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jueves, 24 de enero de 2013

Manual para despedidas



                                          "Que seas feliz
                                            si puedes
                                            y mientras tanto
                                            si dices que quieres escribir
                                            escribe
                                            y no me toques los cojones"

            "Así" del poemario " Si Dios me pide un Bloody Mary"
                                           CARLOS SALEM



En las despedidas siempre hay un despedido.

Eventuales epitafios de una historia marchita
con pasaporte sellado para el país del olvido.


Las despedidas son difíciles.

A la francesa es de cobardes.

A lo "Casablanca" es para que te partan la cara
al compás de La Marsellesa.


A lo cobrador del frac de los afectos
es tan común como ruín y mala.

A por tabaco, es una cabronada.


Un escueto adiós, aunque seas ateo, parece una salida digna.

Mejor que decir, con la voz quebrada del desprecio, de nada,
sin que te digan gracias.


© Mariano Crespo Martínez







                       

Asquerosamente humano



                      "Muy cruel serás si no te dueles de esto,
                        pensando lo que en mi alma se anunciaba:
                            y si no lloras, ¿de qué llorar sueles?"
                        "Divina comedia" Infierno. Canto I.
                                    DANTE ALIGHIERI


Cuando me dijeron que el ejercicio de dios
conllevaba decidir quién era eternamente dichoso
y eternamente convicto, aún no confeso,
pensé en mi madre, que nunca creyó en más infierno
que al que uno le lastra por dentro,

y decidí renunciar al puesto.


No sé qué estomago tendrá el que lo haya aceptado.

Yo soy asquerosamente humano.



No valgo.


Desde niño me dijeron que no iba a llegar muy alto.


© Mariano Crespo Martínez






                  
                           

miércoles, 23 de enero de 2013

El prestigio




Tuve fortuna.
Uno no elije en donde nace.


En mi familia no ahorraron para comprar envidia
ni salió una oveja negra
que, a juego con el sistema, fuera competitivo o salvaje.


Tuve fortuna.
Me dejaron como herencia
que la vida ajena es, por encima de todo, respetable.
Y la propia,
inmune a la codicia,
y siempre, con humildad, cuestionable.


Tuve fortuna.
Me legaron el amor a las escaleras
la desconfianza en los ascensores.


No darse por vencido es la victoria de los perdedores.


Guardar el sitio en la fila.
No empujar, pisar, ni colarse.


Hacer de las salas de espera un hogar confortable.


Al llegar a cualquier destino
no olvidar jamás de donde se viene.


Porque, al cabo, uno es tan solo lo que es
no un títere en la función de lo que conviene.


El prestigio y la valía van por distinta calle.


Tuve fortuna
mi familia me fue pagando el entierro
para que viviera a mi aire.


Hay gente que aún no lo sabe
pero trabaja para tener una esquela muy grande.



© Mariano Crespo Mártínez








                     

La aventura en verso




Primero vadeas un río.
No te desanimes por los mosquitos de los pantanos.

Subir al Everest 10 veces sin oxígeno
y cantando
es un ejercicio alegre y sano
con el que alegrarás la vista a los monjes tibetanos.

Estar perdido cuarenta meses y dos días
en una isla del Pacífico,
durmiendo entre escorpiones,
te dará tranquilidad de ánimo.

Alimentarte de estiercol de ñu en la sabana
fortalecerá tu intestino delgado.

Poner Siberia en punto de nieve cuatro inviernos
mejorará tu dicción del eslavo.

Realizar sexo oral con hembras
de tribus caníbales
te convencerá de la importancia de ser íntegro.

Caer en paracaidas en Harlem
vestido de cofrade del viernes santo
te hará sentir un perfecto blanco.

Piensa en todo ello.

Recuérdalo cuando piensas
que leer en fin de semana
es el estigma de los olvidados.

Busca un sitio bien iluminado.

Atrévete, abre sus páginas.


Te sorprenderá que penetrar en algunos poemarios
te puede asegurar infinitas emociones.

Y es menos inquietante
que el sinvivir de la cabra en el cuartel de legionarios.


© Mariano Crespo Mártínez



                            
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martes, 22 de enero de 2013

Academia nocturna



Si no me conociste
cuando me despeñaba los sábados
y perseguía sotas de copas
con mi as de bastos,

te podría parecer extraño
que mi sombrero luzca agujeros de flechazos.


La luna terminó por echarme de su regazo

y cuando en el reloj dan las doce pierdo un zapato.



Para entender a los dioses
nada mejor que haber blasfemado.


Los que leen con los ojos secos
nunca entenderán ni la lluvia ni los versos mojados.


En las academias nocturnas
hay asignaturas que no apruebas nunca
pero nunca, nunca, has
olvidado.


En las academias nocturnas
el notable se alcanza sobreviviendo.


El sobresaliente es lograrlo intacto.


Y recuerda, hermano, no te lo dan.
Al igual que el amor negado
, has de robarlo.



Si lo has e
ntendido ladra con ronquera de vida perra.



En la ac
ademia nocturna de las 7 vidas
se duerme en los bancos y no admiten gatos.




© Mariano Crespo Mártínez






             

Mirándote a los ojos mienten los boleros




            “No cabe otra explicación, vida mía,
                   no le des más vueltas, sencillamente
            se nos subió el amor a la cabeza”

“Febrero” del poemario "Palabras para conjugar tu nombre"

                         FRANCISCO MORA

                  A don Manuel Pérez de Merlo, un caballero.


Sabes, amor, ya cumplí la edad de los boleros.

Te sienta bien el violeta ciñendo el canon de mi deseo.

Los nardos están secos en la guía de los teléfonos.

Mis años ya tienen aledaños y una melodía por día.


Me siento tan feliz en este asqueroso charco
que se me está licuando el alma y tengo rostro de sapo.


El mono desciende de mí y yo del árbol.

Soy insecto entre las flores
y por los alerones del tejado soy pájaro.

Pan caliente leo entre horas
y vino blanco.

La tarde me regala el olor de los naranjos.


Los boleros hacen lo que no siempre logran los tahúres,
mienten mirándote a los ojos.
Así que si te roban un beso no te apures,
tan solo es el comienzo de los daños
porque te van a dejar el corazón para despojos.




Sabes, amor, los boleros han cumplido mis años.




© Mariano Crespo Mártínez







                        

lunes, 21 de enero de 2013

El infierno que hallaron los buscadores del cielo




"Prefiero el jnfierno, el infierno es mi lugar preferido"
                 Geoffrey, protagonista de "Bajo el volcán"
                             MALCOLM  LOWRY

Llegué al Village con un presidente jovial llamado Jimmy Carter
y el planeta era menos globalizado pero más habitable.


Lleg al Village cuando estrenaban "Hair" en el cine
se fumaba maría con entrada de club
y vi la película con una pareja de novios
en las que ambos eran hombres.


Tom, mi amigo Tom, era uno de ellos
y moriría años más tarde
de una enfermedad que entonces no tenía nombre.
Ahora, como algunas corporaciones,
por siglas se la conoce.

Una enfermedad que asesinaría a mi hermana Elena
y a tantas flores marchitas prematuramente
que encontraron el infierno por los atajos del cielo,
en las vías de transmisión de un tren
con el maldito destino del expreso de medianoche.


Conocí a Diane Keaton y me saqué en Washington
- una capital cateta por donde da la vuelta el aire-
una fotografía sentado en el muslo de Einstein
que me tomó a regañadientes un policía negro
que custodiaba a don Alberto
o al cosmos que a sus pies
parecían cagaditas de paloma en un falso cielo.


Comprendí que fue Vietnam
paseando dos hora entre muertos por Arlington.
Vi el edificio Watergate
con los teléfonos aun pinchados
y subi a las torres del recién inaugurado
World Trade Center
sin saber que estaría en su velatorio
ni que la CIA pagó a Bin Laden.


Vi la tumba de George Armstron Custer
y la de John y Robert Kennedy.

Fumé marihuana en Central Park
y vi el Guernica que aun no había vuelto
y a unos hispanos reclamaban su regreso
proclamando el expolio
y vendiendo unas chapas:
"soy bilingüe, bicultural y orgulloso de mi raza".

Dos de cada tres de sus hijos
han colocado a un ciudadano negro en la Casa Blanca.


En el Metropolitan, y a esto viene esto que cuento,
visité una exposición de Pompeya
y me sentí bajo el volcán como Lowry.


Luego volví a Hispania, mi pueblo.
Les dije que venía de la capital del imperio.


Ahora lo extraigo del recuerdo
cuando el mundo va a cambiar de signo
y esto es un inventario
de la caída de un modelo.


Estamos bajo el volcán y aun no sé si eso es malo o bueno.


Me sube del estomago un vómito por estafa
que disimulo con los amigos
porque sé que la mirada desolada
es un lujo que los que padecemos la historia
la orden de permitirnos tenemos cancelada.


Confieso que he mirado,
con la atención de un búho de la periferia del mercado
y he procurado no ser una maleta
en este viaje con el billete prestado.


En este viaje al paraíso que resultó un fraude
y que solo lo aprendido en el trayecto ha justificado



© Mariano Crespo Mártinez