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domingo, 23 de junio de 2013

Celada empírica




Establezcamos
que te lanzo mi corazón a la cara
a una velocidad continua
de unas seis clausuras de párpados
y a la temperatura constante 
de mi lava volcánica.

Observamos 
que no solo no te agachas 
sino que se te ilumina la sonrisa
con la esclarecedora luz del alba
en ausencia de duda o neblina. 

Concluimos
que, todo parece indicar, 
estás sufriendo una parálisis
de etiología no determinada, 
o bien -¡no me lo puedo creer!-
he vuelto a caer en tu repetida emboscada. 



© Mariano Crespo Martínez





                    

Acaso





Cuando joven no recuerdo 
que una mujer me dijera 
qué joven te encuentro. 

Tampoco guardo memoria
de que me susurraran tantas procacidades
cómplices 
y me besaran sin taparse el escote. 

No es que me sienta viejo.

Es una sospecha que me tiene insomne.

Acaso, sin percatarme, 
me habré transformado en espejo.
 




© Mariano Crespo Martínez




                       

sábado, 22 de junio de 2013

Lapsus



Colgué los hábitos,
abandoné el convento,
sustituí por la devota lectura de Henry Miller.
el monótono canto del breviario


Aun me reprocho el lapsus,
desde que me fue dado contemplar el sexus,

de no haber llevado conmigo el incensario



© Mariano Crespo Martínez





                     

Los pronombres y Viena





Los que se complacen en diluirse 

en un conjunto
deben creer que el yo
es una forma minimalista del nosotros.
Del vosotros, incluso,
y los molestos ellos.  


El yo es un nosotros que se expande,
se escinde, se fusiona, 
se agranda cuando se hace leve
desaparece cuando es un plural enorme
con la vasta extensión
de la masa cuando se atreve.  


El yo huye en la belleza por los cielos
y en las alcantarillas tiene todas las claves
para interpretar los sueños.

Como todas las grandes superficies
el super-yo tiene algo de neón
y bastante de camelo.
Conocido es lo superficial
que es el cielo.


Habrá que viajar con placer por los pronombres. 

Vamos a ello. 


© Mariano Crespo Martínez




                     

Avant Garde





Esa relativa gloria

de ser un adelantado a tu tiempo
conlleva un elevado riesgo. 

Es mi deseo morir cuando llegue mi momento. 

No me mueve el absurdo anhelo 
de ser la vanguardia del cementerio. 



© Mariano Crespo Martínez





                      

Maestro Mestre



Me lo quedo
al poeta y al poemario,
a la memoria de los muertos
y a su notario.

Y me lo llevo puesto.

No me des bolsas ni me prevengas
sobre su cuidado. 
Sé dar mimo a las flores y los retratosy he aprendido a besar
en gallego y castellano.

Tengo una antífona
en el botiquín de primeros auxilios
junto al agua oxigenada,la tumba de Keats
y las despedidas a Lennon.


La casa roja
esta queimada
por si aquello de que las meigas
no soportan las frutas destiladas
en aguardiente de Villafranca.

Cómo será la llama
en la tierra en que hasta el agua arde.


Fora de tus palabras, hermano,
hace un frío que pela
y eso que junio es casi verano.
La intemperie inquieta
de la consumida vela.


La calidez en bicicleta.
los versos del panadero, del ciudadano. 

Maestro Mestre.
¡Y va pregonando que es poeta el paisano!



© Mariano Crespo Martínez





                     

viernes, 21 de junio de 2013

Pena con antecedentes penales




Como de casi nada de lo que afirmo

me avala prueba alguna,
solo sé probar lo que callo.

Pero digo, constato,
que si una mujer
-una cualquiera como la que ahora estás olvidando-
guarda en su corazón tu retrato,
será estéril el esfuerzo pueril 
de posar en tu mejor pose 
-de frente y de perfil- 
porque ella tendrá como canon
lo que tiene escondido 
-sistoleando, diastoleando- 
bajo su pecho,
custodiado con la clave
de la fecha del nacimiento de su madre. 
Y remedando
ese hábito instintivo 
que fluye desde Eva 
hasta el árbol y el nido
pasando por Simone de Beauvoir,
emboscada por una serpiente,
un culebrón y mucho olvido
hasta el corredor de la muerte.


Y añado
que si lo que retrata su mirada
de tu rostro ajado por el tedio
y en ausencia de coartada
no coincide con el testimonio gráfico
en rojo, negro y blanco,
del Génesis, la costilla y el barro
que custodia entre la tregua de sus senos,
no tienes currículo ni pasado. 
Quizás un futuro trágico. 

Cuando el corazón ya no riega 
la huella digital que allí dejaste te ha delatado.

Algunos llaman Apocalipsis a ese omega. 



© Mariano Crespo Martínez