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sábado, 24 de noviembre de 2012

La causa y el efecto



Uno a veces se tiene a tiro
y uno se perdona la vida.

La sabiduría consiste en conocer
si la causa es porque no soportas ser el asesino
o no pasaste el examen para el papel de víctima.
 


 © Mariano Crespo Martínez




 

                   




                   



viernes, 23 de noviembre de 2012

e-mc2

 


Si no la hubiera olvidado
guardaría de ella un buen recuerdo.

Lástima que deje más huella el dolor que el sosiego.
 


 © Mariano Crespo Martínez




               

jueves, 22 de noviembre de 2012

Como gato acorralado, como gata



En ocasiones no se debe sembrar la tierra.

Hay que cambiar de ruta, en ocasiones,
para evitar la emboscada.

En ocasiones hay que plantarse con buena mano
por salvar la cara.

Tener razón, en ocasiones,
 es una mala jugada.

En ocasiones conviene que te tengan por manso
en la hostil manada.

La luna aconseja guardar la lengua, en ocasiones,
pero mantener la mirada.

Como los gatos me enervo cuando me cierran espacios,
acorralado como gata.

En ocasiones, raras ocasiones, me pongo en guardia
sin un motivo aparente,
con una corazonada.

Cuando el cerebro se ausenta me visita la taquicardía.

En ocasiones, inquietud es mi calle y mi portal
e inquietud mi casa.

Lo que engorda también mata y entran moscas
en boca cerrada.

Un gato, parezco un gato o una gata
acorralada.
 


 © Mariano Crespo Martínez


                
               

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Pedagogía de suburbio



 Aprender duele.

Aunque el pacto era propinarnos tortazos con mano abierta
en el boxeo de la hora del recreo
dentro del ring de mi barrio no se repetaba reglamento.

Vivía en el territorio en el que solo lloran las nenas.


Desvalimiento se llamaba
el programa docente de la academia.

Mi madre me enseñó que la sangre no es lo primero.

Prestaba oídos con más atención en los conflictos
a los enemigos ajenos que a su propio hijo,
con una severa rectitud que no comparto
como no acepto que la justicia sea el amparo
que pueda suplir al calor de un abrazo.

No he olvidado la lección
pero años he penado por perdonar a la maestra.

Aun tengo secuelas.

Me cuesta asumir
el redentor alfabeto de la amnesia.

La letra no entra con sangre, sino que la condena.

No vendo humo .

Sabe mi biogafía aquello de lo que hablo
porque los libros acudieron al quite
de la posile delincuencia
o de la dependencia en cunetas
en la mísera diosa que habita en jeringas
con paraísos de poca gloria y alta factura.

Cobijo que no tuvieron algunos camaradas,
huérfanos de escuela.

Todavía hay calles de lágrimas regadas
por los senderos límite de una generación muerta.


Me reinserté en la razón conversando con un resinsertado.

No me utilicen como ejemplo
para alguna teoría académica.

En sentido común me gradué
observando la elegancia de un vecino,
carterista de oficio.
 
Y no creyendo en ningún dios
y partidario de la enseñanza pública,
de muchos frailes guardo un grato recuerdo
porque me iniciaron en la curiosidad lúdica
salvoconducto del conocimiento.

Al contrario de quien padeció
las disciplina cruel del clero,
a mí me zurraron laicos.
Aquellos maestros de falange
que enterraron el sueño docente
de la república en un baño
inmisericorde de destierro y sangre..

No me utilcen como ejemplo.

Gocé de un padre muy bueno
y si no he sido un bala perdida
es porque me requisaron el revólver en la sacristía.
Rincón en donde bebía el vino de misa
y me agencié mi primera revista
de señoras en picardías
que provocaban actos secretos,
con los que, amenazaban, se perdía vista.

No me utilicen como ejemplo.

 Soy la regla que justifica la excepción,
en una época negra,
en ese mi país triste en donde la excepción era la regla.

 

 © Mariano Crespo Martínez





               

martes, 20 de noviembre de 2012

Reflexiones de un sastre

 


Más laborioso resulta cambiar el interior
que hacerlo pasar por elegante.

 Harto más sencillo es vestir de uniforme a un violento
que volver agresivo a un traje.
 


 © Mariano Crespo Martínez






                 


                      

lunes, 19 de noviembre de 2012

El desasosiego



Las renuncias son semillas sin tierra.
Tengo la lengua en la boca bajo el cielo.

¿Es semejante el negro y blanco
al blanco y negro?

No confundas con mar el agua salada.
El humo en raras ocasiones habla por señales
Por la niebla no se distingue donde está el fuego.
El color del cristal de la vida es la mirada.
Cuando la vida es insípida también es incolora
pero huele a lotera
y alcanfor
y tedio.
Como huele el desamor y los pañuelos.

En las casas de los ricos
las criadas perfuman las flores
y las señoras el sexo.

Los libros van a juego
con el Rembrandt falsificado
pero con papeles, al contrario que el servicio.

En la tumba del pacifista desconocido
no hay bandera.

Nunca consigo mostrarte cómo es mi desasosiego.
Y no es que no quiera.
Es que no puedo.
© Mariano Crespo Martínez
 
 
 
 
 
                  

domingo, 18 de noviembre de 2012

Cuando la moral fabula


 

En la eficacia  moral de las fábulas
tenemos una palpable muestra
de nuestra escasa fe en las personas.

Se hace decir a un cerdo, una zorra o una rata
aquello a lo que no se presta tiempo
ni atención en boca humana.

Que este pensamiento es una majadería
no deja de restregármelo
cada día un gorrión con sotana.

 Albergo mis dudas pero no tengo estomago
para polemizar con un pájaro
tan volado, ungido y sabio.

Por demás, es terrible herir el ego de las aves.
Una primavera le dije que un secreto
me lo reveló un pajarito.
Y se volvió indignado al nido.

Al cabo de un mes tuve que admitirle
que mis confidencias estaban seguras
en él como en una tumba.
No lo dudes, como en un camposanto, dijo.
A mí jamás me han tenido que gritar:
¡Cierra el pico!

A nadie causa sorpresa
la confidencialidad de los pájaros,
la guardada compostura de las zorras.

y el sacrificio hasta la inmolación de las ratas.

Ahora que el gorrión está rezando su oficio,
les digo que las fábulas, como las religiones,
tienen un sobrevalorado prestigio,
se ven venir sus borrones,
no se trazan con brocha fina.

Cuando el escritor duda de la inteligencia ajena
hace narraciones con trampa y moralina.

Aunque la propaganda nos procure cuartos
a los pregoneros,
ninguno logra disimular la pena.

© Mariano Crespo Martínez