sábado, 29 de diciembre de 2012
Protegido por la luz
Mis enemigos me honran
hurgando por los rincones oscuros sin hallarme.
Me sobrestiman pertinazmente.
Un afortunado día,
a buen seguro laborable,
darán con mi fantasma de cuerpo presente.
El único lugar seguro,
amplio y confortable,
resulta ser mi escondite bajo la luz.
Allí soy inexpugnable.
Lo evidente es la mejor guarida
contra cazarrecompensas de la escuela del avestruz.
Nunca creas un cuento contado por contables.
Mi leyenda no es mi vida.
Ellos lo ignoran. Lo sabes tú.
Bajo la luz, como bajo las alfombras, no mira nadie.
© Mariano Crespo Martínez
© fotografia de Mercedes de Rueda
viernes, 28 de diciembre de 2012
Adivina quién viene a desvelarte esta noche
"Sólo una cosa no hay. Es el olvido".
Everness. JORGE LUIS BORGES
Los bebés tienen una identidad sin señas
el breve tiempo que a cualquier estímulo atienden.
Una mañana dicen papá o mamá
y el anonimato desaparece.
Los padres te llaman por un nombre
al que terminas por atender
cuando llega a tus oídos.
Es el verbo de tu verbo ser.
Es posible que el número del Registro fuera más recomendable.
Pero ese nombre propio,
digamos que Mariano,
va construyendo en tercera persona
una biografía selectiva de recuerdos y vacíos.
Desordenada, te marca a fuego
lo efímero, lo agudo, lo crónico.
Los primeros fríos del invierno,
la fiebre debutante de estío.
Mariano ama, lee, llora, viaja, se acatarra...
Con un momento crucial:
el de la elección de la amistad
y la eliminación de otros testigos.
Mas el olvido no existe.
La historia universal no ignora tus desaparecidos.
Los descartados por tu memoria,
los proscritos de tus afectos
aportan datos al Registro.
Conviene para no confundirse
que la biografía de tu nombre no difiera de la de tu número.
En lo heroico, en lo trivial, en lo mezquino.
La noche es el momento idóneo para cotejar datos.
Con la luna por testigo.
© Mariano Crespo Martínez
jueves, 27 de diciembre de 2012
Con las alas en el suelo
"Ángel fieramente humano"
Blas de Otero
La Biblia en verso pudieras escribir
y no rozar la poesía
sino la nada.
La labor del poeta es fieramente humana, luego sagrada.
© Mariano Crespo Martínez
©Imagen 2011-2012 *SandraMJ
miércoles, 26 de diciembre de 2012
Rito de invocación
Era más espiritual que espiritista.
No veneraba más dios que su caverna
ni más templo de adoración que ella y el alfa y omega de su entrepierna.
En noches de proclives lunas,
cuando de la ley de la gravedad el peso
sucumbe a la rebeldía elevada del deseo,
practicaba la güija.
Invocaba en la doble ojiva de su sexo,
sustituyendo el vaso por la enloquecida lengua,
las embriagadoras seis letras:
p
l
a
c
e
r
En la mitad de un estremecimiento
comparecía el gemido de Eva
de regreso al paraíso
con los ojos de sol poniente
y la boca llena de arena,
seca y caliente.
© Mariano Crespo Martínez
martes, 25 de diciembre de 2012
La extraña génesis de la conciencia
Albergo dudas del instante en el que mi mirada optó por la izquierda,
guiñando el ojo derecho que, en su condición de diestro
y adiestrado solo mira lo que conviene y le interesa.
(De lo que estoy muy seguro
es que no abandoné la idea cumplidos los cuarenta).
Bien podría haber sido cuando empecé a odiar
el juego en que se gira, alrededor de sillas,
corriendo y, al sonido de un grito o de un silbato,
se sientan todos menos el que no es competitivo
o es sordo o es el menos rápido.
No tiene asiento y está eliminado.
El gordito y el gafotas eran eméritos candidatos.
Ese juego mezquino de la injusticia por sorpresa
es el que me cambió la idea de ser bombero
por la mucho más peregrina de pertenecer al Comité de Empresa.
© Mariano Crespo Martínez
lunes, 24 de diciembre de 2012
Descargando flores en tu morada
No aprendí a hacer el amor como los de ciencias
ni como los de letras.
Amante soy de maestría industrial.
Transportista.
Conductor que sabe lo que se trae entre manos
y con conocimientos de mecánica.
El clásico vocacional
que supendió la teoría
porque no sirve a la hora
de salir de la autovía.
Como los camioneros expertos
gozo en llegar a ti por el laberinto de los barrios viejos
en donde la precisión es parecer que rozas o arañas
y acaricias sin dejar evidencias.
No guardo huellas de amor en la carrocería,
Maniobro a conciencia
Despisto al parterre sin lastimar la botánica
en la entrada de tu boulevard
y enfilo la calle
sobre la que empapé de lluvia las aceras
a base de tacto al volante.
Ya todo es jugar con la caja de cambios
y desembragando.
Sin aceleración ni atajos,
dejando que la máquina vaya cómoda
para descargar la mercancia de flores
en el momento óptimo
en el que los semáforos parpadean.
Cuando más frescas.
y con más alegría las acoges
sin que importe si te vienen o llegan.
© Mariano Crespo Martínez
El hombre invisible
Alguna vez soñé
con ser el hombre invisible.
(casi siempre, es triste decirlo,
para hacer cochinadas
sin ser reconocido).
Los sueños, puñeteros, se cumplen.
En todos los sentidos.
Ahora, la pesadilla concluye
con que ataca
la orquesta tu música
y las muchachas,
cuya belleza te estremece las piernas,
parecen no verte.
Y tú estás ahí, tarareando la letra,
solo, en el centro de la pista,
esquivando a las parejas
para que no tropiecen con una sombra que se te parece.
© Mariano Crespo Martínez
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