Páginas

domingo, 10 de noviembre de 2013

Biografía



Ser alto o bajo,
poco importa. 

Importa tener la ética 
y el cuerpo preparado. 

La estética en alerta. 

Para el día, ay, 
en que tendrás que dar la talla. 

Serán uno, dos o tres.

Nunca muchos
pero uno puede ser demasiado. 

No sabemos la fecha ni la hora. 

No tendremos fiscal, juez ni abogado. 

No hay prójimos, ni historia ni cuentos. 
Todo serás tú o nada.

Solo nuestra conciencia

Hemos venido para en ese momento 
estar a la altura de las circunstancias. 

En eso consiste una biografía, lo demás es apariencia. 

© Mariano Crespo



                      

sábado, 9 de noviembre de 2013

Rio



No hay amores menores
sino asignaturas

No hay amores menores
sino afluentes. 

Hasta que una mujer te desemboca en su mar
y sabes que es estación término,
que te has salido de cauce
que concluyó la escuela
y que a ese amor le huele a sal el aliento
y el pájaro de tu deseo sobrevuela el delta.
 

Y hay una felicidad triste 
como la plenitud vacía 
que sientes al tocar un sueño.
 


© Mariano Crespo




                     
                    

viernes, 8 de noviembre de 2013

Bajo sospecha



Siempre es sospechoso el poeta,
carece de aval y presunción de inocencia.

Busca en los contenedores de basura
los añicos de las grandes certezas
y sostiene la mirada a las serpientes
o las besa dos veces en su bífida lengua,

mientras se encamina erguido 
a la alcoba con vistas a la luna
que habita bajo los puentes. 

Quién se fía de alguien que llora 
con el latido de su cerebro 
y guarda el corazón para un solo nombre
que embriaga de rojo pasión con su riego.
Quién se fía del que paga con palabras
las cuentas pendientes que a la noche adeuda. 


Siempre es sospechoso el poeta
como siempre lo son 
todos los conversos, 
-con versos, perdón-
a una muerte aun sin fecha. 

Siempre es sospechoso el poeta.
Aunque quién confía en alguien libre de toda sospecha. 

© Mariano Crespo





                        

                       

jueves, 7 de noviembre de 2013

Trama



Precavido, 
antes de que lleguen los hielos,
he colocado tu retrato 
en donde, en sueños, tengo una chimenea
y despierto tu hueco perfumado.

Cuando caiga la escarcha 
ya protegerás un rincón cálido, 
a la vera de la luz tenue del invierno, 
junto a Charlie y los libros.
Ese sitio de músicos negros
y poetas blancos.
De húmedos labios y secos lirios.


Luego, como sucede todos los años
cuando te brillan los ojos,
la primavera parpadea
y se maquilla de verde el prado.
 
Y nos libamos los pétalos
para inaugurar el nuevo milagro.
 

Mientras dure la fiesta,
mientras no presientan los amos
y el eje cansado del planeta
lo que abrazados tramamos.
 


© Mariano Crespo




                      

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Devoto


No tengo religión, amor, 
pero soy un hombre de fe. 

Creer es comer turrón en agosto
para que te nazca un salvador. 

No tengo religión, amor. 

Pero he rezado a nadie
cuando no soportaba tanto dolor. 

Soy un hombre de fe, amor.
Soy un hombre de amor, mi fe.


Uno de esos cretinos que presentan batalla 
cuando lo razonable es la rendición. 

No tengo religión, amor, 
pero soy un hombre de fe.

Un devoto radical de la santa intuición.
 


© Mariano Crespo




                          

lunes, 4 de noviembre de 2013

Parásito mortal


Aprendí a volar con aves carroñeras
y gracias a este magisterio,
nunca gratuito, 
desarrollé un raro instinto 
para detectar la presencia
cercana de un cadáver 
aunque fuera clandestino. 

He visto difuntos 
en miradas de muchachas 
en cansinos vuelos de cigüeñas
en etiquetas de claveles
en botellas de mala uva
en ujieres de museos 
y en cloacas de cinco estrellas.

Aprendí a volar con aves carroñeras
el día que me libraron del muerto parásito 
que me amarraba a la tierra. 

Si hospedas un  muerto dentro no detectas muertos fuera.

© Mariano Crespo



                         

sábado, 2 de noviembre de 2013

Chaval de sesión continua




En mi barrio no había cines de estreno
ni mujeres con paso a nivel con barreras
pasados los dieciséis años. 

En mi barrio nosotros y los perros,
en los mismos descampados,
desflorábamos amapolas,
aliviábamos el celo.
 

Antes de extrañarme
fui monaguillo en bodas de penalti 
y comencé a beber escondidas
sangre de dios en garrafa
cuando aún era tan solo vino
y mi vida una absurda estafa
a la espera de asesino.
 

En mi barrio 
solíamos estar en pecado 
porque no era bien visto 
ser confidente ni confesor
ni pasarse de listo 
ni hacerse el tonto
ni tener buen olor 
ni llegar tarde ni volver pronto
ni que asomara el dolor.


En el primer año de academia 
aprendí a hacer novillos,
aguantar la tos al fumar,
levantar la falda a las muchachas 
y cuando te calientan la cara
apretar los dientes sin llorar. 

En mi barrio el nivel no lo daba el mar.
Lo daba un coche 
siempre manchado en el asiento de atrás.
 



© Mariano Crespo