Continúa la batalla después de perdida la guerra del derecho a la intimidad contra la tecnología a base de prohibiciones con la legislación por neutral y falsa moneda.
Ahora el grito (el último grito) está puesto en el cielo contra las gafas que graban.
Cuando se legisle adecuadamente para que no se vendan ya habrá lentillas que además de grabarte te estén dando de estreno en los cines y las comisarías.
El problema es que no nos queremos enterar de que hemos perdido una guerra y que la cosa está entre ganar con la cabeza o empezar a perder otra guerra nueva.
Lean a George Orwell. Me conforme con que lean. Lean lo que quieran. No está prohibido leer en teoría, pero, en lo concreto, llaman cambio de hábitos a lo que se prohíbe sin decreto.
Cuando suena Charlie Parker mi madre hace gachas con la harina de almorta y las divide en hileras de caballitos para papá, mamá, el abuelo Pablo, la abuela Elena y mi niño.
Cuando suena Charlie Parker un adolescente se afeita un desordenado cañizal que le surge por encima del humedal sin estrenar y sin barro en donde le sonrojará un día un furtivo beso y escucha: Marianín qué haces tanto rato en el baño.
Cuando suena Charlie Parker dejo de ser el hombre que en una misma primavera quedó dos veces huérfano y enterró con tanto dolor su propio corazón por poderes como aquella vez que le mandaron arrojar vivos aquellos gatitos, solo ojos, al turbio Río Duero.
Cuando sueña Charlie Parker a mí me viene el sueño y luego quedo en el sueño y, de últimas, me vence el sueño y me duermo.