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sábado, 4 de mayo de 2013

Los lugares que se empeñan en visitarme



Harto estoy,
estoy harto
de no tener billete
comprado para lugares
que, en sueños,
se empeñan en visitarme.


Espérame en Venecia
paseo la fiebre de Stendhal
y Marco Polo porta la maleta.
Soy el mercader y tú la especia
de las flores del mal
en el árbol de la ciencia.


Cubren tu tronco desnudo
unos tirantes de seda
y en medio de los montes
dos botones de azucenas.
Quisiera escribir con tiza
sobre la piedra
de la catedral de Florencia
que no hay más dios que tu aliento
y tu cuerpo su profeta.

En el prado de Hopper
que robamos verde al museo
haré un sencillo lecho
con los tallos secos del centeno
para que repose tu sangre
los efectos del veneno
que dona labios a tus besos.


En la sala de espera del embarcadero
tengo el número uno
para regresar
desde cero.




© Mariano Crespo Martínez



                      

viernes, 3 de mayo de 2013

Un país triste con capital en Lepe



Tan Castellanos.
Tan Místicos.
Tan Épicos.
Tan Tristes.




Por qué el humor no tiene prestigio en la lírica.


© Mariano Crespo Martínez
 






                                     

jueves, 2 de mayo de 2013

Visceralmente razonables





El hombre, en su versión más aceptable,
semeja un rehén en la partida entre la razón y los dioses.

Somos tan improbables
que retirar el pasaporte a la magia
quizá fue una decisión precipitada.

Los siglos de las luces dejan enormes sombras.

Hemos errado en muchas direcciones.
Detenerse no es una opción
pues somos la huida de una derrota segura.

El asunto es indagar en otros lugares
o repasar los instantes
en que se nos escaparon los pequeños detalles.

En nombre del hombre,
como en divinas lealtades,
el factor humano devino en una rémora.


¿Habrá llegado la hora
en que los hijos enseñen a leer a los padres?


© Mariano Crespo Martínez 


                    

                                   

Identidad



No son los que piensan como yo.
Ni familiares.
Ni vecinos.
Ni compatriotas.
Ni altos, ni bajos,
ni tontos ni vivos,
ni machos
ni con eterno femenino.


¿Quiénes son los míos?


Aquellos que conocen mi retrato y no la caricatura.
Los que saben lo que me la trae floja
y lo que me la pone dura.
Los que me escuchan y no hablan de oído.
Los que además de darme
cera me sujetan la vela
y beben en el vaso donde yo he bebido.


Son singulares, escasos, diminutamente gigantes.


Los que me convierten el grito en murmullo.
Tan insolentemente leales.
Tan traidores como fieles.


Los que, en el amparo de su corazón, soy suyo.


Los que distinguen a mi esqueleto de mi pelele.


Los que podrían daño dolerme
porque se atrevieron a mirar donde duele.


© Mariano Crespo Martínez





                    

Esencial


No desea una mujer que un hombre
sea en la pasión
breve.


Conciso, claro, directo,
en la expresión de un sentimiento,
conviene.


En dos palabras, te quiero.


En una, amor.



Y no es leve.


Un copo no es poco. En esencia es toda la nieve.


© Mariano Crespo Martínez






                                
                               

Prevención



Transito cruces de caminos
en los que me inquieto.


Cuando mi pensamiento confluye
con el de intereses inconfesables,
os lo confieso,
me enroco, me pongo a resguardo, me parapeto.


Los parajes minados semejan oasis
y, salvo su atractivo, no hay indicios de veto.



© Mariano Crespo Martínez




                      
                              
                              

miércoles, 1 de mayo de 2013

Brújula


El mundo se divide en géneros
pero no es mi división, es mi suma.


El mundo se mide en niveles de inteligencia,
pero tampoco es mi medida, es vanidad epicúrea.


El mundo tiene ricos y pobres,
pero va contra natura.


Mi mundo tiene malas y buenas personas.
Y el canon es la belleza,
pura, pura, pura.


En hermandad, os digo,
que llegará el día
en que la bondad sea la métrica de la hermosura.



© Mariano Crespo Martínez