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martes, 15 de abril de 2014

La mirada de las maestras



Estoy implicado en el asunto de las mujeres,

por eso no soy inocente.



Casi todo lo que sé creo que lo he tomado en préstamo 

a la mirada de las muchachas.
 


La piedad para conmigo y la admiración por las mariposas,
 

el peligro de las laderas y las dudas de noviembre,


las mentiras de los dioses y los comerciantes de perlas,
 

el pudor del sexo por mostrarse de mañana sincero,


la coartada del niño para robarte un beso,
 

las trampas de la selva en la humedad del vello,
 

el destino de los caballos cuando tienen sed o miedo,


la revancha del triunfador sobre las hormigas,
 

el temblor de la espina dorsal de los juncos en tu espalda,


el acicate que te empuja a vivir y perdonar a los insectos,
 

el rubor cuando se te aparece el firmamento bajo techo,
 

el desdén de las orugas por los reactores y los satélites,


la espuma del mar embotellada bajo el vientre satisfecho,


la eventualidad de lo que creíamos para siempre nuestro,


el deseo en calcetines de algodón comiendo caramelos,
 

el camino entre colinas para dejar correr el tiempo,
 

la sabiduría de los elefantes para nacer tan viejos,
 

la pausa cuando la ciudad arde y la fe no cree en ti


ni en tus asesinos ni en tus neutrales ni en tus maestros.
 


No tengo palabras para defenderme,
 

estoy implicado en el asunto de las mujeres


por eso no soy inocente


y lloro cuando estoy alegre.
 



© Mariano Crespo



lunes, 14 de abril de 2014

Horizonte



Si acaso un día te toma
en cautiverio

un tiempo sin historia
de periódicos vespertinos,
transistores
y silencio. 

Quizá te acuerdes de mí,
aquel tipo
que buscaba la felicidad

con un catalejo.

© Mariano Crespo

domingo, 13 de abril de 2014

Fiebre de abril





La primavera es una estación de paso.

Incómoda,
excesiva, 
ruidosa, impertinente. 


Nadie la escoge de destino.
Nadie sale ileso de su vientre.


Pero del delirio de esa fiebre
volvemos con una radical certeza: 
no somos inmortales 
porque al pasado no se regresa. 


Quién no recuerda
aquel libro que no sabía leer. 
Quién no busca bajo los signos 
ese misterio, 
esa curiosidad,
ese vacío 
que desbordó hasta la vida más hueca. 


Volverán perfumes con tu nombre 
pero ya nada nos olerá de nuevas. 


© Mariano Crespo

sábado, 12 de abril de 2014

Etc


De cuando estuve en racha
recuerdo varias enfermedades 
y algún instante enmarcado
como un diploma 
de experto en mareas
y fresas salvajes.

También añoro los coches de caballos
que te dejaban al borde de la luna,
las maquinas de vapor, 
los sacapuntas,
y los impertinentes candiles
de las caricias mudas. 

Frías madrugadas 
de cuando las tabernas 
echaban el cierre al siglo 
y no decían ni palabra los gatos
perplejos ante la sirenas.

Cuando las mujeres 
no dormían 
pese a yacer en el lecho 
y los profetas 
dejaban augurios 
escondidos en la paz de tu pelo 
como se ocultaban las petunias
en los parques 
bajo los sauces 
y la dictadura tenaz de un cielo
todavía neutral
y, por ello, 
bello.


Fueron tiempos difíciles
 
para alguaciles y estatuas 
y una época de prodigios 
para los envasadores 
y los estrategas
de rendiciones 
sin disparar un solo beso.

Fue hace tanto, tanto,
tiempo. 

Tan lejano
como cuando estuve en racha

y me despeinaba el viento
antes de convertirme 
en etcetera
en la larga fila del miedo. 

© Mariano Crespo

El envés



Las espaldas desnudas de las mujeres 
son lisas como llanuras manchegas 
o con gotelé y lunares
pero llevan la maldición 
de que vestidas son la última postal 
de los santos lugares. 

El detrás de las mujeres
tiene la enciclopedia 
ilustrada del planeta 
a fuerza de haberse echado 
la historia a cuestas.

Al frente
el fuego volcánico de sus pechos,
el agua salada de su vientre
con el sexo herido,
labrado,
para la simiente.

Y dos botones de gata o faro
que guardan la luz 
y la desprenden.

Al frente 
de las mujeres
el futuro y el pasado 
hecho presente. 

Te percatas
de estas bendiciones
cuando las mujeres 
te dan la espalda vestidas 
porque languidecen
siete de tus siete vidas
y porque 
-en la más benigna de las opciones-
se apagan los candiles y te mueres. 

© Mariano Crespo

martes, 8 de abril de 2014

Silencios



Confieso 


que he puesto carmín rojo

a la palabra labios

y que deliraba mi vientre

cuando desnudaba tu relato.

Confieso 

la evidencia del vértigo si caigo

y la levedad pétalo del tacto 

sobre el velo tórrido del arrebato. 

Lo que atardece y contemplo, amor, me lo callo. 

© Mariano Crespo

Vida



Camino hacia un sitio que no deseo
como caminan con parsimonia
los elefantes viejos.

La nada es un lugar 
del que no guardo recuerdo. 

No acepto la muerte
porque la mía, 
sin cielo,
por miserable carece de techo. 

Solo sé amar de memoria
como un mamut en el tiempo.

© Mariano Crespo