Aquello que me desvela el sueño profundo del embustero duermevela son esos fragmentos de mi voluble recuerdo que, como una carretera cortada, concluyen en puntos suspensivos.
Me inquieta si los he olvidado a propósito o se llevo su recuerdo la propietaria.
Uno ha vivido de prestado
en el corazón de mujeres amadas.
Cierto además resulta que los escribidores de la memoria de la voluble mirada, al igual que los corresponsales de guerra, retratamos con pasión la catástrofe y obviamos el candor de la tregua.
Nos seduce el barro, ignoramos la tierra.
Si escuchas canciones en francés
y sabes que son
de amor
aunque no
conozcas la lengua, no ignoras lo que indagan mis ojos cuando los miras y cruzas las piernas.
Das una calada al pitillo coges el bolso pides la cuenta y sales con la certeza de que no vas a llegar sola a la puerta.
Los furtivos y las mujeres
que retan con la mirada
saben que son seguidos
sin necesidad de darse la vuelta.
Las palabras son un estorbo cuando la música es tan clara y directa.
Al contrario que la luna
no me cambiaste por cualquiera.
Me sedujiste con una canción y aun no sé que dice
la letra.
Tengo esta mañana un silencio concurrido como cuando pasa un
ángel o se da tierra a un
difunto. Un silencio tan lleno de
historias que me faltan manos para ordenarlo.
Tengo esta mañana un ruido callado, una rosa seca, un oveja sin pastor y la cara de los que esperan un tren que no llega.
No amamos el mar en calma de las postales
ni el color canela de la arena
en la orilla en donde la espuma borra un corazón.
El que nos da
pavor y estremecimiento amamos.
El abismal tan cercano de la muerte y de la porosa bruma el que nos provoca el vómito y la belleza, el que nos ve llorar sin inmutarse y hace reír a los delfines, el basurero lleno de vida de latas y corales de tedio y de aventura de petroleros y piratas de tesoros hundidos y mierda a flote de historias embusteras y leyendas ciertas de sirenas ensenadas calma chicha y arboladas pavorosas.
Se me ha ido la cabeza. Era el mar la propuesta y llegué al amor con la marea.
Saber nadar no es garantía de que el amor te hechice.
Amas el amor porque es impredecible.
La pasión sin riesgo es para coleccionistas de tiempos muertos.
El mar y el amor es para los derrotados invencibles los que llevamos una esquela por partida de nacimiento.
Yo elegí la posibilidad de perder el imperdible
por eso digo la verdad aun cuando miento
y cada vez que caigo mi alma vuela.
Suelo ponerme el traje de luces, no para hacer de
matarife. Suelo ponerme de
purisima y oro para hacer el paseíllo
hasta tu casa descapotarme. quitarme la montera, agachar la cabeza y soñar con una lidia de amor de esas en las que no se pierden las orejas y el rabo . Se pierde la vergüenza y se gana el éxtasis al fin y al cabo.