Llegará el día en que me dejaré llevar, en un vetusto Cadillac, por el boulevard de tus deseos.
A las 33 revoluciones deJudas, por traidoras monedas, sonará el lamento de Charlie Parker, con el saxo asfixiado por el humo del tugurio de los desamparados, esquina a la esquina de mi calle.
En ese otoño de nupcias te daré un beso a escondidas de mis amigos, que contarán hasta cincuenta antes de salir a buscarnos ese paraíso perdido por los piratas proscritos y la descalza Cenicienta.
Te cubrirás con un vestido ceñido de alba y yo luciré mi traje de los domingos condecorado con su pajarita roja y sus leves copos de nieve blanca.
Acostumbrado a cobijarme en la duda, de la chistera extraeré un sombrero, y otro más bello y otro menos serio.. Todos ellos tan perplejos como huecos. Pocas veces acuden en mi ayuda el clavo ardiendo y los conejos
Pero en esta fiesta han dejado de ser extraños mi hambre antigua y tus renovadas ganas tus uñas afiladas y mi desprevenida espalda
Tengo ya en el recuerdo esa mañana prevista por los astrólogos en un cálculo impaciente para dentro de varios años y una o dos semanas.
Conjunción astral de mi ascendente Piscis con las más revoltosas de tus hormonas.
Debe de existir una manera estándar de vivir. Debe de haber un modo ferrocarril de caminar como un tren que jamás descarrilara. Debe. Lo sospecho. Es más, tengo la certeza
Sucede que creo que yo ya nací en la cuneta o no leí el manual de instrucciones, por mi dichosa pereza.
La bohemia, por naturaleza, prescinde de vacaciones.
Voy a intentar explicarme. Decir que luz se enciende cuando a media oscuridad recitas un poema y el silencio invade la muralla de la distancia propia, neutral y ajena.
Esa humedad en los labios secos. Esa brisa aliento que besa. Esa detención del tiempo. Esa ingravidez que pesa en mitad de los huevos.
Tener doce razones para morir, para resucitar, una docena.
El portavoz de silencios acuña monedas, palabras, sin valor, sin contenido, como un llanto sin emoción que respalde con sal las lágrimas.
El portavoz de silencios, es el muro de las lamentaciones el freno de la ira la otra mejilla, la otra lengua, el rostro que encubre al culpable.
El portavoz de silencios es la marioneta con rostro amable que hace opaco al ventrílocuo le eclipsa, le cubre la retirada, le suplanta, entretiene y nos distrae.
No me mortifica la edad. Soy más joven que los muertos. Sí me hace mella un lugar sin geografía que no tiene dígito concreto y no se llama, joven ni maduro ni viejo.
Hay una edad en la procesión en que,, como en las pistas de despegue, se te indica que ya no hay camino de retorno.
Si la has cruzado sabes de qué taquicardia crónica hablo cuando callo.