jueves, 20 de marzo de 2014
Ese sitio
Un día pierdes la vista al enemigo
y concluye la guerra.
Avanzan los relojes
y una noche ofrecerías una tregua
a tus muertas dimensiones
a tus horas muertas.
Pero ya no puedes
porque el tiempo y el espacio
no es un capricho de fin de fiesta.
Pongamos que es cuando resides en un lugar
sin nada que perder
ni nada que ganar.
Algunos llaman limbo y otros muerte
a ese sitio en que no estoy
porque conservo el miedo
que tengo y hasta que soy.
Un día pierdes de vista a los amigos
y vuelves a la celda.
Avanzan los relojes
y una noche ofrecerías una tregua
a tus supersticiones
a tus falsas promesas.
Esta es una sinopsis de historia
que es triste o feliz
según cómo te la cuentas.
Como la luna
si no mengua ni crece
es porque está llena.
© Mariano Crespo
jueves, 13 de marzo de 2014
Arte
Posiblemente la manera más útil
de armar tu vida y un mueble
sea seguir las instrucciones del fabricante.
Lo que no admite duda
es que la belleza suele semejarse
a un ejercicio de desobediencia,
al botín de los derrotados,
como una amapola entre el desguace.
© Mariano Crespo
de armar tu vida y un mueble
sea seguir las instrucciones del fabricante.
Lo que no admite duda
es que la belleza suele semejarse
a un ejercicio de desobediencia,
al botín de los derrotados,
como una amapola entre el desguace.
© Mariano Crespo
miércoles, 12 de marzo de 2014
Adolescencia
La adolescencia es una barba
que te dejas para no observarte con detención
en los traidores espejos.
Ese molesto grano a reventar
que llevas de la mañana a la noche
entre las piernas.
Además no saber improvisar
cuando no se conoce el texto
y no hay memoria para mentir de carrerilla.
La adolescencia es alcanzar la miseria
en la persecución de lo sublime.
Para colmo, la adolescencia jamás se cura
aunque enseñes convivencia a sus síntomas.
Al no absolverse de haber asesinado al niño
te grita desde dentro
al menor descuido
que disparaste sobre tus sueños de joven
para sobrevivir en orden.
La adolescencia es no saber que ponerse
para el entierro de uno mismo.
La adolescencia es un anticipo del infierno
sin tan siquiera haber hecho méritos.
© Mariano Crespo
que te dejas para no observarte con detención
en los traidores espejos.
Ese molesto grano a reventar
que llevas de la mañana a la noche
entre las piernas.
Además no saber improvisar
cuando no se conoce el texto
y no hay memoria para mentir de carrerilla.
La adolescencia es alcanzar la miseria
en la persecución de lo sublime.
Para colmo, la adolescencia jamás se cura
aunque enseñes convivencia a sus síntomas.
Al no absolverse de haber asesinado al niño
te grita desde dentro
al menor descuido
que disparaste sobre tus sueños de joven
para sobrevivir en orden.
La adolescencia es no saber que ponerse
para el entierro de uno mismo.
La adolescencia es un anticipo del infierno
sin tan siquiera haber hecho méritos.
© Mariano Crespo
lunes, 10 de marzo de 2014
Cara y cruz
La vida
suele darte una segunda oportunidad.
Mas no lo festejes,
también se te concede para errar.
© Mariano Crespo
domingo, 9 de marzo de 2014
Estaciones
Las cosas primordiales,
como la primavera,
solo llegan cuando las deseas
emplazándolas en tus mejores rincones.
Si tú no la aguardas,
el calendario y las rotaciones
te traerán un nuevo invierno
aunque menos frío y con flores.
Los árboles secos no tienen brotes.
© Mariano Crespo
como la primavera,
solo llegan cuando las deseas
emplazándolas en tus mejores rincones.
Si tú no la aguardas,
el calendario y las rotaciones
te traerán un nuevo invierno
aunque menos frío y con flores.
Los árboles secos no tienen brotes.
© Mariano Crespo
jueves, 6 de marzo de 2014
Patio interior
La felicidad
es, a menudo,
el ansia de plagiar
el libro de familia
de un prójimo.
Una envidia de papel couché
y un zurcido para nuestro roto.
Siempre parecen más elegantes
los fracasos de los otros
y el olor que despedimos
no nos alerta el olfato.
El morbo ajeno somos nosotros
porque las leyendas
tienen a la envidia por tinta
y por cronistas de infamias
a los amos de los espejos rotos.
El dolor
es, a menudo,
mudo pese a los gritos
que escucha el vecindario
y el ruidoso trino de los pájaros.
En los patios interiores
transitan la curiosidad azul de los poetas
y la eterna sospecha amarilla
que carcome el ojo del espía.
© Mariano Crespo
miércoles, 5 de marzo de 2014
Soledad
Hay hombres,
hay mujeres
que son como esas calles en las ciudades
ni bonitas ni feas
ni sucias ni pulcras
pero por las que no pasea nadie
porque pillan a trasmano
de todas los destinos
y parece que no conducen a ninguna parte.
Por esas calles
cuando viajo me pierdo
en melancólicos paseos
para entender cómo es la soledad
y pedir a la luna
el libro de reclamaciones.
© Mariano Crespo
hay mujeres
que son como esas calles en las ciudades
ni bonitas ni feas
ni sucias ni pulcras
pero por las que no pasea nadie
porque pillan a trasmano
de todas los destinos
y parece que no conducen a ninguna parte.
Por esas calles
cuando viajo me pierdo
en melancólicos paseos
para entender cómo es la soledad
y pedir a la luna
el libro de reclamaciones.
© Mariano Crespo
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