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Faro sin mar..

sábado, 27 de junio de 2015

Ne me quitte pas


El almanaque soporta días tristes 
en los que mi sombra toca con la armónica 
una canción de la que no conozco la letra
porque mis lágrimas no lloran francés.

Hay otros, afortunadamente, hay otros, 
en que mi sombra silba todas las canciones 
y tú, amor, no nos dejas.

Ni a mí ni a Jacques Brel.


© Mariano Crespo


                                  


miércoles, 24 de junio de 2015

Objetivos


El año en que Neil Armstrong 
estrenaba con el pie la luna,
yo me exigí, campaneando uvas,
lavarme los dientes a diario,
jurarle a Mari Pili amor eterno,
no beberme el vino del señor cura,
y aprenderme las conjunciones,
todas, no solo copulativas,
para que no me pegara 
el profesor de gramática. 
La vida me ha mostrado 
que existen diferentes modos 
de llegar a astronauta 
y distintas maneras de caer a un pozo.
Con conjunciones,
todas, también las adversativas, 
o de manera aislada.

 © Mariano Crespo

lunes, 22 de junio de 2015

Bolero


Cuánto me gustaría 
dedicarte un bolero por la radio 
como cuando había tranvías, 
peticiones del oyente,
gabardinas y sombreros. 
Una canción pastosa 
para derramarse bailando
con un mensaje cifrado 
por un botánico 
y un lector de Cortázar, 
por un confesor de fulanas 
y un cobrador de morosos. 
Para contarte, amor, 
esa deuda impagable que te debo, 
el olor a pensión de mis deseos, 
el laberinto de tus pétalos 
y esa magia de la inquietud 
de las palabras llanas
que habitan en el umbral de tu sexo. 
En un desgarrado watsapp, 
no estoy preparado, 
No me manejo.
Vengo de la generación 
en que se arrancaba una orquesta 
cuando iniciabas un beso.

© Mariano Crespo





sábado, 20 de junio de 2015

Somos una escalera




      A las 7 de la mañana del 13 de marzo, Mireya Arroyo, la chica colombiana que nos friega la escalera, encontró en el rellano del cuarto piso, a la orilla del ascensor, el cadáver descuartizado del vecino del ático, en medio de un inmenso charco de sangre.
Nos despertó su grito desgarrador y desmedido, sobre todo proviniendo de alguien que viene de donde viene y en donde pasa lo que pasa.
La policía no ha detenido a nadie, pero no recuerda un caso en el que hubiera tantos candidatos con motivos suficientes para eliminar a alguien o por lo menos para desearlo.
El vecino del ático, sin que se le pudiera calificar directamente como escoria, es uno de esos tipos a los que nadie daría la espalda confiadamente sin tener al día la póliza del seguro de vida. Sólo llevaba en la casa dos años pero había sido tiempo suficiente para tener constancia de su calaña. Si es verdad que al infierno se va por méritos adquiridos, este cabrón se ganó la plaza en esta casa.
Debía varios recibos y se pasaba por el forro los reiterados avisos del presidente. Sus vecinos de rellano estaban hartos de sus continuos desplantes y groserías y, sobre todo, de su manía por poner a Los Chichos y a otros gitanazos a todo trapo, ya fuera a la hora de la siesta o en la madrugada, cuando terminaba el programa de José María García, que, generosamente, nos hacía escuchar a todos los vecinos. Este hombre no compartiría los gastos pero con las aficiones era muy espléndido.
Eso por no mencionar lo de borracho. Aquí a nadie nos importa lo que hace nadie, que cada uno es muy suyo de hacer con su cuerpo y su vida lo que quiera, pueda  o le dejen, pero con respeto a los demás. Que la libertad de uno termina donde empieza la de los demás, como bien dice don Mariano, el maestro jubilado del 2º-B. Así que cada uno beba lo que le quepa. Pero no más, porque luego  sueltas el vómito en el ascensor y en el portal como nos tenía acostumbrados. O le orinas el rosal –lo que ya son ganas de joder- a la señora Rosario, la jubilada del Bajo- B, que no tiene llorado la pobre mujer con las meadas de este sujeto.     
- Parece obra de un profesional sin entrañas. Pero hay un exceso de móviles. – exclamó pensativo el inspector de primera, Primitivo Fernández -
         La policía nunca encuentra el termino medio y no hay crimen que sea de su gusto y agrado. Se cabrean por exceso y se mosquean por defecto. Si hay pocas evidencias, el asunto está oscuro y si hay demasiadas, está sospechosamente claro. Luego, acaban por utilizar la vieja costumbre de investigar a quien pueda sacar beneficio de un delito y se complican la vida. Como si no tuvieran aprendido con lo del País Vasco. 
El vecino del ático era un hijo de puta.
**********************

Ayer, jueves, 14 de abril, tuvimos reunión de comunidad y tras la discusión rutinaria y precipitada sobre los temas del orden del día, pasamos a ruegos y preguntas.
La discusión se centró, ante la contrastada falta de eficacia policial, en la confesión o, en su caso, delación de la persona que había cometido el crimen, si ésta era un propietario o inquilino de la finca.
Protestó, don Justino, por no entender  que se relegase el importante tema de la reparación de la antena del tejado por el  asunto -en sus palabras- “del justo final del cerdo del atíco”.
Le prometimos que se vería el tema de la antena en la próxima reunión, pero que la resolución del suceso del 13 de marzo era prioritaria, al tratarse de un asunto de conciencia y  una circunstancia penosa que tenía a toda la comunidad en la desazón de ser colectivamente presuntos asesinos.
Así que el tema se abordó y, para sorpresa del administrador, la comunidad en pleno, uno por uno, nos fuimos derrumbando y confesamos, entre sollozos, la autoría del asesinato.
Fue, como casi todas las reuniones, un espectáculo deplorable que puso en evidencia la calidad de género de los que compartimos esta escalera. Nadie tuvo orgullo para confesar su culpa con dignidad y mirar desafiante al resto, como hace  Jack Nicholson en el cine. Somos gente normal. Aquí todo el mundo, llora, moquea y se humilla, sea por el impago de un mes, por un reproche con las cuerdas de la ropa o por un simple crimen.  Forma parte de nuestro hecho diferencial.
El administrador de fincas titulado intentó poner una pizca de cordura:
- Coño, pero si todos tienen coartada - exclamó con una mueca entre burlona y de estupor -.
Esta juventud de hoy en día está dominada por el cerebro y no escucha al corazón. Demasiados años de estudios inútiles, a base de tests, les han dado una visión del mundo de sota, caballo y rey, y creen que todo lo que ocurre obedece a las leyes de la lógica. Debe ser porque ni se casan ni se comprometen, y así les va. Encima, el tío se permitió añadir que si no deberíamos dejar a la policía hacer su trabajo. Otra muestra más de la inmadurez de esta generación, que deposita en el Estado todas las obligaciones del individuo. ¡Se van a enterar después del 11 de septiembre!
Con todo, la nota más patética de la reunión, la puso Vanessa. Bueno, ella en realidad se llama Atilana, como consta en el buzón de correos y bien sabe su familia de Zamora, pero para el trabajo que realiza ahora y para el que se anuncia en los periódicos, le pareció más comercial, Vanessa. Y así nos hace llamarla desde seis meses después de enviudar, hará ya tres años por el día de la Constitución, el 6 de diciembre.
-         No me quedó más remedio que hacerlo.- dijo entre pucheros que se fueron convirtiendo en un mar de lágrimas-. No podía arrastrar la vergüenza de que me hubiera, de que me hubiera…¡ultrajado!
-         A usted la ultrajaría señora, que ni sé lo que es ni me importa, pero a mí me estaba quitando la vida día tras día. Eso sí, tengo el atenuante de defensa propia.
Pocas veces habíamos visto a Manolo tan descompuesto. En la reunión nos relató que, aun conociendo su enfisema pulmonar, o tal vez por ello, el desaparecido encendía un cigarro cada vez que el ascensor los reunía y le iba echando el humo a la boca mientras le espetaba en la cara:
- Qué  ¿no lo echas de menos?  
La verdad es que los motivos de todos eran de peso. Cada uno sabe donde le aprieta el zapato y donde duele lo que le duele. A mí me impresionó especialmente lo del chico del pendiente.  Carlitos, que así se llama el nota, es un chavalote que vive en el 1º C y que, desde que le pusieron en la calle del taller en donde era chapista, se gana honradamente la vida distribuyendo unos productos marroquíes que se fuman y que tienen mucho prestigio entre la juventud del barrio. El chico tiene sus cosillas y se rodea de gente con muy malas pintas, pero es un minorista comercial que nunca ha hecho mal a nadie. Todo lo contrario, favores le debe la gente. Pues bien, el fiambre le birlaba el producto de su trabajo y le amenazaba con irse de la lengua, supongo que se referiría a escupirle o vaya a saber usted qué. “Asqueroso camello”, creo que dijo Carlitos que le llamó, como a si uno le insultasen por lo animales típicos del país con cuyo género de exportación se gana el sustento. ¿A mí que me llama, vaca?
La noche avanzaba y cada agravio era superior al anterior y todos, cada uno a su manera, habíamos coleccionado motivos que justificasen nuestro lamentable y sangriento proceder.    
Al final, tuvimos que recurrir a la votación, que no hay nada como el sistema democrático para zanjar las tomas de posturas colectivas, y aceptamos la propuesta de doña Lourdes que tiene un estanco y sentido común.
 Elegimos por unanimidad a Rita, la mujer del finado. No en vano, el cabrón del muerto la pegaba hasta dejarla el escaparate hecho un cromo. Si alguien se lo merecía era precisamente ella. Además, y bien mirado, así todo quedaba en casa.
Levantamos acta y, mientras el Administrador marcaba el 091, brindamos con sidra a la salud del fiambre.
Tengo que reconocer que se me escapó una lágrima al besar a la sorprendida viuda. No la abracé porque, con ese  escote que tiene, alguno hubiera pensado  lo que no se tiene ni que imaginar.
A mí - que le voy a hacer si soy un sentimental - estas reuniones de vecinos me conmueven. Y es que en esta sociedad de individualismo y de falta de valores todavía quedan reductos en donde florecen primaverales los viejos símbolos colectivos.
Lo que no fui capaz de comprender fue lo mal que encajó nuestra decisión la beneficiada. Primero, se le puso una mueca de estupor como si le estuviéramos gastando una broma. Luego se le fue descomponiendo el rostro que mostraba un rictus en el que se mezclaban el pánico y sorpresa. Cuando llegó la policía y la entregamos, entre felicitaciones y parabienes, se revolvió de los agentes y, con un gesto de desprecio y rabia nos espetó:
-         Estáis todos locos. Como me podéis hacer esto  mí. ¡Sois unos hijos de puta…!
Nos quedamos de una pieza. La señora Rosario, siempre poniéndose en el lugar del débil, dijo que la chica llevaba poco tiempo en la casa y se sorprendía de la familiaridad de los vecinos, para terminar justificándola: “Además la pobre, viviendo con quién vivía, no está habituada al buen trato”.
-         Eso es, señá Rosario, usted lo ha clavao. – sentenció Carlitos-
Y es que, como dijo Borja, que trabaja en la asistencia social de la parroquia: “cuando se viene de un medio desestructurado y no se ha gozado de las ligaduras y los vínculos del afecto, hay un desequilibrio emocional que te impide ser receptor de los lenguajes positivos y del mismísimo amor”. Este Borja, dirán que pierde aceite y tal, pero desde luego habla como dios.
-         Cada mochuelo a su olivo. – dijo imperativo don Mariano.
Y, poco a poco, nos fuimos yendo a nuestras casas. Conscientes de haber cumplido con nuestras obligaciones vecinales y con el orgullo de conocer en propia carne la solidaridad que se esconde en esta comunidad.




Ustedes se preguntarán quién soy yo. Eso da igual, no tiene relevancia. Digamos que soy el carnicero que vive en el 4º-D, que tengo coartada, y que soy uno más del alma que habita en torno a una escalera.  Somos una familia.
© Mariano Crespo


                                        

viernes, 19 de junio de 2015

Memorandum


Es un suicidio dejar pedir un deseo 
a una mujer con el revólver
cargado de besos.

Es una cobardía 
bajarse de los aviones con destino al fracaso
en la cima del vuelo.

Es innoble 
recitar los prospectos de analgésicos 
en los silencios densos 
de las vísperas de un ahora ya no te quiero.

Es una canallada 
conjugar el futuro de los verbos 
en los entierros.

Es una fortuna escribir 
imaginando que alguien te acabará leyendo
cambiando tu anónima cara
por un rostro ajado por la lluvia y el talento.

En ocasiones veo impostores 
dichosos que mienten solo cuando miento.

© Mariano Crespo


martes, 16 de junio de 2015

Colecciones y carencias



No tengo motivos que justifiquen 
mi desdén por las ranas 
pues me he pasado la vida 
coleccionando charcos.
Además, silencios de trompetas, 
ventiladores averiados, 
necrológicas de mis muertes 
y la ausencia de pum de los cohetes 
mojados o defectuosos de serie.
Colecciono, también, nubes abstractas, 
películas sublimes que no entiendo,
pecados mortales de pensamiento, 
exposiciones de fracasos anónimos
ungüentos contra los ungüentos
las claras de la mañana 
las yemas de tus dedos 
tercas persianas que no bajan,
y las escaleras que no suben
por falta de deseo.
Amo también elementos 
que ni colecciono ni poseo
como esas casas señoriales 
del centro de las ciudades 
con fantasma, entrada de carruajes,
gas en todo el edificio 
aseguradas contra incendios, 
y en donde en los carteles de venta 
dicen que la razón la tiene el portero.
Una de esas casas vacías
que si estuvieran en París 
y las alquilara Marlon Brandon 
se convertirían en un género,
una obra maestra de muerte y sexo.


© Mariano Crespo

domingo, 14 de junio de 2015

Los mejores poemas


Cuando trabajas con palabras 
o con piedras 
bajo cada pieza
- los días de bonanza-  
hay una posible historia, 
un relieve, una leyenda.
Basta acariciar cada capa
y las mujeres empiezan a tener nombre
y biografía las estatuas.

Hay, por descontado, 
días aciagos 
en que las piedras 
te sugieren la palabra piedra 
y las palabras son de arena.

En esa esquina de miseria
se narra la propia impotencia 
y por una razón que desconozco 
surgen los mejores poemas.

Tengo pavor
a que la vida,
el arte, 
la belleza 
sean una absurda ocurrencia.

© Mariano Crespo


viernes, 12 de junio de 2015

Cuarentena


                                                      a Emma Cabal, en su cumpleaños

Ya desde niño me parecía infausta la posibilidad de llegar a los cuarenta.
De adolescente era una frontera, como la pérdida de la virginidad. 
Por eso no quiero cumplirlos,
por eso no cruzo la acera
Los 50, una maravilla. como el barroco de tu vientre 
o el perfume de tu aliento a jazz. 
Los 60, un poco de vértigo. como un océano desde la orilla
como un bombardeo por la paz. 
Los 40 son una mierda 
lo saben todas las chicas que los huelen en la niebla.
Serrat que burla el mal fario 
dijo que fa vint anys que tinc vint anys *
por no escupir al calendario.
Pensaréis que soy exagerado
pero a partir de los 50 o 60
se es un hombre maduro o sabio. 
a los 40, un joven caducado.
Puedo jurar y juro sin pena 
que moriré con 39 de fiebre 
-en la edad y en las ganas-
y sin cumplir
- ni en tarta ni en hospitales-
 la maldita cuarentena.

© Mariano Crespo

(*) hace veinte años que tengo veinte años


                                         


miércoles, 10 de junio de 2015

Olvido


Nunca le cuento a nadie 
si me acaban de sajar el corazón.
Ni creo que jamás lo haga. 
No me gusta joder el día a los amigos
que carecen de bálsamo o alivio
porque los que más quiero 
están más descosidos que yo.
Además no se olvida el doble
cuando se emborrachan dos.
Tendrían que ponerse bata blanca 
para realizar ese trueque absurdo,
como cuando de niño vas al médico 
y te dan un palito de madera
para perdonar una puta inyección.

© Mariano Crespo




viernes, 5 de junio de 2015

Crónico



No, no estoy curado de espanto.
No niego que me robó una novia
un fiel amigo gay 
después de que ella me engañase con otra.
He visto a la gente insultar
a los que abogan por sus derechos
y aupar hasta el poder 
a los presuntos.
Los pobres son de nacimiento sospechosos
y cuando crecen culpables.
Los ricos son por genética ladrones
y, cuando les aprueban Derecho, presuntos.
Con estas vacunas
hay quien es de natural impertérrito
y puede tomar el té durante terremotos.
Pero es que yo no aprendo, coño, no aprendo.
Tropiezan mil veces las piedras conmigo, el mismo tipo,
y da la impresión de que los minerales no tienen memoria.
Todavía blasfemo 
con la firmeza de un teólogo
cuando me hace pupa
un desplante,
un desamor,
un desvergonzado hiriendo
a un desheredado
cualquiera,
mi prójimo.
No estoy curado de espanto 
y, para más inri, 
mi doctora parece que tampoco.

© Mariano Crespo


jueves, 4 de junio de 2015

Recursos



No consentiré 
que utilicen en vano tu nombre para vender una idea caduca,
o coloquen tu aliento entre la nube venenosa 
que nos impide ver el cielo.

Estoy en condiciones de ofrecer bien poco,
pero no mentiré poniéndote por testigo 
ni pisaré la nieve sobre la que moldeas tu invierno. 
ni volveré a recrearme en la luna cuando se desnuda
ni negaré tres veces a la sombra de tu pelo.

Estoy en condiciones de ofrecer bien poco
más no permitiré, amor, 
que se atrevan a colocar tu retrato en las puertas de los taxis,
o que talen los castaños en cuya corteza grabé nuestro pacto.

Estoy en condiciones de ofrecer bien poco
pero con mucho menos concluí con brillo un mediocre relato.

© Mariano Crespo


miércoles, 3 de junio de 2015

Más magia que texto


Pocas páginas del libro de mi historia 
ocuparon y no aparece su nombre 
en el índice onomástico
de mis verdades y mis leyendas.
Siempre me acuerdo de ellas 
cuando veo a esas mujeres 
que llevan un corazón entre el hielo, 
por el pasillo de un aeropuerto
entre sala y sala de espera,
para coser un latido a un pecho.  
Un órgano 
desahuciado de un cuerpo 
y que va de la vida a la vida,
-sin presente de indicativo- 
pero con todo el futuro 
que ya no le queda a un muerto.
Siempre me acuerdo de ellas,
de esas mujeres a las que los aviones esperan.
Mujeres de zona de tránsito 
con toda la urgencia de ida,
con el anonimato de vuelta.
Poca arena compartimos 
del reloj de los afectos 
y sin embargo, sin vosotras, 
no me concibo ni entiendo.
En mis películas 
imprescindibles 
que muy pocas veces cuento 
hay actrices secundarias 
que sostienen
con más magia que texto

-incluso a su pesar-
la parte central de mi argumento.
Mujeres de manos cálidas, 
ángeles con sexo.

© Mariano Crespo


Duelo



Ayer me vino al recuerdo tu cara y hasta tu nombre 
y aquel día en que nos disputamos una mujer 
a la caída del plomizo sol de una pasión de verano.
Y también me vino esa rabia 
a destiempo que guarda el pistolero 
por no haberse detenido en un suspiro 
para ser más lento porque mejor muerto que asesino.
Y porque ganar 
-lo aprendes tarde- 
puede ser el más cruel de los castigos.

© Mariano Crespo

martes, 2 de junio de 2015

Atardecer en el lugar sin nombre


Cuando las muchachas salían huyendo desnudas 
del territorio virgen de nuestras conversaciones 
gocé del privilegio de tener amigos. 
O sea, conocí que tenía límites además de picores y granos.
Cuando las muchachas huyen vestidas de los sueños 
al sur del río sin norte que desciende con aguas turbias
y en sus meandros nadie se detiene a tomar un baño,
los amigos van desapareciendo y gozas del privilegio 
del vértigo del águila y la soledad del caracol.
Hay límites, amor, pero ya no están lejos sino dentro.
En un lugar entre el corazón y los nudillos de los dedos.
Un sitio del que no importa el nombre 
pues carece de futuro 
y no acuden forasteros
y hay asambleas de buitres en su contorno.
Un lugar en el que das dos pasos para estar en el mismo punto. 
En ese paraje conviene haber abierto una mina 
en tus entrañas pues todos los descubrimientos 
están donde las semillas y la veta del comienzo.
El fervor es una memoria del fervor 
y la vida es un lago 
sobre el que gravita la leyenda de que habita un monstruo 
que nadie ha visto pero todo el mundo conoce.

© Mariano Crespo


lunes, 1 de junio de 2015

Retirada


Un político,
como un elefante, 
debería retirarse
cuando echa al olvido 
las cosas inolvidables.


© Mariano Crespo