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Faro sin mar..

sábado, 30 de mayo de 2015

Hechizo


Es como un tic, 
un incondicional reflejo.
Cada vez que me examinas
desde el desafío verde y negro,
me atrapan sinónimos de acepto.


© Mariano Crespo

viernes, 29 de mayo de 2015

Primavera


El final de la primavera 
me invita a hablar de ella.
Como una despedida 
que es un encuentro a la inversa.
Tengo un dolor en las articulaciones,
en donde se hacen flexibles las ideas.
Una nube en el ojo izquierdo
que me produce una mirada tuerta.
Una mirada que no es neutra 
y me impide, 
al través de la ventana,
ver nítido el laurel 
con su orquesta 
de mirlos,
pero, brillantes como patenas,
me muestra
los cubos de los residuos
gaseosos y urbanos 
que me dejan estos calvarios
con su últimas cenas.
Es primavera,
mas no vivo en la Lisboa 
de abril del 74,
ni en el 68, en aquel París de mayo,
ni en una sitiada Atenas. 
Vivo aquí,
o mejor, moro aquí,
en un mes en flor cualquiera.
Esperando a ver si esta estación 
me cambia algún invierno 
por un boleto de vuelta.



© Mariano Crespo

martes, 26 de mayo de 2015

Vísperas


Posiblemente, hoy, mi cara parezca
la de las putas de la calle de la Ballesta 
la víspera de la Feria del Campo,
con agujetas anticipadas, 
por abrir tanto, y por tan poco, 
las agujas del reloj del pecado. 
El estomago tiene esperanza 
a fuerza de trabajo. 
Posiblemente 
también alguien vendrá a comprar semillas
y sembrará sobre terreno sembrado.
Posiblemente 
nada se sueñe si muchos no lo han soñado,
pero a mí las vísperas de feria 
me gustan más que el meter la pata a un pato.
Porque posiblemente nada cambie 
pero en estos días 
es como si el mismo miedo 
cambiara de bando. 
O cuando te dice una princesa de barrio
que todavía hueles a macho.
© Mariano Crespo


lunes, 25 de mayo de 2015

Arte


Tengo celos de la mujer de Eduard Hoopper.
El pintor, cuando ponía oleo a su mundo, 
la colocaba a ella para discriminar
lo universal de lo particular 
cuerpo y espíritu en el mismo encuadre. 

Dadme una mujer y os devolveré 
mis sueños envueltos en su paisaje.
No es la musa, 
es la portavoz del aliento cuando arde.



© Mariano Crespo

martes, 19 de mayo de 2015

La letra pequeña


Soy un hombre corriente
de esos que consideran que tener que morirse
para que te hagan una máscara mortuoria
supone un exceso de coherencia.
Desconfiado, como casi todos,
desde que atravesé la frontera de los cincuenta
y descubrí que me habían engañado
- mi existencia era de garrafón
y una estafa el abono de la cuenta-
porque al aprender a vivir y a leer
puse mucho tesón en los titulares
y muy poco en la letra pequeña.
Coincide este interés por lo diminuto
con el uso de gafas para vista cansada.
La vida te da una nueva carencia
por cada conocimiento que te regala.
Y todo lo que sucede en la vida
lo más tuyo
es letra pequeña.
Lo evidente es patrimonio público
pero los engaños de tu alma
los asesinatos sin testigos
el veneno de algunos besos
el agujero de los bolsillos
la amargura de las buenas notas
el confort de los pecados
el polen entre las ropas
las páginas de sucesos
el carmín de las amapolas
los caramelos de eucalipto
los orgasmos en conserva
las lagrimas congeladas
el arroz de las mentiras
los ángeles sin alas
las vírgenes secretas
los sueños de ultramarinos
los sábanas de color lila
los cordones desatados
las flores sobre los templos
el paraíso oculto de las mujeres
entre laberintos y cremalleras
la geografía de la ignorancia
el tamaño de la gloria
la cueva del desamparo
los gozosos del rosario
las mentiras,
las putas mentiras,
las odiosas mentiras
que constituyen tu historia
están en letra pequeña.

Solo a la vista
de esta edad de ojos cerrados
y al amor ciego
de quién no quiere leer
porque te sabe
te respira
te conoce
y te ampara.
Soy un hombre corriente
de esos que consideran que tener que morirse
para que te hagan una máscara mortuoria
es una estafa si sabes de memoria la baraja
y que lugar ocupa entre los naipes
el comodín en letra pequeña de tu carta.
© Mariano Crespo

lunes, 18 de mayo de 2015

Cariño


No concluí ningún álbum de cromos.
Los tengo llenos de huecos 
como el libro de familia, 
los pasaportes 
y algunos sueños.
Así que para prescindir de finales 
voy a coleccionar cosas sin recipiente,
asuntos que por carencia de medidas 
son inconmensurables.
Voy a coleccionar palabras caídas en desgracia,
por cursis o familiares, 
por anacrónicas o por su desgaste,
por políticamente incorrectas, 
por paletas, 
por elegantes.
Como mentecato, 
como quinqué, 
como dama, 
como compromiso, 
como cariño.
Sí, voy a coleccionar cariño, 
aunque no les agrade
ni sepa conservarlo 
ni donde cabe
.
© Mariano Crespo


martes, 12 de mayo de 2015

Ya no soy el de antes


            "El problema, el gran problema,
           es volver a empezar siendo el que se era"

                               Sara Zapata"El después"

Los dioses en que creí 
sirven de marcapáginas 
para señalar la palabra mito 
en el diccionario que sujeta en la estantería 
a mis queridos poetas, guarecidos en sus libros.

Tuve doctrinas cuando me peinaba a raya,
modelos terrenales cundo me soñaba astronauta, 
citas para redimirse después de masturbarse.,
maestros que quisieron afiliarme a su ignorancia.

Y la vida fue haciendo su trabajo.

Pisé los charcos y defraudé a todos los moldes 
que los proyectos ajenos hicieron de un buen niño.

Utilice la inteligencia no para ser sabio sino listo,
la empatía para obtener partidarios sin tener partido,

Construí precipicios para hacer puentes efímeros.
Dilapidé besos en lugares donde yo que tú 
no pondría los labios ni el sexto sentido.

He tenido que desaprender todo 
empezando por la construcción de mí mismo.

No tengo santones,
poseo un pequeño referente a seguir 
construido pegando los añicos 
de todas las esculturas rotas 
fruto de mis engaños.

No me esperan en ninguna parte.

He aligerado mi vida 
y me han eliminado como lastre
en el globo de otros prójimos.

Me caben las certezas en el zurrón 
y las brújulas y los mapas 
los regalé a coleccionistas de trampas.

Voy tomando lecciones de amor 
de los tachones de mi libreta de afectos.

Soy mejor amante cuanto más me alejo 
de ese joven que hirió a mujeres 
que le quisieron.

Las páginas negras del amor estéril
las riego con nuevos brotes de primavera.

Me voy demoliendo construyéndome. 


Tengo la curiosidad de los cachorros
y no me dan miedo las lágrimas. 


He aprendido a sonreír a moco tendido 
llorando hasta destornillarme.


No soy nada pero ya, afortunadamente, no soy la nada de antes.



© Mariano Crespo

domingo, 10 de mayo de 2015

Terapia


Que haya gente enamorada 
de los cerebros de la red 
no tiene que causar sorpresa
ni provocar espanto.
Todos los que peregrinamos al psiquiatra
-devotos de la caridad freudiana- 
sabemos lo que es desear 
a quien conoce nuestros bajos fondos 
a la que poda los jardines en que nos metemos 
y tiene datos sin necesidad de cinta métrica
de que somos tan gigantes como enanos.
En la otra esquina del cuadrilátero,
nosotros solo sabemos de ella 
que en nuestros sueños 
nos suplica arrastrándose por el fango 
que la quitemos la ropa 
y que la ayudemos a apagar 
ese incendio que la consume por dentro.
El tiempo se evapora
hasta en las consultas con vistas
a alcobas y venenos.
Pagamos a la desconocida
y nos vamos
igual de chiflados
y con un nuevo deseo insatisfecho
para la mental colección de huecos
que abrieron las felices perdices 
de nuestros propios cuentos.
© Mariano Crespo


viernes, 8 de mayo de 2015

Página en blanco


Lo que duele la página en blanco
es un dolor para mañana,
no inmediato,
la inauguración de una pena 
la caída de un órgano. 

El problema no reside 
en si se tiene un mal día
o se ha dormido sin sueños. 
El dolor seco 
es por si se agotó la fuente, 
se cegó el pozo
y la carne se quedó sin verbo, 
Tan solo un prospecto 
o un manual para introducirse en un féretro.


© Mariano Crespo

miércoles, 6 de mayo de 2015

Vocabulario

                           © fotografía de Peter Lindbergh, Milla Jovovich
Si fuera un muchacho
te diría piropos, vagos, imprecisos
-multiusos, 
válidos para un deseo o un sacacorchos- .
Eres, básicamente, lo máximo,
mucho,
lo más,
lo mejor,
too much, 
un pibonazo.
Enfocándote desde la altura de los años,
te tatúo en el pecho un silencio 
como el pintor que firma con la lengua
antes de profanar la pureza del blanco.


© Mariano Crespo 

lunes, 4 de mayo de 2015

Compañías


Viví con un perro de Bilbao 
con el que hablaba en euskera 
porque no entendía el castellano
y no aceptaba órdenes 
en la lengua del Estado. 
Viví con una perra, 
chucha como yo,
que sabía hacer teatro. 
Viví con un pastor alemán
que cuidó de mi sobrino 
salvaje de dos años 
que le perseguía
y le hacía esconder
entre las piernas el rabo. 
Viví con un jilguero, 
al que adoraba mi padre,
porque era, como él, socialista
le había llamado Felipe 
y le gustaban las pájaras 
aun teniendo un montón de años.
Viví con un puñado de peces 
a los que puse nombres de parientes
y mi hijo vio morir a toda la familia
y aprendió que poner punto final
es tan solo quedarse flotando.
Por lo demás,
he tenido suerte con las mujeres
por lo que no me ha hecho falta recurrir a gatos.
© Mariano Crespo


domingo, 3 de mayo de 2015

Reflexión marciana


Qué perseguimos cuando no huimos.
Qué hacemos en los aeropuertos 
cuando ya no hay vuelos.
Qué miramos en las mujeres 
en el instante en que nos ignoran.
¿Sabe el buitre que es buitre 
cuando repta por el suelo?
Dónde hay remiendos para los corazones con desperfectos.
Cuántas veces se detiene la lluvia en el desierto.
Voy a componerte una canción 
aunque en cuarto menguante
suspenden los conciertos.
¿Por qué?
¿Por qué las jaquecas y la mampostería,
el estiércol y las perlas auténticas?
Porque sería excesivamente cruel 
confundir las gardenias 
con las zapatillas de andar por casa
el otoño con la alopecia 
las almohadas con la novia
el rigor mortis con las estatua
el sexo con la gimnasia
y el románico con los papas.
Pero yo abogo 
por perder el contexto
y las referencias 
Descabalar las fichas del dominó 
y volver a repartir la baraja
que no es una desgracia 
sino una oportunidad de resucitar 
una vuelta de regalo en la noria
una bala en la recámara
una reválida sin examen 
un principio sin guadaña.
Pienso firmemente que 
merece la pena refugiarse en una biblioteca
durante los bombardeos
y tener palomas mensajeras 
aunque no escribas versos.
Pienso y sostengo que 
no se puede dejar en prenda la palabra 
no es de fortuna dar la talla al sepulturero
y no es un mérito figurar el primero
en la lista de condenados al desprecio
Siempre que me siento en un banco de Marte 
me surgen dudas estúpidas 
como si habrá vida inteligente en el planeta tierra
y, en caso afirmativo, como podré entrar en contacto con ella.


© Mariano Crespo

sábado, 2 de mayo de 2015

Absurdo


Puede que sea estúpido
-amen de absurdo- 
este antojo de traspasar la puerta
de nuestra segunda residencia

y encontrar ternura
o un iglú con chimenea
para romper el hielo 
y mentirnos nuestra verdad. 

Estoy viejo 
y soy partidario de cosas
-arte, sosiego, vidrieras-
 
de las que me es engorroso
hablar de su utilidad. 

¿Cómo decirles?

Miren, soy de la época 
de los absurdos: 
la del amor eterno,
del paraíso en cómodos plazos 

y, sin ira, la libertad. 

De cuando las botellas eran coquetas;
La del espejo en el mueble bar.

© Mariano Crespo