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domingo, 10 de febrero de 2013

Años




Aprendes bastantes cosas.


Algunas útiles como callar.


Otras inútiles como estar callado.


Aprendes, de acuerdo, lecciones del calendario.



No he logrado aprender a que esperarte no se me haga tan largo.




© Mariano Crespo Martínez



    




                           

La vida (un esbozo de acuarela)




Venimos al mundo con un zurcido y nos vamos con un roto.


Nunca es grato recordar a qun nos abrió los ojos
- la inocencia es un prado verde a la sombra de un álamo-
e inquieta la intuición del candidato a cerrarlos.


Una mirada rica como un plato repleto de fruta madura y fresca.
El reposo entre el espanto.
La vida es este descoserse y hacerse jirones.
Mientras tanto.


© Mariano Crespo Martínez








                                
                                

sábado, 9 de febrero de 2013

Contrapesos para la imperante tristeza del imperio del tedio




No es cierto que entre los derechos humanos
se encuentre la trascendencia.


Tampoco es vedad que cada niño venga
al mundo con un pan bajo el brazo.


La bondad es de memoria efímera
frente al elefante recuerdo del agravio.


La frágil belleza propende a los añicos
como el candor cuando la pasión colorea los labios.


Causa pena el que nuestro empeño
en conquistar lo sublime sea tarea vana.


Los días en que me someto al desaliento
no son admitidos en una semana noble.


Días en que espero que me redima la noche
y cuando cae la tarde retorna la mañana.


Existe la posibilidad de que no fuéramos inscritos
en tiempo y forma en el libro de los sueños.


Que nuestros pesares sean merecidos
porque pertenecemos a la estirpe de los malditos.


Y como la noria regresemos enfebrecidos
siempre, por siempre, al mismo sitio.


Hemos aprendido la diferencia entre ganar y no perder.
Poco más hemos aprendido


Pienso en la torre de un campanario sin campana.
Pienso en quién nos robó el nido.

Puede que la vida sea en esencia un sinsentido.


En días como hoy mi balanza necesita contrapeso.
Algo así como tu mirada o el mapa de la palma de tu mano
ofreciendo al vientre un viaje al Sur inesperado.


Algo así como la Capilla Sixtina miguelangelándome el techo


Algo poco sobrio y, por ello, necesario,
como que Bill Evans lleve al delirio al enjuto mueble del piano.


Y que salga el sol por la quimera.


O algo así.


Como si la risa riera.


O me respondieras sí
a la pregunta que jamás te hiciera,


© Mariano Crespo Martínez






                         

viernes, 8 de febrero de 2013

Como un ensayo



No creo que sea una racha.
Van muriendo los amigos cercanos.
El reloj biológico está dejando hueco en la foto de mis afectos.
Soy coetáneo de los muertos.
Podría retomar una tertulia en el cementerio.


Y da un poco de vértigo
porque cada despedida se va pareciendo a un ensayo.

Y da como un frío de entretiempo,




© Mariano Crespo Martínez







                             

jueves, 7 de febrero de 2013

Esa patria roja



"Sueño y trabajo nos costó saberlo:
ternura es patrimonio de los rojos.

Pero los rojos, Claudia,
en estas noches bárbaras,
sólo somos tú y yo."

"Epigrama"

JAVIER EGEA

Cierto es que viajamos con diligencia
hacia un lugar llamado pereza.


Cierto es que no llegaban a una centena
los buenos libros que habíamos leído
y habíamos aprendido a carraspear
y decir contexto.


Más cierto es que nos bebimos todas las madrugadas
y por eso hablamos con autoridad
si escupimos vinagre cuando el sol es de garrafa.

No se puede negar que nos besaron
menos veces de las que recuerdan
nuestros embusteros labios.


Y que abrimos mas la bragueta
en los urinarios públicos
que en las alcobas de las damas.


Nos acusan de que tuvimos conversaciones en verso
y tengo que reconocer que la rima fue nuestra jerga.


Nos amamos de esa manera masculina,
cuando jóvenes, sin apenas rozarnos.


Pero aun lloro de risa
cuando recuerdo nuestra amistad de color juerga.

Cierto es que viajamos con diligencia hacia un lugar llamado pereza.

© Mariano Crespo Martínez





                      

                                            

miércoles, 6 de febrero de 2013

Hipótesis de Reencarnación




Si en la reencarnación supiera creer
con tal energía que la reencarnación cierta hiciese,
gustaría de nacer mujer
si la reencarnación, claro, supiese.


Acaso por ver la vida
del otro lado de los diálogos de su novela
en donde se escribe: dijo ella.


Y siendo mujer
quisiera ser maestra.

Me llamaría, claro está, reEncarna.


Y si vivir celibe no escogiera,
estaría casada con un arquitecto.
Con alguien que hiciera cosas prácticas,
para compensar, como apuntaría Freud.
mi sentido de culpa por una vida yerma pasada.



Creo que sería madre.

Creo no sería ni virgen, ni alférez ni monja.
No es de mi gusto,
sea cual sean mi género,
pertenecer a una secta.


Hay oficios y cosas que abomino
hasta salirme granitos en la memoria.


No querría ser percha ni regla
ni cerámica de aparador Recuerdo de Noja.


Aunque tal vez, si objeto fuera,
gustaría ser un taxi

con licencia válida para todo el planeta,
y ayudar a quien lo hubiera descubierto
a encontrar lo que más desea.


Y un día, un viernes como otro cualquiera,
 pasara a mi vera una dalia y se subiera.
Y sin decir esta corola es mía

te reconociera.
Que eras tú no dudara un instante,
y en un instante te redescubriera.



Ese minuto de estar en vilo
 hasta que me brotasen del recuerdo a la boca
las palabras:
pétalo, estambre, pistilo...

En fin, desde otra vida, la misma primavera.




© Mariano Crespo Martínez




                        

martes, 5 de febrero de 2013

Notas para un manual de Óptica (I)



No he estado entre las opciones preferentes
de las mujeres con mucha vista.
La hipermetropía del éxito.
Nunca hice el amor más arriba de un piso séptimo.

Quiero decir que no soy muy partidario de ellas
y un mal partido.

Si el amor no fuera ciego sin título
de ciego, creo que hubiera estado más solo
y tal vez fuera un viejo huraño.

Un niño herido.


Mi abuelo fue un hombre feliz
al que siempre engañaron los gitanos
cuando cambiaba la borrica.

Nunca fue un entendido.

En el pueblo decían que no tenía ojo para el ganado
pero nunca dimos tierra a una burra.

Mi abuelo miraba el alma no la dentadura,

En el pueblo todas las mujeres tenían ojo para los hombres.

Ninguno se ha fugado con una rusa.

Ninguno valdría para cura.

Las mujeres del pueblo miraban el trabajo
y que el sudor de la faena las pusiera húmedas.

Las mujeres del pueblo volaban al ras del suelo.


La vida me dotó de buena vista para la navegación.

He oteado los naufragios,
como casi todos los que cuentan penas
en las tabernas del puerto.

Me faltó el instante de prudencia
para no invitar a la última ronda a las sirenas.

Tengo buena vista para las salidas de emergencia
por eso sigo vivo.


Me ha gustado la farsa y la magia,
la que improvisa la luz tenue de la luna,
los candiles fundidos de la noche.
No he cantado con la tuna
pero, como todo bohemio,
hice de la necesidad derroche.


Siempre te calan las tormentas anunciadas.
No haría falta decirte
que tienes necesidad de calarte, por eso te empapas.


La precaución es una mujer que no bebe y siempre anda borracha.


Todo funciona en la vida mientras no leas el manual de instrucciones.


Hasta que conoces a los impostores de oficio

la impostura es seductora como las mujeres miopes.

La vista se educa en los colegios de pago.
Colegios que en los que en clase de lengua enseñan a guardar silencio.
En el taller de Justicia rezan oraciones.
En la hora del recreo intercambian los teléfonos.


Si hay un ciego en los barrios ricos es porque vende cupones.

Las ventanas de las Oficinas de Empleo
están en los pisos bajos para ofrecer como, nubes sin cielo,
la calle, los bancos públicos, las alcantarillas y las cacas de perro.


Jamás vi un comedor de caridad en el ático de los rascacielos.


© Mariano Crespo Martínez