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viernes, 12 de octubre de 2012

Nocturno de otoño


 


Por qué será que estos atardeceres
de la inteligencia artificial
nos hacen presagiar
las noches con candiles

y el color sepia
en nuestros retratos,
entre sombras lúgubres y hostiles.

No somos dueños de nada
de lo que estamos pagando
y estamos en la ruina
por comprar lo que nos está arruinando.

No es nuestra la casa,
ni la tierra,
ni la borrica
ni la central de datos.
No es nuestra la calle
ni la palabra
ni el software
ni el trabajo.

Nuestro latifundio es la extensa geografía
de la deuda a largo plazo.

Los herederos de la bancarrota
los accionistas del banco malo.

¡Lagarto, lagarto!

Cuando habla el Fondo Monetario Internacional
me parece estar oyendo a Nostradamus.

Cuando cabalgan los cuatro jinetes del Apocalipsis
a las palabras de los sabios las ahogan sus cascos.
 

 © Mariano Crespo Martínez





                       

jueves, 11 de octubre de 2012

Trato



 
Te ofrezco mi labrado terreno de ignorancias
para sembrarlo juntos del don de la curiosidad.

A cambio quiero que me cuentes
los viajes que no hiciste
porque la necesidad permanece más que la satisfacción.

Creo, amor, que así tendremos infinitas lunas
para descubrir los contenidos
de los continentes que nos regale el tiempo.
 


 © Mariano Crespo Martínez




                     
                    

miércoles, 10 de octubre de 2012

Paseo de otoño



Que hermoso es el paseo
con un poeta
en una mañana de otoño
cuando el sol pide a gritos
la dimisión del Gobierno.

Tú, sin embargo,

preferiste estar en Roma
en donde el Papa
nombra doctores de la iglesia
cuando el que está enfermo es el pueblo.

De rodillas en el Vaticano,
curioso lugar sagrado,
en el que el loco de Judea está proscrito
pero se recauda en su nombre,
y en dónde el único que no pierde los papeles
es el mayordomo.

© Mariano Crespo Martínez



                       

                     

martes, 9 de octubre de 2012

Muchacha con camiseta




 Esa pugna
del tirante que cae
y descubre el hombro
y le recolocan
y se rebela
y muestra la falda de la loma
y el vértigo del desfiladero.

 
Y le sujetan
mientras observan
si alguien contempló
el paisaje
y si ese hombre
merece la pena
y el tirante
ofrece
fuera de programa
otro descuido
más amplio.
 
© Mariano Crespo Martínez

©
Dibujo de Milo Manara



                      

lunes, 8 de octubre de 2012

Ritual para corazones rotos



Para que el corazón quede limpio para amar
es necesario el rito de purificarlo
con el exorcismo inverso
y así el estiércol nutrirá la tierra.

 
Consiste en sacar del baúl el odio
bajo la mirada de la luna llena
y aullar el nombre causante de la herida
hasta la ronquera.

Con el desgarro de un cantaor ebrio
vomitar la llaga y su lamento
con el asco en pleno y el húmedo desprecio
del llanto para dentro.

Freud, el austriaco, el checo,
sabía bastante de estos sortilegios
y les llamó catarsis por no llamarles jaleo.

A la mañana siguiente poner la colada
con la ropa que se empapó de un sudor
tan mezquino, fangoso y feo.

Y llevar un ramo de rosas al cementerio
para perfumar las tumbas en que defecaste
sobre sus muertos.
© Mariano Crespo Martínez 





         
                           

Los trastos

 
 
 
Los aparatos
tienen alma
cuando hacen su trabajo.
Cuando mueren
si no van al desván con los recuerdos
matan el espacio y tan solo son trastos.

Cuando un aparato solo es un trasto
es inservible y hay que apartarlo
con la urgencia que se retiran las chinas de los zapatos.

Si lo que se quiere es caminar
y no defender el privilegio de los que están tumbados.
 

 © Mariano Crespo Martínez
 
 
 
 
 
 




                

jueves, 4 de octubre de 2012

La guerra bárbara



 
Los enemigos de la cultura
compran en las subastas
nuestros amados cuadros
de los maestros de la pintura.

Especulan con oleos, pinceles y miradas.

Ponen tarifa a los museos.

Hacen usura con la palabra.
 

Asesinan con plagas a la música
que, usurpadores de oficio,
escuchan en sus hogares
con tecnología de vanguardia.

Nos han planteado batalla.
Despliegan su marina de guerra contra nuestras sirenas.
 

 © Mariano Crespo Martínez