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viernes, 5 de abril de 2013

MCM



Ensimismado ante mis siglas, mi siglo y sus años
constato que soy mil novecientos en números romanos.


Secular, con pocas luces y mucha barbarie,
con sus cloacas y su quosque tandem,
con sus gladiadores y sus ciudadanos,
con sus suspensos en el tan citado Derecho.


Haber tenido un imperio
no es una común manera de estar en ruinas.


Si leyéramos a los antepasados
sabríamos quién abre la puerta a los bárbaros.


Las culturas se derrotan de hastío

cuando la ética no provoca entusiasmo.



No puedo quejarme del trato de la vida
pero no quiero detenerme ante el retrato.



Los escultores saben que el canon no son los modelos
y que la belleza no siempre se le extirpa a la piedra
o encuentra, qué crueldad, una mirada analfabeta.




© Mariano Crespo Martínez



                    

Jugar con el verbo



Te buscaba,
te buscabas,
te buscaba.


Con un pasado tan imperfecto
y encuentro mi presente continuo, contigo,
y presiento el futuro y el pasado
a solas, en la mañana
encapotada de azul cala.



Ahora ocupo menos tiempo
conjugando con jugo
en
los verbos.

El verbo se hizo carne,
en el Evangelio
según San Juan y en mi casa
y en mi ventana
y en mi calle
.



© Mariano Crespo Martínez





                             
                                 

jueves, 4 de abril de 2013

Abril 2013



Emboscado bajo el violento cielo primaveral
de un abril de lágrima fácil, convoco a mis fuerzas
vivas para que no se rindan ni se mueran.


Hay una impertinencia de rosales encendidos que esperan.


La dignidad no está en venta,
no se alquila la libertad para edificar urbanizaciones
con vistas al Mar Muerto.


Si nos han declarado la guerra
apelo a la paciencia de declarar una paz itinerante
con correos de palomas mensajeras.


No me hagan del Gran Capitán,
ni cuentas, ni cuentos.


No se me pierdan por Úbeda.
Por esos cerros.


No ignoro que han puesto detectores de libros
en los aeropuertos
.
Y que el título del forro no despista a los perros.

© Mariano Crespo Martínez







                            

Retoños



En marzo nació uno de mis hijos
en abril el otro.


Esa grata tarea de llenar de flores los paritorios.


© Mariano Crespo Martínez



                  

                                        

miércoles, 3 de abril de 2013

El espía alado de Olmedilla



Aunque hace años que falta mi madre
no me resigno a que el pájaro no tenga trabajo.


Ese ave chivata que,
desde mi infancia,
la contaba todo lo que pienso y callo y hago o no hago.


© Mariano Crespo Martínez







                               
                                

martes, 2 de abril de 2013

Estirpe de Caín




Aunque tuve hermanas y no hermano,
he pasado las de Caín
pese a llamarme Mariano.


Cuando encuentran una quijada me acusan de asesinato.


Sea Kennedy, Luther King o un Papa de Cónclave equivocado.


Desde el Alfa a la Omega.
Desde el Génesis hasta el Apocalipsis
me he pasado la vida huyendo de alguien, de algo.


Soy el mayordomo,
el negro, el gitano, el chicano,
el paria terrenal,
el indocumentado,
el mirlo blanco,
el que está en donde no conviene y fuera de horario.


El correo culero de cebo
para llevar la mercancía a otro destino.
El señuelo.


Culpabilidad de infancia fugitiva
y olvidada en el templo,
confieso sin evasiva
en el diván del austriaco.


Que sea inocente
no cuenta para los prófugos y hasta da pudor declararlo.


© Mariano Crespo Martínez






                             
                              

lunes, 1 de abril de 2013

Retorno a Procedo


No tiro la toalla.

Rindo cuentas.

Pido habitación en posadas de silencio.
Tomo mis dosis de trenes.

Aguardo con paciencia
las tangentes
mágicas sobre tu pelo.

Soy un hombre con prudencia
pero de caminos imprudentes.

Los senderos largos del lobo en celo.

La documentación en regla.

El látex de los deseos.

A las tantas me desvelo
y comienzo un verso.

Vivo a tres pasos del paraiso
en un lugar incierto.


Con la querencia del que vuelve a Procedo.
La patria inventada de los que no tienen pueblo.


Errante como un caballero.
Como un monje, silente.


Procedo de la hoguera.
De las cenizas vengo.
No necesito palabras para encender un sentimiento o un fuego.


© Mariano Crespo Martínez