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jueves, 12 de septiembre de 2013

Magallanes





Me llegaron noticias de Magallanes
cuando solo era almirante 
y no había ascendido a sonda.

Tuve la voluntad de alistarme 
a sus órdenes y dar la vuelta al planeta.

Me faltó coraje.
Nunca anduve sobrado de osadía
y mi repertorio de aventuras
cuando no eran invento tampoco eran verdad.

Bien es cierto que por entonces solo viajaban los perseguidos
y los que no saben respirar sin perseguir.

Hay hombres que rastrean sueños
y otros que los encuentran solo con dormir.

Los que tenían que meter algo en el estomago
y los que tenían que eliminar el tedio de existir.

Yo no tuve valor para alistarme a un suicidio,
ese tipo de aventura con final fatal.


Desconocía que tan arduo es ese viaje
como el inverso:
Cuando el planeta empieza a darle la vuelta a uno
y no existe freno a esa cruel travesía
porque está narrada en algún lugar.
 

La diferencia es que el cuaderno de bitácora se llama poesía.
 



© Mariano Crespo





                          

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Deseo



Un día 
cuando consiga que la tinta
con la que solo soy vulgar 
como un escribidor de sucesos
me haga rozar 
la poesía
les presentaré a mi compañera.

Que los dioses me concedan ese privilegio
para regalarles una aproximación a la primavera.



© Mariano Crespo 





                             

                        

Caligrafía




La letra con sangre entra.

Y con qué ortografía sale
cuando al poeta la mano le recrimina
que la verdad no se guarde.

Escribo versos con la cartilla
en la que las mamás ni aman ni miman.


Versos rojos 
para sanar heridas como mercromina
que desinfecte los castigos de la lengua. 

Que el culo no se hizo para los azotes
debería ser un mandamiento de todas las religiones. 

Escribo en el sendero de las orugas por las cortezas de los árboles.

Sé de un dolor profundo que solo se logra plasmar en palotes.



© Mariano Crespo






                            

martes, 10 de septiembre de 2013

Cuando el corazón se acobarda



Ella le susurró al oído:
te quiero.

No me amenaces,
se le pudo entender a él,
mientras huía hacía 
ese barrio llamado Soledad. 

No es fácil la vida en las ciudades
cuando cae la noche
y brillan las navajas de los sentimientos.
Cuando la luna es una emboscada
y no hay guardaespaldas de emociones.

El acordeonista de la esquina
ponía la banda sonora
con una de esas perversas canciones de Adamo. 

Esas que en tiempos más proclives se bailaban. 


© Mariano Crespo




                       
   

lunes, 9 de septiembre de 2013

Guía



Al llegar a la primera esquina
gire usted a la derecha 
hasta llegar a una mercería,
luego siga como dos manzanas
y avance por el boulevard
hasta la estatua ecuestre
condecorada por palomas
como el jinete militar.



Vuelva sobre sus pasos

y, por la acera contraria,
retorne a la mercería,
deshaga el camino de las dos manzanas,
gire a la izquierda
y estará otra vez aquíen el mismo lugar. 

Me preguntó usted 
por lo que merecía ser visto de la ciudad
y desde que ella se marchó
nada merece la pena ya mirar.
 



© Mariano Crespo 




                         

Sábanas negras



Si ustedes
han dormido
sobre sábanas negras.

Si ustedes
han pagado por amanecer.

Hablamos el mismo lenguaje.

El de los que cotizan
siempre 
a crédito.

Y dejan siempre el alma a deber.


© Mariano Crespo




                       

domingo, 8 de septiembre de 2013

El efecto de los besos en el cambio climático




No me llamó la curiosidad
al conocimiento aséptico 
de los meteorólogos. 

Nadie me enseñó a leer las nubes,
y me dejé seducir por los charcos.

Las huellas que deja la lluvia 
cuando con nuestros asuntos 
se infecta por contacto. 

Distingo sin ayuda de satélites
en la barra nocturna de un sábado 
cual de todos los borrachos 
es el abandonado. 

Detecto sin isobaras 
porque párpados pasó la tormenta
y que corazones maltrató el rayo. 

Mirando a los labios 
presumo con un margen de error 
de uno o dos desengaños
en que humedales 
está ya seco el barro. 

Solo necesito los mapas para perderme en tus brazos. 

Del deshielo en el casquete polar
hablamos  en privado.

Los pingüinos hacemos de la elegancia un alegato.
 



© Mariano Crespo