Cuando en el mundo existían libreros,
reparadoras de medias con su bombilla tan
cinematográfica, cuando los
zapateros cuando los ebanistas y las chamarilerías y el pipero que vendía tabaco suelto conocía tu nombre y la salud de la abuela. Cuando no había yonquis pero si practicantes y el pulgar servía para viajar gratis en coches con generosidad de arcén
En ese tiempo remoto los departamentos de información informaban, los de asistencia técnica y social asistían, los de reclamación, escuchaban y ofrecían
disculpas.
Ahora todo eso se han convertido en frontones para que la pelota no golpee a los jefes y te vuelva a ti la cara.
Ahora no te roba un carterista llamado Mauricio sino una agrupación de alias llamada mercado que tiene muchos caras pero carece de rostro.
Hubo un tiempo que llamabas por teléfonos y hablabas con mujeres amables de carne y hueso que podrían llamarse Maribel y no con componentes con el nombre en una etiqueta.
Hasta en la dictadura, en los tiempos del maestro
armero, había un mínimo resquicio para vivir, hablar y
hacer las reclamaciones. Aunque sea estéril creo en el derecho al pataleo.
La cúspide de esta pirámide es la estupidez que conduce a la destrucción pero perfectamente estructurada.
Cuando joven, mi profesora de
literatura hispánica,
doña Elena,
me enseñóque la seducción
era un arte que se ejercía pausado y que la lentitud y
el sosiego eran sus aliados.
Por las noches de los sábados,
a la inmensidad chicas por las que me sentía atraído,
a las que propondría matrimonio
con tal de conocer el sabor de sus labios, -y no digamos su orografía
y la existencia real de las palabras
que buscaba en el diccionario- huían precipitadamente con los que tenían moto.
Si amo a Cortázar, García Márquez, Borges, Onetti Vargas LLosa, Donoso y tantos maestros se lo debo a los reiterados suspensos en el ritmo
de la seducción.
Los peatones somos de natural gafotas e ilustradosy con una historia sentimental que no precisa apuntes.
Estaba en una
recepción con gente que vestía como
tipos de clase alta
los que cuando no llevan corbata llevan raqueta aunque luego
descubrí que se desnudaban desclasadamente.
Se servían canapés minimalistas con nombres como del magín de un de pintor
abstracto o bautizados por un poeta ebrio.
El que me parecía que sabía a chorizo se llamaba inversiones de riesgoA mi me gusto especialmente el de queso al que bauticé como "Ubres y cuernos".
La gente comenzó a comentar sus gustos entre los que predominaban las colecciones. Yo, como el aristícrata de Berlanga, dijo un
banquero me regocijo en una de pelos de pubis con el nombre de la propietaria. Las más eran sofisticadas: figuritas de jade, primeras ediciones de clásicos, edelweis de variadas nieves, muebles de época, pintores cuya sola firma es un plan de pensiones, originales de poetas, elefantes de oro y diamantes.
De repente todos se volvieron hacia míporque los camareros no opinan.
Tuve un momento de duda estúpida como cuando me da por decir la verdad,
así por las buenassin atenerme a las consecuencias.
Mentí: Colecciono fracasos.
Mi respuesta tuvo éxito porque la burguesía decadente tiene un sentido del dolor perfumado de ingenio.
Hasta hace poco se batían en duelo
por un adjetivo fuera de contexto.
Gracias a esa salida frívola conocí esa noche como se desnuda una dama
cuando ama en las cuadrasy el desconcierto cuando huelen Chanel las yeguas.
Me desperté y supe que jamás podría asistir a ese tipo de recepciones.
Cómo explicar que solo he coleccionado billetes de autobús con número capicúa.
Cómo explicar que Molotov es el único cocktail que conozco.
Cómo explicar que de safari solo he ido al zoológico
y que a los polvos
mejor que por la nariz
los busco morada en el coño.
A mi edad es sumamente difícil hacerse un perfil
respetable
sobre todo cuando se tiene más empatía por el servicio
que por estos intelectuales de Jorge Javier Vázquez.
Cuando era niño soñé con un momento como este. Ahora sueño con ser aquel niño que lo soñaba.
Las ciudades nunca son como las postales
pero los pequeñas quimeras palían la pesadilla.
Resido en la perpleja dicha de un perdedor cuando gana.
Ha merecido la pena llegar a poeta
para saber que todo rima con naday en cada profecía malvive un profeta.
Voy a poner en los diarios un anuncio para alquilar el alma de algún prójimo o al menos una habitación con vistas a otra perspectiva del mundo a nuevas nieves y nubes, niebla y sol, otros trino de otras aves y a otra blasfemia u oración.
Tengo miedo a un patio de butacas imaginario que bostece y abandone el salón sin poner siquiera el marcapáginas. sin doblar la esquinita de arribe en donde concluyó.
Este desasosiego de haber dicho todo y nada. Este pánico a la repetición.
Busco vida alternativa intercambio vida interior, abstenerse monjas y carniceros, no importa raza ni religión.
Sexo, cualquiera que no sea de ángel,
soñador de profesión.
Este desasosiego de haber dicho nada y todo esté pánico, este vértigo, a no conmover al lector