Cómo me gustan las mujeres.
Que tengan la inteligencia
sin vértigo
a la altura de la autoestima.
Luego, como a todos,
que cuando me tarareen besos al oído
se me pongan las orejas como pupilas.
Y, por encima de todo,
que me siga mirando con esa piedad
que para los pájaros cultiva
en los humedales verdes de sus ojos.
© Mariano Crespo Martínez
Todo lo bueno me sucede
al sur de tu pelo.
Todo lo bueno
para mí
es malo para el hielo.
© Mariano Crespo Martínez
A mi amigo, Miguel
Nuñez, que derrotó a la tortura
La gran desventaja
de mi carencia de fe
es la renuncia expresa
a reencontrarme con mis amadostras la sobremesa
de la última cena.
El privilegio
es descartar encontrarme con ellos
en el infierno.
.
En el Guantánamo eterno.
No obstante, hay algo mas inmundo
e insufrible que el designio
ajeno de ser un torturado.
Obtener la plaza eterna voluntaria de verdugo.
© Mariano Crespo Martínez
Nunca es un territorio clandestino,
en donde hasta los secretos
están prohibidos,
desvelados, consentidos,
expuestos,
tasados,
exentos de impuestos.
En Nunca no te empadronas
y lo negarás tres veces
mientras te declaras inocente.
Nunca consume drogas.
En Nunca follaba Edipo y no en Tebas.
Nunca blasfema y escupe al cielo.
Nunca jura en falso.
Nunca es un delator.
Nunca se mofa de exorcistas y fiscales.
Nunca mata a Abel.
Nunca roba a los ciegos
Nunca es adulterio en luna de miel.
Nunca saca un revólver
con la bandera blanca en la mano.
Nunca no viene de cara.
Nunca es jabón caido en las duchas.
Nunca va a Urgencias con el calzoncillo manchado.
Nunca acabaré un poema con la palabra chimichurri.
© Mariano Crespo Martínez
Descartada París
y las cigüeñas exentas
digamos que la polinización
de los agujeros negros
y la Vía Lactea
en el Monte de Venus
más la rotación
cada 28 días
de los ovarios
sin dejar de atribuir méritos
a la noches locas
por la cara oculta de sus senos
y su sagrario
más la luna
en la casa de Acuario
sumados al efecto placebo
de Pink Floyd
sobre los teóricos
cuando están ebrios.
Entonces,
no sé si me sigues,
ya te digo
que
por una centesimal probabilidad
en la ruleta del juego,
entre un guisante verde liso
el alfa y la omega
el limbo cerrado
equis y equis
equis e y griega
ella lo guisa
yo me lo como
de la chistera
saco futuro
y ahí estaba él
vulnerable
y protegido
sobre su madre
con el sexo herido.
Una criatura,
una conjetura
a la que di mi apellido.
© Mariano Crespo Martínez
En Nueva York conocí a un madrileño
que me confesó, en una cena con neoyorquinos,
que lo que más le gustaba de Madrid era el puerto.
Alabé su gusto
y brindé a su salud,
-con vino madrileño de Logroño,
California, o Burdeos-
bendiciendo que, en la capital de una civilización,
uno podía inventarse una biografía
y hasta diseñar su ciudad de nacimiento.
Eran otros y hermosos tiempos
en donde perderse,
reinventarse,
era una posibilidad, no un sueño.
Hay noches en que se me aparece
la línea del cielo
del Parque del Oeste
con el Mediterráneo detrás, sereno.
© Mariano Crespo Martínez
"Conozco la fuerza de las palabras, conozco el rebato de las palabras". Vladimir MAIAKOVSKI
Si yo pudiera
escribir un poema en ruso.
Idiota como un príncipe idiota,
juguetón como un ludópata.
Si yo pudiera
tener un abrigo.
Si yo pudiera,
si supiera, ay, besar tibio a la estepa
usando una lengua tan tajante
que crees que insulta cuando besa.
Si yo supiera
el rebato de las palabras.
Si yo conociera su fuerza
como Maiakovski
cuando abofeteaba.
Si yo tuviera certeza
de que el Transiberiano me deja cerca de tu puerta
aprendería a decir en ruso
ese verso que me tatuase en tu mirada.
© Mariano Crespo Martínez