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martes, 10 de septiembre de 2013

Cuando el corazón se acobarda



Ella le susurró al oído:
te quiero.

No me amenaces,
se le pudo entender a él,
mientras huía hacía 
ese barrio llamado Soledad. 

No es fácil la vida en las ciudades
cuando cae la noche
y brillan las navajas de los sentimientos.
Cuando la luna es una emboscada
y no hay guardaespaldas de emociones.

El acordeonista de la esquina
ponía la banda sonora
con una de esas perversas canciones de Adamo. 

Esas que en tiempos más proclives se bailaban. 


© Mariano Crespo




                       
   

lunes, 9 de septiembre de 2013

Guía



Al llegar a la primera esquina
gire usted a la derecha 
hasta llegar a una mercería,
luego siga como dos manzanas
y avance por el boulevard
hasta la estatua ecuestre
condecorada por palomas
como el jinete militar.



Vuelva sobre sus pasos

y, por la acera contraria,
retorne a la mercería,
deshaga el camino de las dos manzanas,
gire a la izquierda
y estará otra vez aquíen el mismo lugar. 

Me preguntó usted 
por lo que merecía ser visto de la ciudad
y desde que ella se marchó
nada merece la pena ya mirar.
 



© Mariano Crespo 




                         

Sábanas negras



Si ustedes
han dormido
sobre sábanas negras.

Si ustedes
han pagado por amanecer.

Hablamos el mismo lenguaje.

El de los que cotizan
siempre 
a crédito.

Y dejan siempre el alma a deber.


© Mariano Crespo




                       

domingo, 8 de septiembre de 2013

El efecto de los besos en el cambio climático




No me llamó la curiosidad
al conocimiento aséptico 
de los meteorólogos. 

Nadie me enseñó a leer las nubes,
y me dejé seducir por los charcos.

Las huellas que deja la lluvia 
cuando con nuestros asuntos 
se infecta por contacto. 

Distingo sin ayuda de satélites
en la barra nocturna de un sábado 
cual de todos los borrachos 
es el abandonado. 

Detecto sin isobaras 
porque párpados pasó la tormenta
y que corazones maltrató el rayo. 

Mirando a los labios 
presumo con un margen de error 
de uno o dos desengaños
en que humedales 
está ya seco el barro. 

Solo necesito los mapas para perderme en tus brazos. 

Del deshielo en el casquete polar
hablamos  en privado.

Los pingüinos hacemos de la elegancia un alegato.
 



© Mariano Crespo






                    
        

El delirio de las azucenas



Me falta un carmen,
una fuente o una nube 
impertinente
de media tarde
con la paz mansa
de la palabra agua.

Me sobra este aire plomizo 
sin aromas de tierra húmeda 
y esta campana muerta
que no tañe 
pero bosteza. 

A Federico se le bebe
al borde de la acequia
cuando no vuelan los pájaros
y deliran las azucenas. 

A García Lorca
se le mete un lirio seco 
entre dos poemas
y se le recuesta sobre las rodillas
al olor de la yerbabuena. 

Y dejamos pasar las horas 
por si este cielo de Madrid 
se embelesa y nos regala 
el color añil y moscatel 
del atardecer en la Alhambra.
 


© Mariano Crespo 




                  

Paradoja



A los 17 años,
con un proyecto de bigote
como un desfile de hormigas,
compré una Konica
de segunda mano 
para que ante su objetivo 
se desnudaran mis amigas. 

Acabé haciendo retratos de flores
y poemas sobre la intuición femenina. 

Uno termina por dar con su camino
gracias a las direcciones prohibidas.
 


© Mariano Crespo 




            
            

Declaración fiscal




De todo el imperio
que 
atesoro
lo único
inconmensurable
es
el 
vasto 
paraje
de mis carencias. 



© Mariano Crespo