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sábado, 1 de junio de 2013

Sky line




En Nueva York conocí a un madrileño

que me confesó, en una cena con neoyorquinos,


que lo que más le gustaba de Madrid era el puerto. 



Alabé su gusto

y brindé a su salud,

-con vino madrileño de Logroño,

California, o Burdeos-

bendiciendo que, en la capital de una civilización,

uno podía inventarse una biografía

y hasta diseñar su ciudad de nacimiento.


Eran otros y hermosos tiempos

en donde perderse,

reinventarse,

era una posibilidad, no un sueño.


Hay noches en que se me aparece

la línea del cielo

del Parque del Oeste

con el Mediterráneo detrás, sereno.



© Mariano Crespo Martínez






                    

Como Maiakovski




                                      "Conozco la fuerza de las palabras,                                         conozco el rebato de las palabras".                                                                         Vladimir MAIAKOVSKI



Si yo pudiera

escribir un poema en ruso.

Idiota como un príncipe idiota,

juguetón como un ludópata.


Si yo pudiera

tener un abrigo.


Si yo pudiera,

si supiera, ay, besar tibio a la estepa

usando una lengua tan tajante

que crees que insulta cuando besa.



Si yo supiera

el rebato de las palabras.

Si yo conociera su fuerza

como Maiakovski

cuando abofeteaba.



Si yo tuviera certeza

de que el Transiberiano me deja cerca de tu puerta

aprendería a decir en ruso

ese verso que me tatuase en tu mirada.




© Mariano Crespo Martínez






                    

viernes, 31 de mayo de 2013

Pausa




Décadas dediqué a domesticar

la pausa de lucidez que desactiva el arrebato. 


Ahora me reprochan que soy menos espontaneo.
 



© Mariano Crespo Martínez







                          

La desconcertante fe del ateo




Durante mis años mozos,


antes de la invención del abono-transporte,

no estaba a mi alcance

escapar con asiduidad 


del barrio del caos en el que fijé mi residencia

en la tierra de nadie.


Rescato para el presente efímero

ese amasijo de pasiones sin horario

con el propósito de presentarles

a un poeta que vivía en México

y fue mi guía de destierros

hasta el día de mi temprana primera muerte

y de su doloroso entierro.


La historia diminuta

de dos vencidos con un mar por medio.


León Felipe me hizo escribir mis primeros versos.


El poeta que huyó del sapo Iscariote,

el caballero andante

que no tenía casa solariega y blasonada,

el paria que ni siquiera tenía una capa,

me relató, como nadie, la lástima.


Por él llegué a Alonso Quijano

y entendí a Cervantes

con su cara de funcionario preso,

y el brazo sano de genio.


Por él me hice romero.


Supe, por él, por sus poemarios,

que dios vive lejos del templo

y, apostando por el respeto a los muertos,

deseché la burda idea de ser sepulturero

o de rezar como el sacristán viejos los rezos.


Mi vida limitaba al norte con un poeta viejo, sordo y feo.


Han pasado bastantes libros por mis manos

pero, aun hoy, tengo depositada

en el sabio zamorano, la desconcertante fe del ateo.



© Mariano Crespo Martínez






                              
      

jueves, 30 de mayo de 2013

Ganar el Sur no es perder el Norte



Solo a un necio le puede interesar


conocer en que puntal cardinal 


se encuentra


cuando se extravía.


Sabido que los piratas

no usan cuaderno de Bitácora,

tan solo loro, parche, ron,

y madera en una de las tres patas.




La brújula para los perdidos

es sólo una verificación de destino,

la bajada del guardabarrera estando ya en la vía

a la hora maldita

en la que el tren trae cara de pocos amigos.



El certificado de víctima de la notaría.



Cuántos comodines me quedan

para no llegar tan pronto al páramo del frío.

Quedan 33 latidos para el invierno.



Ir de farol con brújula

es como viajar al infierno

con la compañía

de un hisopo y un exorcista.

De qué sirve en un sitio sin ascensores

tener por único cómplice

al ascensorista.



El destino es una apuesta en los boletos de transporte.


Mienten quienes aseguran

que ganando el Sur, pierdes el Norte.




La historia, ay, la suelen escribir


esos cretinos previsores


que la tienen prevista.



A veces, llega,

asegura

mi vecina de asiento en la escoba.


Qué turbador resulta el amor de una bruja.


Es más segura la garrafa de ron que alguna pócima.

© Mariano Crespo Martínez







                   

                    

miércoles, 29 de mayo de 2013

Adicciones sin terapia




Los vicios sencillos están más arraigados.


Por quién dejarías de beber agua clara.

Por qué de esnifar aire limpio. 


Las cosas primarias, ay, a las que somos adictos.





© Mariano Crespo Martínez





                            

                     

martes, 28 de mayo de 2013

La lengua en la que tengo morada




No falseo la moneda de la verdad

cuando digo en ocasiones


que beso en catalán,


describo a los nazis en hebreo,

 
blasfemo en latín

 y maldigo en arameo.



Requiebro en francés

de la vendimia,

canto en un inglés

necesitado de subtítulos

y miro en italiano

cuando poso el ojo en lo prohibido.



Conozco que Carlos V daba órdenes

en francés a la señoras,

en alemán a la milicia

y a dios, en castellano.

No sé llega emperador,

por gracia divina,

para pronunciar su nombre en vano.


El castellano es la lengua

en que mi madre me desveló el lenguaje.

Es mi patria y mi bandera.


El arte en la pluma de García Márquez,


Cortázar, Neruda, Lorca, Quevedo,


Galdós, los Machado y Miguel Hernández.


Yo quiero y no puedo

pero es mi cómplice de este viaje.


Lo utilizo para echar las redes del enredo

y sacar a navegar mi fantasía

pero no para imponer

un concepto, una costumbre, una idea.


Como el mismísimo amor,


es universal y sin aduanas esta lengua vuestra y mía.

Y si no que venga Cervantes y lo vea.




© Mariano Crespo Martínez