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domingo, 6 de octubre de 2013

Estos lodos, de aquellos...


Épocas en mi vida 
ha habido en que el polvo
se amontonaba debajo de la cama. 

Tiempos mágicos 
en que el polvo se acumulaba arriba. 

Incluso, tiempos en que residía
abajo y arriba. 

También, ay, hubo tiempos
en el yo era el polvo,
la esencia de la cenizael desgaste de la materia
de los sueños y las carencias. 


Por qué llamaremos polvo
al deseo de lo eterno 
a la pérdida del pasado 
a un absurdo me voy y llego.

A un máster para dios menor
si en el firmamento hay consenso.



© Mariano Crespo


   


                    

Puntos suspensivos



Aquello que me desvela 

el sueño profundo
del embustero duermevela 
son esos fragmentos 
de mi voluble recuerdo 
que, como una carretera cortada,
concluyen en puntos suspensivos. 

Me inquieta si los he olvidado a propósito
o se llevo su recuerdo la propietaria.

Uno ha vivido de prestado
en el corazón de mujeres amadas.


Cierto además resulta 
que los escribidores de la memoria
de la voluble mirada,
al igual que los corresponsales de guerra,
retratamos con pasión la catástrofe
y obviamos el candor de la tregua.

Nos seduce el barro, ignoramos la tierra.
 


© Mariano Crespo





                    
    

sábado, 5 de octubre de 2013

C'est l'amour



Si escuchas canciones en francés 
y sabes que son de amor
aunque no conozcas la lengua,
no ignoras lo que indagan mis ojos 
cuando los miras y cruzas las piernas.

Das una calada al pitillo
coges el bolso 
pides la cuenta 
y sales con la certeza 
de que no vas a llegar sola a la puerta.

Los furtivos y las mujeres
que retan con la mirada
saben que son seguidos
sin necesidad de darse la vuelta.


Las palabras son un estorbo 
cuando la música es tan clara y directa.

Al contrario que la luna
no me cambiaste por cualquiera.


Me sedujiste con una canción y aun no sé que dice la letra.



© Mariano Crespo





                           

viernes, 4 de octubre de 2013

Costumbre




Tengo por hábito 
guardar tu mirada en mis pupilas
al cerrar los párpados.

Plagio tus pupilas en los sueños
y en las pesadillas te abrazo. 

La noche es un camino largo 
que se aligera de tu mano. 

Cuánto sabe la luna 
de esto que te hablo
cuando dormida te acuna,
cuando ya me callo.
 



© Mariano Crespo



                          


                               

jueves, 3 de octubre de 2013

Mañana de octubre



Tengo esta mañana un silencio concurrido 
como cuando pasa un ángel 
o se da tierra a un difunto. 

Un silencio tan lleno de historias 
que me faltan manos para ordenarlo. 

Tengo esta mañana un ruido callado,
una rosa seca, 
un oveja sin pastor 
y la cara de los que esperan un tren que no llega.
 



© Mariano Crespo





                             


                              

miércoles, 2 de octubre de 2013

Mor de mar



No amamos el mar en calma
de las postales
ni el color canela de la arena
en la orilla en donde la espuma
borra un corazón.

El que nos da pavor
y estremecimiento
amamos.

El abismal 
tan cercano de la muerte
y de la porosa bruma
el que nos provoca el vómito 
y la belleza,
el que nos ve llorar sin inmutarse
y hace reír a los delfines,
el basurero lleno de vida 
de latas y corales
de tedio 
y de aventura
de petroleros 
y piratas
de tesoros hundidos
y mierda a flote
de historias embusteras 
y leyendas ciertas
de sirenas 
ensenadas 
calma chicha 
y arboladas pavorosas. 


Se me ha ido la cabeza.
Era el mar la propuesta
y llegué al amor con la marea. 

Saber nadar no es garantía 
de que el amor 
te hechice.

Amas el amor porque es impredecible.

La pasión sin riesgo 
es para coleccionistas de tiempos muertos.

El mar y el amor es para los derrotados invencibles
los que llevamos una esquela
por partida de nacimiento.


Yo elegí la posibilidad de perder el imperdible
por eso digo la verdad aun cuando miento
y cada vez que caigo mi alma vuela.



© Mariano Crespo 



                          
                                

martes, 1 de octubre de 2013

Lidia



Suelo ponerme el traje de luces,
no para hacer de matarife.
Suelo ponerme de purisima y oro
para hacer el paseíllo hasta tu casa
descapotarme.
quitarme la montera,
agachar la cabeza
y soñar con una lidia de amor
de esas en las que no se pierden las orejas
y el rabo .
Se pierde la vergüenza
y se gana el éxtasis
al fin y al cabo.
 



© Mariano Crespo