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martes, 31 de julio de 2012

El último verano




No os sucede a vosotros
el añorar ese ardor volcánico
de aquellos veranos
en que paseamos nuestro desconcierto
junto a los apuntes de griego.

Aquellas muchachas a cuya ausencia
se hacia el amor por poderes en la siesta
y para justificar tanta suciedad
 luego se imaginaba uno felizmente casado con ellas.

¡Qué arrebato de culpabilidad tan lleno de inocencia!

Decenas de mujeres a las que no nos atrevimos
a dirigir una sola palabra.
Que fueron nuestras esposas
tras mancillarlas en el retrete
y que cambiamos por otra
en la playa
a la mañana siguiente.

 Al final viene el otoño
y una mujer redentora
que al igual que las primera lluvias
nos sorprenden siempre a deshora.
 

 © Mariano Crespo Martínez



               

Crónica





 En los periódicos de provincias
tienen preparadas las crónicas
de la Semana Santa.

Todos los años dicen lo mismo:
"En un ambiente de fervor popular...".
 
Sólo hace falta cambiar el nombre
de las autoridades
y de los que hacen la representación
de la Pasión viviente.

Me barrunto
-ustedes me perdonen-
que nuestro ánimo colectivo
es el de la crónica de un diario periférico,
sobre un calvario
que no es representación
ni festejo.

Es un drama real sin ensayos ni texto.

Solo falta poner nuestros nombres
a los crucificados, a los Judas, a los Pilatos,
a los romanos, al imperio.
y comprobar que la resurrección era un cuento.

Lo demás está escrito en nuestros miedos desde hace milenios.
© Mariano Crespo Martínez



                            

lunes, 30 de julio de 2012

Viaje al pasado




A la muchacha con el pubis herido
por la mujer que emerge en su cuerpo
le están robando la herencia de su madre:
el libre albedrio sobre la maternidad
el título de propiedad de su sexo.
 


 © Mariano Crespo Martínez





                            
                             

sábado, 28 de julio de 2012

Dolor


Tan solo quien me conoce muy adentro
sabe que pena me come cuando no ceno.

La misma que me quitó la esperanza
de que el ser humano sea, en esencia, noble, bueno.

Perdón por el poema,
el dolor como la pobreza es un rescoldo obsceno.
No calienta pero quema.
 



 © Mariano Crespo Martínez



    
                          

Miedo




Le tengo respeto a los besos.
Hay labios como propuestas suicidas.

Y carezco de antídotos contra ciertos venenos.
 


 © Mariano Crespo Martínez





                             

jueves, 26 de julio de 2012

Máquina del tiempo




No, no quiero volver a las arenas que cayeron
en mi reloj ni a soles que me acariciaron
una piel que varias veces he mudado.

La patria de las creencias en que no creo.

Las estrellas fugaces saben hacer su trabajo.

No, no añoro los inútiles esfuerzos 
por construir un individuo del que aborrezco.

Murió de muerte natural aquel pasajero posible
que fui para una melancólica máquina del tiempo.

A punto de concluir el edificio
sería un castigo regresar a los cimientos.

El pasado, hasta en sus brillos, me parece
material de desván e inventario.

En las últimas vueltas de la carrera
retornar al tiempo de entrenamiento
no me seduce ni para pagar céntimos.

No cambiaría el éxtasis pretérito
más cercano al cielo,
por un beso posible de mañana en el paseo.

Aguantar, seguir, leer, escribir, amar,
hablar, detenerse, respirar, vivir, vivir, vivir.

Los posibles finales
- y hasta los improbables-
son mi única pasión y esfuerzo.
 


 © Mariano Crespo Martínez



                   

miércoles, 25 de julio de 2012

La crueldad de los dioses





Ser druida, brujo o mago
ha sido mi vocación más clara.
Cuando era monaguillo
robaba los cirios del sagrario al cura
para sacrificar en el descampado
a inocentes hormigas
con un rito inventado.

Depositaba tanta fé en un rito imaginario
 tan real como  juego para  niños.

Siempre me deja confuso por qué tenia tan claro
que para obtener un bien había que sacrificar algo.

Y me embargaban remordimientos
cuando tenía que elegir
las victimas del sufrimiento.

Supongo que según se ejerce el oficio
te haces adulto y la piedad es un lastre pesado y molesto..
© Mariano Crespo Martínez