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martes, 16 de julio de 2013

Veneno de amor



Cuando la ballena salió de los miedos de Jonás 
dio por inaugurada la fiesta 
en la que bailé en nocturnidad alevosa
con ratas, sierpes, murciélagos y cucarachas. 

Sin una cierta mala reputación 
no entrabas. 

No abandonabas 
sin el veneno con que los proscritos aman.
 


© Mariano Crespo




                         

                       

lunes, 15 de julio de 2013

Magnetismo



Tal vez fuéramos un huracán con ojo de adolescencia
y nos prevenía el padre Ceferino
sobre el no confundir "la gimnasia con la magnesia". 
Vivíamos de oído. 
Y puede ser tan distinto 
lo que suena parecido. 
El cuarto movimiento de la novena sinfonía
de Beethoven 
o el Himno a la Alegría de Miguel Ríos. 

A una mujer madura de una mujer joven 
no la separa solo el paso del tiempo
por el prado poroso de su cuerpo. 
La distancia, en el cruce del amor,
la proximidad cercana del lejos.

Tiene su ritmo interior,
no se aburre con el silencio
no pregunta lo que ya conoce,
goza cada momento
porque es muy efímero lo eterno
.


Son del mismo género 
pero, en el gozo.
no es similar ni lo mismo
la obra maestra y su esbozo. 

No confundas la gimnasia con el magnetismo.
 


© Mariano Crespo




                        

domingo, 14 de julio de 2013

Lecturas



Cuando estoy solo 
se me ocurren juegos delirantes. 

Que el que saque la pajita más corta
le toca el culo a la luna
por la cara oculta. 

Pierdo a piedra, papel, tijera
con un tipo como Freud
de los que nunca se ríe en su estante. 

Gano al ajedrez a Sitting Bull 
utilizando la defensa india. 

Leo el futuro en los posos de café
a los profetas mayores y menores. 

Cuando estoy solo 
le confieso a Ortega y Gasset
que sin mis circunstancias no soy nadie. 

Voy a apagar la luz a mi hijo 
y recordarle con un beso que sabiendo leer
la soledad es un fenómeno improbable. 


© Mariano Crespo 






                           

sábado, 13 de julio de 2013

Naturaleza humana



Somos una cosa y su contraria. 

Inmensamente sencillos cuando nos escuchan. 

Siniestros e impredecibles cuando nos espían.

La diferencia entre nuestro lado salvaje y nuestro encanto
  radica en el pánico
                       o en la complicidad
 
                                     del observador cercano. 

Tu eliges si quieres conocer al jardinero o al pirómano. 




© Mariano Crespo







                         

viernes, 12 de julio de 2013

La divina comedia humana



Tengo la afición de Justo Tomás Dídimo
a meter mano en los agujeros
para evidenciar que estoy soñando 
luego no me engaño lo más mínimo. 

Poseo residencia en el abismo 
a pensión completa
para entender la lengua de los muertos
como un forense o un poeta. 

Un vivo es un muerto en lista de espera. 

La vida es un paréntesis,
en la zona de tránsito
 de un aeropuerto,
 entre dos vuelos de los que no hay certeza.
 

Si logras ver el lado cómico a las tragedias
cabe la posibilidad de que no se extinga

en tu mirada la diminuta estrella de la belleza.
 



© Mariano Crespo 




                         

Recelar del recelo



Sería tan cómodo 

que toda la basura
fuera de los ajenos. 

No quiero la mirada cínica
del que cree que es un género
la mirada hacia dentro 
de la autocrítica.

Ese recelar del recelo.

Resabiados sabios que piensan que pedir perdón
es una vanidad imperdonable del inflado ego.

Hay tipos que creen que a la conciencia
basta con arreglarle el pelo.


En un ataque de individual optimismo
el mundo se complace espiando a otros con desvelo.

Desde que para mi sombra
estoy a sueldo me vigilo a mí mismo.


A menudo me disgusta aquello que veo. 




© Mariano Crespo




                           

                        

jueves, 11 de julio de 2013

El vuelo del cóndor



Entiendo 
las noches que enseñan. 

Me he vendido bajo la luna
por besos de una peseta. 

Entiendo que ahora me leas y no me entiendas. 

No tengo una verdad para prestarte.
Una certeza de alquiler
que te ampare esa fiebre sin más síntoma
que la necesidad de dormir en la nevera
o que no se olviden los geranios de regarte
la tierra abandonada por la Virgen de la Cueva.

El intempestivo vuelo del cóndor 
tras la última cena. 

Entiendo, amor, 
la urgencia del musulmán por ir a la meca
y mi peregrinación a César Vallejo 
con los pétalos de mis miedos en la biblioteca. 

Entiendo esta quietud inquieta
porque, desde muy joven, me imaginé de viejo. 
Era casi un niño cuando me acurruqué en César. 

Mi llanto altiplano a orillas del Sena. 

© Mariano Crespo