No me amenaces, se le pudo entender a él, mientras huía hacía ese barrio llamado Soledad.
No es fácil la vida en las ciudades cuando cae la noche y brillan las navajas de los sentimientos. Cuando la luna es una emboscada y no hay guardaespaldas de emociones.
El acordeonista de la esquina ponía la banda sonora con una de esas perversas canciones de Adamo.
Al llegar a la primera esquina gire usted a la
derecha hasta llegar a una
mercería, luego siga como dos manzanas y avance por el boulevard hasta la estatua ecuestre condecorada por palomas como el jinete militar.
Vuelva sobre sus pasos y, por la acera contraria, retorne a la mercería, deshaga el camino de las dos manzanas, gire a la izquierda y estará otra vez aquíen el mismo lugar.
Me preguntó usted por lo que merecía ser visto de la ciudad y desde que ella se marchó nada merece la pena ya mirar.
A los 17 años, con un proyecto de
bigote como un desfile de
hormigas, compré una Konica de segunda mano para que ante su objetivo se desnudaran mis amigas.
Acabé haciendo retratos de flores y poemas sobre la intuición femenina.
Uno termina por dar con su camino gracias a las direcciones
prohibidas.