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martes, 17 de septiembre de 2013

El tío Tino



Qué decirles de mi tío Celestino
que por cierta no le pudiera molestar.

En el pueblo fue la oposición de dios. 
Nadie creía en él.
Todos los niños le buscábamos.

Paisanos jurarían que no dijo una sola verdad en su vida. 

Yo prometo que nunca he visto unas mulas
tan felices como con las que iba a trabajar.

Al caer la tarde 
me dejaba llevarlas 
a abrevar al pilón.

El mismo
en el que, como con jefe de los solteros,
ponía a remojar
a los incautos forasteros
que no pagaran la patente
por llevarse una mujer del lugar.

Me hice mayor en una procesión de San Roque
en que los hombres llevaban por oración
si mi tío había catado hembra
o estaba a cala y cata como un melón.


No he dormido tan feliz
como en el camastro de la cuadra
cuando alguna vez le convencí. 

Ha pasado el tiempo 
y creo que la lección 
que, sin pretenderlo,
me legó en herencia mi tío
es la convicción de que la gente
estudiamos para no ser feliz. 



© Mariano Crespo





                           

lunes, 16 de septiembre de 2013

El viento del odio



Los marinos odian los cumpleaños de Eolo 
porque sopla las velas y hay tempestad.

Los transeúntes odiamos nuestros deseos
porque son suicidas con asiduidad.

Hay mujeres que odian a mujeres
y palabras que a sus sinónimos desean eliminar.

Hombres hay que dispararían a otros hombres
porque la envidia activa la ansiedad. 

Hay odios porque a algunos espejos
les fabrican sin piedad.

Hay odios porque la leyenda
es más atractiva que la verdad.

Hay odios porque prometimos un río
y solo conseguimos el mar.

Hay odios tan miserables 
como que el éxito no case con la felicidad. 

Hay odios que unen familias
para toda la eterna interinidad.

Hay odios que odian a odios. 
Eso es llamado lealtad. 

El odio es, que broma macabra, un amor sin desarrollar.
 

© Mariano Crespo




                           

Cimientos conyugales



He conocido matrimonios
en dónde él recuerda 
todos los resultados de la liga de fútbol.
Y ella todas las bodas y cumpleaños
y lo que cada uno regaló.

Cada día me resulta más sorprendente
qué es lo que sostiene una institución.


Cada institución duradera me sorprende
por que hacen cohesión de la dispersión.


© Mariano Crespo




                           

domingo, 15 de septiembre de 2013

Caminos




Hay dos caminos para la felicidad,
el de ida y el de vuelta,
el que viene y el que va.

No necesitan indicación
porque es el caminante 
el que la lleva dentro
como un opaco talismán


Los caminos son solo un simulacro 
para los que creen que el interior
está en el exterior.
o que los viajes precisan de mapa o guía
y solo necesitan curiosidad.


© Mariano Crespo 




                          

                        

Pobre cultura, cultura pobre



Mi pericardio mujer y el que esto pregona
gustábamos de ir a un cine desahuciado por la crisis.

En la entrada de la sala
un hombre joven
con la pasión del que quiere comer
y ganárselo cada jornada
extraía del clarinete el Adagio de Albinoni
por si unas monedas
por si una sonrisa
por si un guiño solidario llegaba como un telegrama.

Como hemos vivido por encima de nuestros debajos
todo se derrumba por el peso de nuestros excesos.

He visto noticias sobre el cierre de los cines,
de nuestro cine. 
De la crisis de la industria.

Pero ni Albinoni ni yo logramos
que alguien nos dé razón del músico. 

Se busca Adagio tocado con el corazón. 


© Mariano Crespo




                           
                       

sábado, 14 de septiembre de 2013

Parejas



Tiempo hubo en que indagaba respuestas.

Tiempo hubo en que hubiera dado un brazo
por saber lo que estaba pensando una mujer.

Tiempo hubo en que hubiera dado los dos
por no haberlo llegado a conocer. 

Ahora me conformo con no hacer preguntas,
con que me besen y las deseen responder. 

La curiosidad es la inseguridad en el querer.


© Mariano Crespo 




                          

viernes, 13 de septiembre de 2013

El carnet de perdedor




No hay tiempos tristes.
No hay conjunciones astrales nefastas. 

Somos nosotros la esencia del ánimo.

En accidentes mortales hay quien sale ileso
con el mismo signo zodiacal del despedazado. 

No siempre pierden los mismos
pero hay quien oposita al carné de perdedor. 

Hay víctimas reales y victimas de su victimismo.

Nadie lleva todas las papeletas para el sorteo del desamparo.

He llorado mientras la gente deliraba de felicidad. 

No hay tristes tiempos.
Hay nefastos pactos personales con la realidad.

En ocasiones el ganador siente envidia del segundo.

Y no olvidéis que sólo el último
tendrá el honor de apagar la luz.
 


© Mariano Crespo