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domingo, 8 de junio de 2014

Literatura y tecnología


Hay un pequeño artilugio
que entorpece una gran parte 
de las historias que me conmueven 
y gracias a las que escribo
y hablo con las flores si es preciso. 

Se llama móvil o celular 
y casi todo lo hermoso 
sucedió en una vida remota
en la que yo ni tú ni nadie
estaba localizable
y bajo su dominio.

Soy lo que soy por estar perdido
en algún jardín 
o laberinto. 

Vivir es la posibilidad de perderse 
y que el deseo y el azar 
de la mano
me lleven a ti
por el olfato 
o por el oído

En los tiempos remotos 
en que leíamos a Julio
no precisábamos el número de la Maga
ni el mapa de París, 
solo saber leer 
y viajar 
con los ojos cerrados. 

Sin nadie que llamase e interrumpiese el engaño. 

© Mariano Crespo

sábado, 7 de junio de 2014

Dualidad



Yo soy dos republicanos.

Uno, convencional, 
un simple ciudadano.

Y el otro de carácter mágico. 
De los que cree que la república 
trae todos esos sueños y deseos
que suelo pedir a los Reyes Magos. 

© Mariano Crespo

miércoles, 4 de junio de 2014

El progreso



Por el pueblo de mi madre 
no pasó el ferrocarril,
tampoco levantaron aeródromos 
sin aviones 
excepto los de papel.
de los que yo era piloto en la era. 

Por el pueblo de mi madre
se detuvo más la peste porcina
que los cerdos.

Les ignoró la guerra civil 
y por tanto, no eran, de recibo. 
los 25 años de paz. 

Me dirán que están relegados 
a un punto diminuto del mapa
en los lindes de la historia. 

Más en una generación 
en la que nos castigaron a casi todos,
en mi pueblo nunca mintió en la hora
ni el reloj del campanario. 

Era muy tozudo 
y hasta los más viejos del lugar 
le recuerdan siempre parado. 

Y les diré que mi abuelo 

tuvo el honor de ser un dios menor

al que no engañaron jamás

porque, sabido es, 

los dioses menores no creen ni en ellos mismos

como, para además, llamarse a engaño.
 

© Mariano Crespo

lunes, 2 de junio de 2014

Crónica




A Kafka que me alivió la adolescencia.
A Paloma que hace parecer rutina esta locura.


Habíamos quedado 
en besarnos un lunes,
aterricé en sus labios 
un martes por la noche
pero a ella y al cielo de su boca
le pareció un plazo razonable. 

Teníamos pensado,
detalladamente, 
que lo nuestro duraría 
el tránsito leve
entre morir, matarse, pasear 
y cepillarse los dientes. 

En apresurados 30 años,
siglo abajo o arriba,
le conté y me narró 
todos sus viajes de ida
desde la panadería de enfrente
 hasta la Conchinchina.


Cortó una cinta de tela 
inaugurando cada arruga reciente. 
Tuvimos silencios, desastres
casas, mares, planetas, 
un calendario y disputas. 
Lo corriente

Ayer quedé para dejarla
pero no acudí. 
Era lunes 
y yo solo me suicido los martes. 

Espero que considere el plazo irracional
no me espere 
y vaya a ver a su madre.
 

© Mariano Crespo

sábado, 31 de mayo de 2014

Género



La diferencia entre un hombre
malo o bueno
es un matiz. 

Entre una mujer 
candorosa o perversa 
unas obras completas. 

Es el abismo
entre un poliedro y una línea. 

Por eso escribo, 
de ellas
y soy tan mal poeta.

Por eso te despojo de la ropa 
con perversión e inocencia
e indago
y me pierdo 
en el ámbito mágico
en que sacas la chistera

del conejo 
y me encuentras. 

© Mariano Crespo

viernes, 30 de mayo de 2014

Guionista


Cuál es mi canción favorita. 

La que una vez sonó en tu cabeza. 

Te canté en castellano una canción francesa. 

Me dijiste que sí, 

que toda la vida,

a mi lado, a tu vera

y yo solo te pedía dinero para el taxi de vuelta. 

Cuando me rechazan un guión 

por no tener lógica ni línea argumental ni coherencia

respondo airado que me juzgue alguien de este planeta. 

© Mariano Crespo


martes, 20 de mayo de 2014

Destinatarios


No escribo para mí
al igual que no me excito 
cuando me contemplo al espejo. 
Escribo para ti 
por los efectos demoledores 
que obran en tu estructura 
la dinamita de mis palabras
y el narcótico de sus acentos. 

Escribo para los muertos 
con el egoísmo de los poetas 
que encuentran contertulios 
en la ceniza de la inteligencia
en el perfume del ingenio 
que torna a los árboles 
cuando agoniza el invierno. 

Escribo más que nada
para los analfabetos 
los viajeros sin un mapa mundi 
ni tan siquiera una cometa. 
Para los niños tristes 
en la bancada escondida 
de la pared de la escuela. 

Escribo para los que llevan 
el reloj del campanario 
en el bolsillo de la chaqueta 
sujeto con una cadena de plata 
y junto a un caramelo de menta. 

Escribo para los desertores 
y para sus escopetas de feria 
para las ancianas que toman anís 
y los héroes que toman el palacio 
de invierno de la conciencia. 

Escribo para los transeuntes 
y los que hacen de la rutina una epopeya 
para los amantes furtivos en hostales
y el cerillero de las tabernas
que presta dinero cuando la fortuna 
te ha estampado la puerta. 

Escribo para las porteras 
y las señoras de la limpieza 
los que recolectan la miel 
y los que jalean a las abejas. 

Escribo para gente que ignora 
que me lee que me quiere que me detesta. 

Escribo con todo mi amor 
cuidando cada palabra,
mimando cada letra 
para los que no tienen correspondencia
los que hablan con los gatos 
se abrazan con las ausencias 
y besan el aire sin esperar 
nunca, nunca, respuesta.
 

© Mariano Crespo