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domingo, 6 de julio de 2014

Cotidiana


A Héctor.

El mejor negocio que hicimos 
fue a enseñar a leer a los hijos. 

Bajo a la calle, 
tomo café, 
compro con prevención los diarios, 
paseo para desear buen día a los pájaros,
miro con disimulo muchachas y adelfas,
subo a casa, 
entrego a mi hijo la prensa,
le pregunto o me callo,
se calla y me cuenta. 

He llegado a una edad 
en que declararía al mundo culpable
si no se me explica desde la inocencia. 

© Mariano Crespo

viernes, 4 de julio de 2014

Esbozo


Ya me conoces, 
soy un lince para los negocios. 
Escribo libros para regalártelos 
y con los beneficios
de esa estrategia 
endulzo versos en celofán 
con los que envolver caramelos 
para invadirte la lengua
como un ejército de violetas
perfumado de lavanda y menta. 


Ya me conoces,
todo lo que toco 
termina por firmar con tu nombre
rellenar tus vestidos 
y hablar por tu boca. 

Ya me conoces,
Soy muy tuyo para mis cosas. 


© Mariano Crespo

jueves, 3 de julio de 2014

Vidas apócrifas



Todos tenemos mil biografías 
posibles y ninguna completa. 
Como García Márquez aseguraba 
tres vidas llevamos:
privada, pública y secreta. 
Yo añadiría, desconocida,
nuestras vidas apócrifas
más creíbles que las ciertas.

Cuando somos protagonistas de historias 
que ni siquiera sabíamos que existieran
en las que somos héroes o villanos 
según lo que se nos deteste o quiera.
Todos tenemos mil biografías 
y nunca autorizaríamos 
aquella que se aproximase a verdadera.
Y también fábulas 
que son una deliciosa patraña 
en las que quedamos como dioses 
y son las más peligrosas 
porque son por las que se nos envidia
sin motivo como lo hacen
los que inventan vidas ajenas
para olvidar  sus propias carencias.
 

Qué no inventarían de Alonso Quijano
cuando Cervantes no estaba alerta.


© Mariano Crespo 

miércoles, 2 de julio de 2014

Desamparo


A veces me derrumbo
recordando 
vidas desgraciadas
con finales de miseria. 

Yo he metido en la nevera 
el cadáver de una bella adolescente
a la que se le fue la mano 
con la desesperación de un beso perdido 
cuando había nacido para morada de dioses
o marcapáginas de un largo sueño. 
Yo he arrojado al Duero 
el paso roto de un buitre carroñero 
atropellado por un coche 
como un vulgar peatón o un insecto. 
Yo he visto llorar en soledad 
sin la misericordia de hombro 
o pañuelo ajeno 
al dueño de la voluntad de un pueblo 
arrojado en caída libre 
del pedestal al silencio. 

Con estas heridas abiertas 
tal vez entiendan 
que hay noches en que necesitaría rezar 
sin una razón concreta 
y con un miedo de altar mayor
de catedral obscena.

Y quiero que sepan
que hago un callado grito de auxilio 
pero ningún dios sintoniza mi frecuencia. 

© Mariano Crespo

martes, 1 de julio de 2014

Prodigios


A partir de que has divisado un OVNI 
el prodigio de la mecánica del cielo 
se transforma de belleza a rutina 
como el sexo en un burdel. 

Amor, sabes que estoy hablando de ti
y del firmamento 
por el orden que da el misterio. 

No me alteran el pulso 
los eclipses de sol o luna 
pero me saca de quicio 
que el rotar de los asuntos 
me oculten tanto tu presencia
a años luz de mi boca.

Hasta que se abre la puerta 
recurro al telescopio de los avistamientos 
y compruebo que todo lo no identificado 
órbita en tu nombre 
y me recreo
como un astronauta enamorado 
o un niño con caleidoscopio
en una siesta memorable de verano. 

© Mariano Crespo

lunes, 30 de junio de 2014

Letra pequeña


Cuando demandé fortuna olvide decir buena o mala. 

Si quieres volar pide volar 
no pidas alas,
Observa con piedad a mis hermanas moscas
su penar por una respuesta inadecuada. 

Pocas veces se está lúcido 
cuando la magia pasa.

Los ángeles de la guarda son cortos de vista
y nunca ven las pequeñas cláusulas. 

Cuando demandé “Fortuna” ya no fumaba. 

© Mariano Crespo

domingo, 29 de junio de 2014

Lección


Hay años de resaca y niebla 
de tabaco negro y miseria
a los que el piadoso recuerdo 
da una mano de pintura de pureza. 
Una época con la costumbre de vivir
bajo la influencia de la luna 
que me hizo adicto al amor de garrafón 
y a la poesía de altura. 
Tiempos en que quise ser sublime 
y me arrastré por la vida sentimental de las ratas
en el laboratorio en donde se prueban las vacunas. 

Lo único bello de aquella lección 
es la memoria de las mujeres que dijeron que no 
a un tipo como yo
al que le faltaba un hervor,
una caída en picado 
y la llegada de esa mirada
que tiñe de rojo intenso 
el pálido gris del corazón. 

© Mariano Crespo