Páginas

miércoles, 8 de agosto de 2012

Mi mente


 
Mi mente baila mejor que yo.
No lo niego ni lo oculto.
Además ha bailado con más mujeres.
Me lo restriega cuando no hay nadie.
Mientras tararea me mueve la pierna izquierda.
Gusta de la melodía de la ceniza circular y negra.

 La música que invita a la confidencia sin reservas.
Le salen alas a Charlie Parker con el vuelo de mi mente. 
 

© Mariano Crespo Martínez




                 

martes, 7 de agosto de 2012

Objeto perdido


 
Las ciudades no están hechas a la medida de mi deseo.

Deambulo por ellas y las calles se extravían
como los niños pequeños
o los paraguas y los recados.

Las estatuas de las diosas me llevan de la mano
y yo las regaño porque
no saben donde está su glorieta
ni el metro más a mano.

 Mi mala cabeza me priva de la belleza por creer en los planos.

Voy a terminar por llegar a tu casa y ponerme a buen recaudo.
 


 © Mariano Crespo Martínez


                   

Mens sana in corpore sano




 En el edificio en que resido
descubrí, por azar, una mañana en el sotano
un gimnasio abandonado.

Conservaba los vestigios de una epoca de esplendor,
esa dignidad que guardan los objetos que fueron demandados
y ahora son nobleza en ruina, aparcados en un rincon.


Bicicletas, hálteras, pesas, espalderas,
jubilados, sin utilidad como el arte,
y con la conversación
amena de las personas y los objetos en desuso.
Me hice con una llave y todas las mañanas
desciendo a mi particular escondite
cuidando de que los vecinos no me vean,
caigan en la cuenta y recuerden.

Y mientras ruedo inmóvil en una de las bicis
que todavía, pese a sus heridas, cumple su trabajo
charlo con ella de la recta de meta, de la soledad, del abandono
y le cuento una película de Luchino Visconti,
sobre la belleza inmortal y lo efímero de nuestro paso
por ella, y tan largo por la miseria.

Le confieso que me identifico con el papel de Burt Lancaster.

Soy feliz en ese espacio intemporal
en el que cuido mi cuerpo y mi inteligencia.

El entrenamiento no es para ganar energía
es para aprender a despedirme de ella.

La bici y yo carecemos de ambición,
festejamos seguir amigos y funcionar cada día.
 

 © Mariano Crespo Martínez







                   

Capital



 

 El silencio cómplice de tus ancestros
te ocultó que se viene de herencia
con un crédito limitado.

No son monedas de curso legal,
son de la acuñación eterna
de Judas.

 Una noche das un beso y dejan de girar los planetas.
Los calendarios ruedan como norias ebrias.
Te estalla la cabeza en treinta añicos,
aparece el cartel de "Game Over",
tus labios pronuncian mecanicamente hecatombe
y caes en la cuenta de que finalizó tu partida,
no te quedan monedas.

Te ciñes el sombrero y abandonas con paso cansado
ese territorio del deseo al que dicen no se vuelve.

 © Mariano Crespo Martínez



                

lunes, 6 de agosto de 2012

Instante




Si ante la pregunta de una mujer
te llega ese instante de demencia
en el que concibes que si respondes
o incluso sin contestar
si fijas en ella la vista
o incluso sin mirar
si inhalas el aire que expulsa
e incluso sin respirar
si tiemblas ante su serena belleza
e incluso sin temblar
si el pulso se te acelera
y no logras darte la vuelta
vas a comenzar esa historia
que entre los elegidos
todo ser lleva grabada
para que tenga sentido el rompecabezas.

No importa el final.
Lo que vas a vivir
es el patrimonio que te une a las cenizas del Edén.

El instante en que le place alcanzar la plenitud a la luna.
 


 © Mariano Crespo Martínez




             

miércoles, 1 de agosto de 2012

Las renuncias



En las fábulas, en los cuentos,
se coloca, generalmente a un niño,
en la encrucijada de ser candidato
a un don o un privilegio,
más tener que renunciar a algo.

Los padres llevados por ese legado,

-los padres educamos por la costumbre
o por mitos no elaborados-
exigimos a nuestros hijos que elijan
y que por descontado
– y ahí está el engaño-
a que renuncien a caminos.

Cuando quise ingresar en un convento
me pedían que prometiese
renunciar a los placeres mundanos.
¡Pero si no conocía ninguno!

Aun ahora, en esta hora de la subida
en que se está al borde del descenso.
tendría dudas insomnes
para renunciar a mi bagaje
fuere malo o bueno,
escrito con tinta y sangre
en la página de los desastres
o en la de los efímeros éxitos.

¡Ay! las renuncias.
El envés con pespuntes del bello traje de la libertad.

A momentos pienso que el orden de la vida
fue escogido en un burdel por un dios ebrio y resentido.
 

 © Mariano Crespo Martínez



                   
                 

Tiempo al tiempo





No tengas urgencia por culminar tu labor.
Disfruta y sufre.
El conocimiento no existiría sin la ignorancia.
Y juntos van creciendo.
Más sabes más ignoras.
Más vives, más tienes muerto.
 
Como los asesinos conocen,
como sufren los actores,
 consumado el crimen,
al acto final culminado,
ya no son imprescindibles
y solo los más templados soportan el vacío del escenario
limpiar el revólver sin encargos.

El gris de los días sin misión y nublados.
Tipos como nosotros
y nuestro asesino no soportan los pasatiempos.
 

 © Mariano Crespo Martínez