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martes, 4 de febrero de 2014

Indocumentado




Nadie que me conozca
se explica por qué no tengo coche
careciendo de su permiso de manejo. 

Nunca tuve acreditación para lo que disfrutaba
y constituyó mi sustento. 

Fui a la universidad a adquirir un diploma 
y salí con un vacío enmarcado 
para el salón de la casa que no construí
en aquella cala
donde desembarcaban de noche
los contrabandistas de sueños. 

No ejercí ni un solo minuto 
aquello para lo que me titularon
aun careciendo de talento. 

Cuando te ocupo, princesa, 
me miras con la mezcla de piedad y estremecimiento
con que se ampara a los polizones
y la visita sorpresa
de una inquietante tormenta en un mes de invierno.

No admiten teólogos en mis paraísos
y tú, amor, me guardas el secreto 
de que creo vivir sobre un ADN falsificado
o sospechoso o espía o heterogéneo. 

Quizá por esa certeza efectúas redadas en mi alma
las noches en que tengo clandestino ese suave sentimiento
cobijado en la esquina más oculta
de mis círculos concéntricos.
 


© Mariano Crespo








                                    
 

lunes, 3 de febrero de 2014

Soledad



Hay instantes 
en los que echo de mi cuarto
a un recuerdo 
con cajas destempladas. 

Otros momentos
en los que me recreo, amor, 
con las huellas de tus pisadas.

Hay ausencias que alborotan
y presencias sin sombra que me abrazan.

La soledad es una compañía muy rara,
el tiempo se detiene
y los relojes avanzan.

La soledad es un abrigo que no encuentra su frío. 

La soledad es un beso en espera de destino. 

La soledad es un puente al que no le crece un río.

La soledad es un vacío
de manos en el piano
y una música que embriaga. 

Cuando los suspiros vienen de merienda a casa
y los títulos buscan un poema 
como la lluvia precisa del agua.
 


© Mariano Crespo 




                             

sábado, 1 de febrero de 2014

Poesía




No busquen respuestas en los poetas
porque no son sabios. 

Los sabios deducen,
intuyen los poetas. 

Los poetas besan
y los sabios
se muerden los labios

y enarcan las cejas.

En ocasiones, los sabios 
sueñan como poetas, 
estructuran el sueño 
y hacen una teoría, un teorema.

Es de sabios conocer el origen del fuego
y de poetas sentir como quema. 

Un poeta huye de la ignorancia
perseguido por la vanidad, 
encuentra una señal de prohibido,
y hace a la libertad un poema.

Un sabio busca la verdad,
un poeta la belleza. 

Un sabio busca una respuesta
en donde el poeta halla enigmas
con su luna llena. 

El sabio es la brújula 
y el humilde poeta 
es el viajero de ida y vuelta,
el niño que mira el cielo
el hilo,
el viento
y la cometa.
 

© Mariano Crespo




                                   

viernes, 31 de enero de 2014

Cotidiana eterna




Catorce años
para quince
tenía mi mirada
cuando descubrí lo apacible 
que es el sol del invierno 
mientras atraviesa un membrillo. 

Ese día se completó 
con el hallazgo 
de la fiebre en clase de francés,
los supositorios, el ponche
y unos inquietantes delirios. 

Sigue siendo un misterio 
hoy, con la vista cansada,
este sol del invierno 
y cuándo, cómo, 
y por qué un hecho cotidiano 
se instala en el recuerdo y se transforma en eterno. 


© Mariano Crespo






                             

                                

jueves, 30 de enero de 2014

Libertos esclavos



Si tu reloj tiene segundero
habrás captado 
que fue iluso 
haber llamado 
presente
a cualquier tiempo
pasado. 

De continuo estamos en segundas nupcias
del amor que nos está besando. 
La segunda floración del árbol con nuestro corazón tatuado. 

Nuestro lugar de nacimiento
es un instante embelesado. 

Y llamamos vida eterna
al presente de un reloj que está parado. 

Los besos hacen cicatrices tan hondas, amor,
que tienen el futuro en fuego grabado,
como los hombres libres
son de la libertad esclavos.



© Mariano Crespo




                                   

martes, 28 de enero de 2014

Compañera



Esto es un camino 
disfrazado de escalera. 

Dónde están tus ojos, 
compañera.

Si necesito tu mirada
es para recuperar la perspectiva. 

El lujo de llanear cuesta arriba. 

© Mariano Crespo



                               

                               

lunes, 27 de enero de 2014

Blanco y negro



Los amigos que saben
de mi fobia al clero 

no terminan de aceptar
por qué no soy ateo. 


Apelan entonces al atajo 
de mi juventud de novicio
y a que el hábito 
conforma carácter
como la costumbre, 
los horarios
o el desahogo rutinario
de la noche de los sábados.
 

Se equivocan
por completo.

En aquel templo
yo carecía de fe sin saberlo.
 
Como he sido criminal de guerra 
en algún perverso deseo.
Se equivocan 
porque yo he conocido guerreros pacifistas
y monjes sin dios.
He conocido incluso, créanme, 
sabios 
que tenían título universitario
con su diploma en marco.


Con el criterio centrípeto de los grandes credos 
creen que negar la existencia de dios 
es negar la del hegemónico.
Cuando los dioses
no habitan en el cielo
sino en la guía de teléfonos.
 

Cuanto más universales somos más provincianos. 

Yo creo. 
Creo en las tormentas y en los amaneceres
en ti, amor, 
y en mi deseo. 

Creo en San Juan de la Cruz 
y en el gregoriano.
en la teología de la liberación 
y en la risa 
y en el orgasmo
que da color a la amapola
y afina el piano.


No tengo fe en la apostasía 
porque tampoco creo en los certificados. 

Y he visto algún milagro.

Hace muchos años 
iba a la iglesia 
a esperar que terminase su trabajo 
el cura
que era mi amigo. 
A veces, llegaba a tiempo 
y contemplé el espectáculo 
de como la más vieja de las feligresas 
enferma de un avanzado Parkinson 
transportaba las vinajeras hasta el altar 
con el tintineo de los cristales 
que nos llenaba de una tensión 
de una incertidumbre 
sin redoble de tambores. 

Creo en el dios 
que hizo que jamás se derramase 
ni el vino 
ni el agua 
ni que nunca robase 
el yonqui de mi calle 
que fue deshilando su vida
mientras hilaba artesanía,
ojeras y hambre.
 

Yo creo. 
Creo en las tormentas y en los amaneceres.
En ti, amor, 
y en mi deseo.



Pero no, no soy ateo.

Porque si no le tengo fe al blanco 
que me obliga a afirmar el negro. 

No tengo fe en la apostasía 
porque tampoco creo en los certificados.
Lo que sí tengo es
amigos sacerdotes
y una radical fobia al clero.



© Mariano Crespo