Qué habrá sido de las mujeres que esperaban a un fugado en los apeaderos.
Aquellos ojos perdidos en la nada multiplicada por cero.
A alguna invité a orujo de madrugada - mientras fregaban para abrir o cerrar la posada- y constaté, con sorpresa, que no había pulso pero respiraban.
Qué habrá sido de los somnolientos mesoneros que me servían vino de la tierra con una generosa ración de corazones rotos por casposos viajantes de comercio o guerreros de reemplazo sin amor, sin medallas, y sin guerra.
Qué habrá sido de aquel chaval, alto como un chopo y de ojos glaucos, que creía que envejecían los robles y los otros.
No recuerdo su nombre. En una aldea de Cuenca decían que era hijo de Ascensión y de Mariano.
"Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio".
De una canción de JOAN MANUEL SERRAT
Un hombre que viste de impoluto blanco, y habla dios cuando su boca habla está preparado para todo.
Un hombre no está preparado para nada lo estuvo para todo cuando era niño, cuando fue libro blanco, labrada tierra en espera de semillas.
Cuando yo fui una piscifactoría sin peces estaba preparado para creer en un dios uno y trino, en una infinidad de dioses, una posibilidad de Olimpo.
Pasarían años hasta llegar al altar de una diosa razón con tetas llenas de libros como leche.
Un niño no está preparado para ser un descreído.
Come mentiras con chocolate y mata a los indios con la energía del general Custer.
Un hombre no está preparado para ser piscifactoría sin peces, sobre todo si todos los que pescó fueron una fábula para satisfacer su ego y ser pescador como San Pedro.
Un hombre no está preparado nunca para conocer no una sino LA verdad.
No que su vida es una mentira -eso lo admite cualquiera menos un mentiroso compulsivo- sino que la gente que amaba, sus amigos, sus confidentes, tal vez su amante, su secretario, y hasta el socorrido mayordomo, le engañaron miserablemente.
El hombre, vencido, humillado, que acepta que no es San Pedro. quizá se pusiere a rezar como si pudiere creer en peces.
O a pescar a dios con un viento de poniente.
Un hombre no está preparado para las verdades tras edificar su vida sobre La Verdad, ese cimiento improbable.
Hay mujeres a las que debería haber deseado un tanto menos y amado una pizca más.
En noches de alcohol y penitencia por los no culminados pecados, alguna me ha dejado caer el reproche con un rencor de mirada mate, curiosamente por lo contrario.
Las lecciones diurnas que aprendes de noche.
No confundirte con lanecesidad ajena es algo que aprendes cuando no tiene remedio y no merece la pena.
Si yo no fuera el que soy y el dolor ajeno no hiciese propio con avaricia de género.
Si pudiera abstraerme de esa abundancia de lágrimas cuya humedad me entumece palabras y huesos.
Si pudiere tener una agenda con cumpleaños y fiestas, sin hospitales ni manifestaciones, con salidas de compras y no a venderme a bajo precio por escasos elogios y euros.
Si yo no fuera el que soy. Mejor, si la realidad no fuera tan trasto y tan triste.
Quizá, entonces...
Cuánto más apacible sería mi vida si la gente no se arrojase a la nada por los balcones, o se quemase a lo bonzo con el carné de la desesperación al corriente de cuota.
Si yo no fuera el que soy, siento pavor hasta pensar en lo que podría hacer arrastrado por esta rabia que, por ser tan solo un testigo que escribe, no se permite la irracional ira de los dioses y aspira a la misericordia de los buenos hombres.