En Nueva York conocí a un madrileño que me confesó, en una cena con neoyorquinos, que lo que más le gustaba de Madrid era el puerto. Alabé su gusto y brindé a su salud, -con vino madrileño de Logroño, California, o Burdeos- bendiciendo que, en la capital de una civilización, uno podía inventarse una biografía y hasta diseñar su ciudad de nacimiento. Eran otros y hermosos tiempos en donde perderse, reinventarse, era una posibilidad, no un sueño. Hay noches en que se me aparece la línea del cielo del Parque del Oeste con el Mediterráneo detrás, sereno.© Mariano Crespo Martínez VIDEO
"C onozco la fuerza de las palabras, conozco el rebato de las palabras". Vladimir MAIAKOVSKI Si yo pudiera escribir un poema en ruso. Idiota como un príncipe idiota, juguetón como un ludópata. Si yo pudiera tener un abrigo. Si yo pudiera, si supiera, ay, besar tibio a la estepa usando una lengua tan tajante que crees que insulta cuando besa. Si yo supiera el rebato de las palabras. Si yo conociera su fuerza como Maiakovski cuando abofeteaba. Si yo tuviera certeza de que el Transiberiano me deja cerca de tu puerta aprendería a decir en ruso ese verso que me tatuase en tu mirada. © Mariano Crespo Martínez VIDEO
Décadas dediqué a domesticar la pausa de lucidez que desactiva el arrebato. Ahora me reprochan que soy menos espontaneo. © Mariano Crespo Martínez VIDEO
Durante mis años mozos,
antes de la invención del abono-transporte, no estaba a mi alcance escapar con asiduidad del barrio del caos en el que fijé mi residencia en la tierra de nadie. Rescato para el presente efímero ese amasijo de pasiones sin horario con el propósito de presentarles a un poeta que vivía en México y fue mi guía de destierros hasta el día de mi temprana primera muerte y de su doloroso entierro. La historia diminuta de dos vencidos con un mar por medio. León Felipe me hizo escribir mis primeros versos. El poeta que huyó del sapo Iscariote, el caballero andante que no tenía casa solariega y blasonada, el paria que ni siquiera tenía una capa, me relató, como nadie, la lástima. Por él llegué a Alonso Quijano y entendí a Cervantes con su cara de funcionario preso, y el brazo sano de genio. Por él me hice romero. Supe, por él, por sus poemarios, que dios vive lejos del templo y, apostando por el respeto a los muertos, deseché la burda idea de ser sepulturero o de rezar como el sacristán viejos los rezos. Mi vida limitaba al norte con un poeta viejo, sordo y feo. Han pasado bastantes libros por mis manos pero, aun hoy, tengo depositada en el sabio zamorano, la desconcertante fe del ateo.© Mariano Crespo Martínez VIDEO
Solo a un necio le puede interesar conocer en que puntal cardinal se encuentra cuando se extravía. Sabido que los piratas no usan cuaderno de Bitácora, tan solo loro, parche, ron, y madera en una de las tres patas.
La brújula para los perdidos es sólo una verificación de destino, la bajada del guardabarrera estando ya en la vía a la hora maldita en la que el tren trae cara de pocos amigos. El certificado de víctima de la notaría. Cuántos comodines me quedan para no llegar tan pronto al páramo del frío. Quedan 33 latidos para el invierno. Ir de farol con brújula es como viajar al infierno con la compañía de un hisopo y un exorcista. De qué sirve en un sitio sin ascensores tener por único cómplice al ascensorista. El destino es una apuesta en los boletos de transporte. Mienten quienes aseguran que ganando el Sur, pierdes el Norte. La historia, ay, la suelen escribir
esos cretinos previsores
que la tienen prevista. A veces, llega, asegura mi vecina de asiento en la escoba. Qué turbador resulta el amor de una bruja. Es más segura la garrafa de ron que alguna pócima. © Mariano Crespo Martínez VIDEO
Los vicios sencillos están más arraigados. Por quién dejarías de beber agua clara.Por qué de esnifar aire limpio. Las cosas primarias, ay, a las que somos adictos.© Mariano Crespo Martínez VIDEO
No falseo la moneda de la verdad cuando digo en ocasiones que beso en catalán, describo a los nazis en hebreo, blasfemo en latín y maldigo en arameo. Requiebro en francés de la vendimia, canto en un inglés necesitado de subtítulos y miro en italiano cuando poso el ojo en lo prohibido. Conozco que Carlos V daba órdenes en francés a la señoras, en alemán a la milicia y a dios, en castellano. No sé llega emperador, por gracia divina, para pronunciar su nombre en vano. El castellano es la lengua en que mi madre me desveló el lenguaje. Es mi patria y mi bandera. El arte en la pluma de García Márquez,
Cortázar, Neruda, Lorca, Quevedo,
Galdós, los Machado y Miguel Hernández.
Yo quiero y no puedo
pero es mi cómplice de este viaje.
Lo utilizo para echar las redes del enredo
y sacar a navegar mi fantasía
pero no para imponer
un concepto, una costumbre, una idea. Como el mismísimo amor,
es universal y sin aduanas esta lengua vuestra y mía.
Y si no que venga Cervantes y lo vea.
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