Hace años no estaba a mi alcance elevarme al conocimiento del respeto que los monjes guardan a la palabra con el voto de silencio.
Dudo que esa energía callada ese sagrado incienso purifique la cochambre de los pregoneros del amo, los nadie de alguien que invaden cada casa por la alcantarilla del cable.
Antes de que las naves se amotinen
y te quemen,
deberías considerar
que harto más
difícil es cerrar los mares, matar a quien resucitaste rimar en el lenguaje de los mimos conversar con los sordos por las calles.
Nunca podrás borrar los versos que escribiste.
El silencio grita páginas en blanco y cuando, por fin, te atreves a callar hablas más de lo que dices.
Que te quiten lo bailado y el vuelo de mil demonios de tus ángeles, debes valorar antes de poner tu nombre a esos versos que te presta el aire.
La creación es una cura de humildad tan insolente que los labios no pueden resultar ilesos ni inocentes serán los besos que te regatean las diosas hartas ya de laureles marchitos como las glorias de una sola cópula y todas las ausencias de Penélope cuando haces el Ulises o el idiota.
Intentar desvelar a la luna es el destino del contador de historias.
Yo la he visto dormir y se como escuece.
Llora, poeta, no te prives. El mar sabe a sal porque es un mar de lágrimas.
Aquí, en la desolación y la mugre,
que masculla su
desgracia
y no tiene
capitanes
ni brújula, ni religión ni profetas.
Aquí, el viento traidor levanta las faldas al sistema y descubrimos que está privado de sexo como sabíamos que carecía de ética.
Transitamos por un lugar intransitable y lo que va a ocurrir carece de presagios concluyentes como columnas o cabos para sostenerse o aferrarse a algo más sólido que un sueño e igual de bello. Un sitio en donde depositar nuestro postrero beso, Un paraje dotado, amor, de la elegancia sutil de tu cuello.
Va a suceder un gran suceso pero no alcanzamos aun a conocer si sacar la ropa de guerrero, la mortaja, o el traje de los domingos con manchas de vino que llevamos al tinte la víspera de nuestros contentos.