
era venial pero pecado.
El calendario con los días festivos
iguales al rojo labios de tu boca
y a las banderas de los sueños prohibidos.
Cómo ponías las manos protectoras en mi pecho,
que siempre tuvo vocación
de evasor de fronteras por los montes
eludiendo aduaneros y sostenes
en el pecado mortal
de acariciar frutas y flores.

La taquicardia, la testiovulación* con granos,
el condón robado de la mesilla de mi padre
que caducó con tanta espera.

Meter la mano entre los muslos
¡ay, para, para, para!!
Desde luego, siempre estás con lo mismo.
No me respetas.
Mujer, solo un poquito.
¡Ya me conozco esos poquitos!

Y el sexo como las tartas de cumpleaños
aguardando entre el dedo índice y la lengua.

Lo recuerdo ahora
en que aquellos brotes son ya abuelas.

© Mariano Crespo 



(*) Concepto médico poético robado con total impunidad al doctor Mario Benedetti. 

martes, 17 de febrero de 2015

Veinte años



                                                                                   A Paloma.

Tal vez veinte años no sean nada
pero en veinte minutos tienes vidas 
suficientes para el éxtasis y el asco 
para la euforia y la derrota.
En veinte minutos cierras unos ojos 
abres unas piernas 
fundas un naufragio,
destruyes primaveras.

En veinte minutos 
aprendes las palabras 
que no tienen idioma 
porque nadie las habla
aunque todos las sueñan,

En veinte minutos te arrepientes 
de lo que confiesas.
De lo que no confiesas
en los veinte minutos siguientes.

En veinte minutos pierdes vuelos 
que, con tu ausencia, 
no se estrellan.


En veinte minutos
eres consciente de que eterno
es mucho más que para siempre
aunque parezca igual de duradero.

En veinte minutos 
florecen los cerezos 
en donde tu cereza te piensa
y hace suya en su semilla tu cabeza.

En veinte minutos tienes una cita 
a la que llegas demasiado pronto 
aunque nunca apareces.

Tal vez veinte años solo sean 
el tiempo de reposo 
para veinte minutos de encuentro con el sol
la noche, el espanto y la belleza.

© Mariano Crespo


domingo, 15 de febrero de 2015

Comprensión


                                    "A veces no entiendo nada.
                                    Y a veces tampoco."
                                                 Lucía (SER POEMA)
A veces me da miedo estar loco 
porque lo entiendo todo
y todo lo veo porque está tapado.
En sucesivas muertes he comprobado
que para tener la peor visión de un ahorcamiento 
no hay nada más práctico que ser el ahorcado.
Te lo digo con la soga al cuello 
y con el vaso del veneno 
y el diccionario de mentiras 
para los grandes momentos.
Ahora lo entiendo todo
y ahora tampoco,
pero tú no sabrías explicármelo 
como entiende las cosas un cuerdo,
porque estoy con la soga al cuello 
como una corbata de lucidez 
en la ceremonia de entrega de premios 
a los incomprendidos por ellos 
que no se comprenden tampoco.

© Mariano Crespo


jueves, 12 de febrero de 2015

Género



La diferencia entre un hombre
canalla o virtuoso
es un matiz.
Entre una mujer 
candorosa o perversa 
unas obras completas.
Es el abismo
entre un poliedro y una línea recta..
Por eso escribo, 
sobre ellas.
Con el recogimiento
de un forense de vivos 
reencarnado en poeta,
Cumpliendo con esta misión, 
tan sagrada como iniciática,
te despojo de la ropa 
con perversión e inocencia
e indago
y me pierdo 
en el ámbito mágico
donde se reproduce el milagro
en que sacas la chistera
del conejo 
y me encuentras.

© Mariano Crespo

martes, 10 de febrero de 2015

La lágrima sobre el sauce


Hablo de magnitud,
no se me vayan por las nubes.
Es superfluo, frívolo,
salir a navegar el cosmos
rubricar la estela de los mares, 
echar raíces bajo la corteza de la tierra 
o convertir el globo terráqueo 
en unas centenas de alfileres 
que señalan lugares 
en donde te hicieron retratos
y enviaste telegramas, 
besos clandestinos en postales.
No es necesaria la cobertura de satélites
ni los mapas, brújulas, ángeles de la guarda, 
trajes de neopreno, baúles,
sombreros salacot 
botiquín de mano 
y vacunas contra todo lo que mata
sin afecto, sin promesas, sin anillos.
Hablo de magnitud.
El viaje,
el único,
es a la acera de enfrente 
y a la vuelta de la esquina,
a la mirada de los otros,
al desamparo de estar sin calle,
al lugar sin lindes, 
sin referentes,
sin historia,
sin redentor,
sin coartada
sin papeles 
sin herencias
sin banderas
sin hojas de ruta
ni antecedentes
ni plan de pensiones o de fuga.
Ese es el territorio de los viajeros
de leyenda.
Lo demás es turismo por las ramas, 
recorrer todos los bosques 
que no dejan ver los árboles.
Hablo de magnitud,
cuya métrica es el rastro de un perfume
la brisa al caer,
la lágrima sobre el sauce
la flor del postergado
en el ojal de tu mejor traje.


© Mariano Crespo

lunes, 9 de febrero de 2015

Bolero


Cuánto me gustaría 
dedicarte un bolero por la radio 
como cuando había tranvías, 
peticiones del oyente,
gabardinas y sombreros. 
Una canción pastosa 
para derramarse bailando
con un mensaje cifrado 
por un botánico 
y un lector de Cortázar, 
por un confesor de fulanas 
y un cobrador de morosos. 
Para contarte, amor, 
esa deuda impagable que te debo, 
el olor a pensión de mis deseos, 
el laberinto de tus pétalos 
y esa magia de la inquietud 
de las palabras llanas
que habitan en el umbral de tu sexo. 
En un desgarrado watsapp, 
no estoy preparado, 
No me manejo.
Vengo de la generación 
en que se arrancaba una orquesta 
cuando iniciabas un beso.



© Mariano Crespo