Páginas

domingo, 22 de septiembre de 2013

Sueño de clase alta


Estaba en una recepción con gente 
que vestía como tipos de clase alta
los que cuando no llevan corbata llevan raqueta

aunque luego descubrí que se desnudaban 
desclasadamente. 

Se servían canapés minimalistas 
con nombres como del magín de un de pintor abstracto
o bautizados por un poeta ebrio.

El que me parecía que sabía a chorizo 
se llamaba inversiones de riesgoA mi me gusto especialmente el de queso
al que bauticé como "Ubres y cuernos".

La gente comenzó a comentar sus gustos
entre los que predominaban las colecciones. 
Yo, como el aristícrata de Berlanga, dijo un banquero 
me regocijo en una de pelos de pubis 
con el nombre de la propietaria. 
Las más eran sofisticadas:
figuritas de jade, 
primeras ediciones de clásicos,
edelweis de variadas nieves,
muebles de época,
pintores cuya sola firma es un plan de pensiones,
originales de poetas,
elefantes de oro y diamantes. 

De repente 
todos se volvieron hacia míporque los camareros no opinan. 

Tuve un momento de duda estúpida
como cuando me da por decir la verdad,
así por las buenas
sin atenerme a las consecuencias.  

Mentí:
Colecciono fracasos. 

Mi respuesta tuvo éxito 
porque la burguesía decadente
tiene un sentido del dolor
perfumado de ingenio.
Hasta hace poco se batían en duelo
por un adjetivo fuera de contexto.


Gracias a esa salida frívola
conocí esa noche como se desnuda una dama
cuando ama en las cuadras
y el desconcierto cuando huelen Chanel las yeguas.

Me desperté y supe que jamás podría asistir
a ese tipo de recepciones.

Cómo explicar
 
que solo he coleccionado billetes de autobús
con número capicúa.

Cómo explicar que Molotov es el único cocktail que conozco.



Cómo explicar que de safari solo he ido al zoológico
y que a los polvos
mejor que por la nariz
los busco morada en el coño.


A mi edad es sumamente difícil hacerse un perfil respetable
sobre todo cuando se tiene más empatía por el servicio
que por estos intelectuales de Jorge Javier Vázquez.


© Mariano Crespo



                         

                            

                          

Premio



Muchedumbre en pie. 
Fervor en los aplausos.

El Silencio derrota al estruendo.
Algún murmullo.

Voz entrecortada: 

Cuando era niño soñé con un momento como este.
Ahora sueño con ser aquel niño que lo soñaba.
Las ciudades nunca son como las postales
pero los pequeñas quimeras palían la pesadilla.

Resido en la perpleja dicha de un perdedor cuando gana.


Ha merecido la pena llegar a poeta
para saber que todo rima con nada
y en cada profecía malvive un profeta.

© Mariano Crespo
 




(Del poemario
inédito "EL RUBOR DE LAS CEREZAS")





                                           

                                          

sábado, 21 de septiembre de 2013

Anuncio



Voy a poner en los diarios un anuncio
para alquilar el alma de algún prójimo
o al menos una habitación
con vistas a otra perspectiva del mundo
a nuevas nieves y nubes, niebla y sol,
otros trino de otras aves 
y a otra blasfemia u oración.


Tengo miedo a un patio de butacas imaginario
que bostece y abandone el salón
sin poner siquiera el marcapáginas.
sin doblar la esquinita de arribe en donde concluyó. 

Este desasosiego de haber dicho todo y nada.
Este pánico a la repetición. 

Busco vida alternativa 
intercambio vida interior,
abstenerse monjas y carniceros,
no importa raza ni religión.
Sexo, cualquiera que no sea de ángel,
soñador de profesión.


Este desasosiego de haber dicho nada y todo
esté pánico, este vértigo,
a no conmover al lector

No es vanidad lo que está en juego,
es que no amo más oficio que generar la emoción.


© Mariano Crespo





                         
 

Libre albedrio



Resulta prudente preguntar a las personas por su necesidad.

Es mentecato donar lo que nunca se va a usar.

Regalar bañadores en una playa nudista.
Lanzar flotadores a quien se pretende ahogar.
Obligar a aprender oraciones al blasfemo.
Poner el freno a un planeta que vive de girar.


A aquellos con vocación febril de esclavo
no enseñes a escribir o sueñen con la palabra
LIBERTAD. 


El despotismo, necio, religioso o ilustrado
es una querida
que ni te quiso, ni te quiere, ni te va a amar.


Amarrar a la vida a un lúcido suicida
 
es la conducta más aberrante de un dios criminal.

© Mariano Crespo 



(Del poemario inédito "EL RUBOR DE LAS CEREZAS")




                              

El amor altera el orden


Como metódico pasivo

se le podía definir.

Uno de esos hombres 
que hace lo que señala la agenda
que le escribe la secretaria
en ese lenguaje 
que la confianza hace jerga. 

No se te olvida algo,
le reprochó su mujer
entre las sábanas.

Pasó la noche desvelado
y repasando los compromisos
comprometidos en la agenda.
Todo los programado estaba completo. 

Ella no quiso darle más vueltas.
Ya lo pensaré mañana.

El fin de semana fue tenso. 

El lunes, la secretaria,
gesto compungido,
mirada baja, 
pidió disculpas. 

En la página del pasado sábado 
había olvidado escribir "cumplir". 

Las persona enamoradas
tienen lapsus imperdonables. 

Ella, junto a la máquina de café,
se perdonó a si misma
porque el olvido es una buena coartada.

© Mariano Crespo
 




          (Del poemario inédito "EL RUBOR DE LAS CEREZAS")









                                     

viernes, 20 de septiembre de 2013

Cirujano




Hay oficios que propician reacciones mecánicas.

Él era cirujano y llegó al atardecer a casa.
Ella abandonaba el domicilio con una maleta roja,
un vestido negro y una mirada gris.
No era cirujana pero iba a extirpar un órgano.


Adiós, doctor.
No te llamo por tu nombre porque la confianza

ya te la perdí hace años.

La puerta se cerró como se clausura una época
o cae un telón sin público ni teatro.
 

El se derrumbó sobre el sillón.
Miró el reloj con suma atención

y dirigiéndose a nadie
susurró con voz teñida de desolación:


Hora de la muerte, 19,38. 

© Mariano Crespo



                        

jueves, 19 de septiembre de 2013

Un mundo caro





Hacen falta zapatos mentirosos
para que los pies no huelan a verdad.

La sinceridad en el relato de los pasos
es tediosa como las aventuras de un no nacido
.
Hay mujeres que sacaron bandera blanca 
antes de declararme la guerra
por no haberme dejado follar. 

Fuii amigo de un mafioso
porque decía que era el único que se atrevía
a decir lo que pensaba sin dejar de masticar.

Todo hombre oculta una mujer que oculta un secreto.

Las mujeres cuando lloran 
suelen haber tenido un gran motivo para reír
o lo que es peor para soñar. 

No debería hablar de cosas que no entiendo
pero de vez en vez me da por decir de mí.

Un día voy a llorar en privado
para general conocimiento 
y murmuración. 

No triunfé en el amor 
porque nunca se gana en lo que tiene final. 

De joven creía que venía de un mundo raro.
Ya mayor me enfrente a la realidad.

Vivo en un mundo caro 
y que extravió la caridad. 

© Mariano Crespo