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jueves, 19 de septiembre de 2013

Dignidad



                           A Maribel Vargas Calero

Los que creen en la trascendencia
confían en que haya medallas 
para los que tuvieron dignidad. 

La dignidad recompensada no es dignidad.
Dignidad es la ropa interior del espíritu
bien lavada y sin mostrar.

La dignidad es amputarse los dedos
para disimular los agujeros del calcetín. 

La dignidad es arte por inútil. 

La dignidad es la teología de lo civil.
La dignidad se consigue no se otorga.


Intentaré morir con dignidad
con la certeza de que nadie 
va a llamarme para felicitar mi actitud moral. 

La dignidad es un traje con lamparones
pero con una rosa en el ojal. 

© Mariano Crespo 




                         

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Recuerdo


25 años habían pasado.
Cinco lustros.
Más de 8 trienios
25 almanaques y 275 uvas de fin de año.

Las manos acariciaban el custodiado ajuar.
25 años con tres partos, dos abortos 
y cuatro perros enterrados a la vera del corral.
Aquel cortejo por la ventana
ese temblor de la primera noche,
la mirada en el techo
y el desgarro en el vientre
y ese primer año
que en las casas vacías
el viento de media tarde te hace llorar.
Por qué le llamarán bodas de plata. 

¿A que no te acuerdas de que día es hoy?

El día que se murió la tija Justa.
Quince años haces.
Como nevaba, la ostia. Casi ni la podemos enterrar.


© Mariano Crespo




martes, 17 de septiembre de 2013

La gelidez del sol




Conocí una ciudad tan fría
que las madres sacaban los bebés a las plazas
los días de huelga de nubes
para que el sol cogiese color y calor.

Un lugar con un sol tan frío
como la mirada de un adiós.

Tan frío, tan frío, tan frío
como tu beso de Judas en el congelador.

Si al menos me hubieras dicho no.

 


© Mariano Crespo



                   

                      

Costes



Nada es gratuito
ni el tibio sol del otoño
ni la terquedad del moscardón
seduciendo a las cortinas
como un acróbata fanfarrón.
 

Todo tiene un precio,
las aburridas farolas de la noche,
la despreocupación de las aceras
el miedo a que el silencio te desvele
las pisadas en la escalera
la nota que nadie te mete por debajo de la puerta
el retrato que se da la vuelta
las trampas del solitario
el inquilino de la nevera

la lata privada de mermelada 
de albaricoque que un día 
fue tan dulce y ahora es tan huraña.

No necesito precisar a estas alturas
que el precio impagable es el gratuito.

La sabiduría puede que consista
en conocer con quien se contraen 
las deudas que no se tasan.
La dignidad es ese estilo por el que no te rebajas


© Mariano Crespo
 





                         

Fragilidad




Compañeros y compañeras,
soy un ser muy frágil para la Revolución. 

Creo que no me derrumbaría una huelga de hambre
pero una de besos y abrazos
sería mi destrucción

© Mariano Crespo




                           

El tío Tino



Qué decirles de mi tío Celestino
que por cierta no le pudiera molestar.

En el pueblo fue la oposición de dios. 
Nadie creía en él.
Todos los niños le buscábamos.

Paisanos jurarían que no dijo una sola verdad en su vida. 

Yo prometo que nunca he visto unas mulas
tan felices como con las que iba a trabajar.

Al caer la tarde 
me dejaba llevarlas 
a abrevar al pilón.

El mismo
en el que, como con jefe de los solteros,
ponía a remojar
a los incautos forasteros
que no pagaran la patente
por llevarse una mujer del lugar.

Me hice mayor en una procesión de San Roque
en que los hombres llevaban por oración
si mi tío había catado hembra
o estaba a cala y cata como un melón.


No he dormido tan feliz
como en el camastro de la cuadra
cuando alguna vez le convencí. 

Ha pasado el tiempo 
y creo que la lección 
que, sin pretenderlo,
me legó en herencia mi tío
es la convicción de que la gente
estudiamos para no ser feliz. 



© Mariano Crespo





                           

lunes, 16 de septiembre de 2013

El viento del odio



Los marinos odian los cumpleaños de Eolo 
porque sopla las velas y hay tempestad.

Los transeúntes odiamos nuestros deseos
porque son suicidas con asiduidad.

Hay mujeres que odian a mujeres
y palabras que a sus sinónimos desean eliminar.

Hombres hay que dispararían a otros hombres
porque la envidia activa la ansiedad. 

Hay odios porque a algunos espejos
les fabrican sin piedad.

Hay odios porque la leyenda
es más atractiva que la verdad.

Hay odios porque prometimos un río
y solo conseguimos el mar.

Hay odios tan miserables 
como que el éxito no case con la felicidad. 

Hay odios que unen familias
para toda la eterna interinidad.

Hay odios que odian a odios. 
Eso es llamado lealtad. 

El odio es, que broma macabra, un amor sin desarrollar.
 

© Mariano Crespo