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miércoles, 25 de junio de 2014

Vita



A quién le importa lo que yo pienso. 

A mí, desde luego, cada día menos, 

Y cada hora más por qué lloran los niños
y dónde está la diosa que reparte los recuerdos
que humedecen la mirada de los viejos.

Y me preocupa la epidemia de tristeza 
la rutinaria lealtad al desencanto 
la falta de condimentos en los besos 
el exceso de ensayo de la muerte 
cuando la muy puta siempre termina improvisando. 

Me sorprendo luego existo.

Estoy vivo
y mi curiosidad 
es si es así o así me pienso.

A quién le importa la lluvia cuando está en el teatro.

A quién le emociona la música ausente del concierto.

© Mariano Crespo

lunes, 23 de junio de 2014

Regreso


A los 18 años 
abandoné la casa de mis padres. 

Hubo noches en que tuve necesidad del regreso. 

Hay dos problemas. 
No tengo máquina del tiempo
Son poco acogedores los cementerios. 

© Mariano Crespo

jueves, 19 de junio de 2014

20 años


Cuando tenía el andar canalla
por seguir el rastro a las hembras 
bebía ginebra británica 
leía poesía francesa 
gastaba amigos con gafas 
que me llevaban a la filmoteca
conversaba con la luna 
y me quedaba en casa
los días de fiesta 
porque no aceptaba órdenes
ni para ir de juerga.

 
Lo celebro como la época 
en que aprendí más de lo femenino
por observación discreta. 

A las mujeres como a las aves 
si se las enjaula pierden la belleza. 

Pero quién no ha robado flores 
de los parques para adornar su mesa.
 

© Mariano Crespo

martes, 17 de junio de 2014

Compañías


Viví con un perro de Bilbao 
con el que hablaba en euskera 
porque no entendía el castellano
y no aceptaba órdenes 
en la lengua del Estado. 
Viví con una perra, 
chucha como yo,
que sabía hacer teatro. 
Viví con un pastor alemán
que cuidó de mi sobrino 
salvaje de dos años 
que le perseguía
y le hacía esconder
entre las piernas el rabo. 
Viví con un jilguero, 
al que adoraba mi padre,
porque era, como él, socialista
le había llamado Felipe 
y le gustaban las pájaras 
aun teniendo un montón de años.
Viví con un puñado de peces 
a los que puse nombres de parientes
y mi hijo vio morir a toda la familia
y aprendió que poner punto final
es tan solo quedarse flotando. 

Por lo demás,
he tenido suerte con las mujeres
por lo que no me ha hecho falta recurrir a gatos. 

© Mariano Crespo

domingo, 15 de junio de 2014

Correspondencia



Está mañana
le explicaba a mi hijo 
frente al viejo edificio de Correos
cómo era el mundo 
cuando franqueábamos los diálogos
y les mandábamos a ver mundo
y conocer carteros. 

Luego de manera intempestiva
me ha invadido la tarde entera
un sentimiento lleno de hilos
como las telas de araña que tejían las abuelas
para los altos de los muebles 
y los centros de mesa. 

Quedé atrapado
en el pensamiento absurdo
de lo perecedero o caduco 
que se podía tornar un sentimiento 
en una larga noche de tren
o ignorando una traición
mientras transbordaba aeropuertos. 

No he sabido explicar a mi hijo 
que ahora las mentiras no tienen coartada
y que tal vez por esa supresión del tiempo
el pudor ha emigrado de los diálogos
los impulsos sustituyen a la descripción del deseo
y la gente habla y no para en correos
pero dice inmensamente menos.
Y eso cuando no opta por enviar un muñeco 
para no realizar el anacrónico acto
de verbalizar una idea o un sentimiento. 

Ese proceso de comunicación tan poco moderno. 

© Mariano Crespo

viernes, 13 de junio de 2014

Hambre


Quiero romper con mis manos
la paz de tu vientre
y ver como se derrumba ese orden
tan plácido de poros y de flores.
Y ver nacer de manera convulsa
otro hermoso orden
tras los volcanes
y los gritos sofocados
cuando el cuerpo se recompone. 

Y que haya paz
hasta una nueva hambre
y otro desorden. 


© Mariano Crespo 
© pintura de Luis Eduardo Aute

martes, 10 de junio de 2014

Aproximación


Soy grafólogo,
tengo conocimientos 
de propagandista de quimeras
y en un curso sobre guardar la ropa,
aprendí a nadar de espaldas
para charlar con las nubes
 
y acurrucarme en la vereda. 

Ejerzo de heterosexual
y creo más en la pareja 
que en la escalera de color.
No malgasto en sexo barato 
pero por un beso de amor
y una mirada con doble fondo
si hay que morir, mato.


Me fascinan las luces de neón
las tiendas de variantes y ultramarinos,
el olor del vientre en flor

el cine raro francés 
y el teatro argentino. 

Me emociono con el circo,
la cadencia de negros y gitanos
y el fútbol elegante 
de los que por falta de furia
calientan el banquillo. 

Puedo concebir un planeta 
sin azul y cuadrado 
pero no sin poetas 
postre, niños,
e insubordinados. 

He sido camarero,
vendedor de cursos de inglés,
portador ilegal de muertos, 
nacionalista periférico 
y concursé con una vaca 
en un certamen de pechos. 

Tengo cierta
tendencia a la traición ética de tribu. 
Estoy por pensar 
que me apuntaré a los otros
si alguna vez llegan al poder los míos.

Ay, amor, esa leal sospecha
para confiar más en mis pasos
que en mí mismo,
de renunciar a la doctrina
cuando me lo pide el instinto.
 


© Mariano Crespo