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miércoles, 9 de julio de 2014

Trance


Hay instantes de duración variable 
en que mantengo con una mujer
relaciones intemporales 
quizá porque el amor siempre viaja 
y solo para ser verso se detiene
y en el alfabeto descansa. 

Son los momentos 
en que juego con la niña 
advierto los miedos de la madre
me sorprendo con las rabietas en flor 
de la muchacha que extravió 
el candor y no doma la hembra.
Las ocasiones 
en que se sienta a dibujar la siembra
y los frutales florecen y florece ella,
Las circunstancias 
en que es sabia y maestra 
torbellino, siesta, tormenta, 
marea, volcán barro y cuerda. 

Hay instantes de duración variable 
en donde una caricia 
se prolonga décadas
y creo que a esta mujer recién llegada
la empiezo a conocer 
tanto que me sorprende 
como si no la conociera. 

© Mariano Crespo 
© Pintura de Ramón Casas.

martes, 8 de julio de 2014

Deseo


Ahora que palpo que existes 
o me engaño con esa idea 
me gustaría poder llevarte 
a sitios en que soñé que existieras. 


Al rescoldo de un chimenea
 
en una aldea de Cuenca,


A una iglesia románica
 
en donde presentí que la belleza
se puede conservar en ruinas
entre cascos de cerveza
porque dios no deja de ser un almacén
con los restos de una fiesta.


Ahora que sé que existes
 
levantaré nuestra casa 
en la bóveda del cielo 
cuando se consume la tormenta. 


© Mariano Crespo

lunes, 7 de julio de 2014

Charlas


Con mi padre que era muy parco en palabras
hablo más tras su muerte 
de lo que conversamos durante la convivencia. 
Mi padre era como los mantas
acostumbrado a dar calor sin decir palabra. 
Sin embargo con mi madre hablo menos 
porque ahora que está callada 
la entiendo mejor que cuando su presencia
era una emboscada entre la niebla. 

Conmigo todavía me enfado 
y me suelto alguna reprimenda 
porque no me tengo cogido el punto 
y porque todavía tengo arrebatos 
que no hay dios que entienda. 

Por lo demás, hay gente con la que no hablo 
y no quiero hacerme a la idea
de que reanudaremos la charla 
cuando uno de los dos se muera. 

© Mariano Crespo

domingo, 6 de julio de 2014

Cotidiana


A Héctor.

El mejor negocio que hicimos 
fue a enseñar a leer a los hijos. 

Bajo a la calle, 
tomo café, 
compro con prevención los diarios, 
paseo para desear buen día a los pájaros,
miro con disimulo muchachas y adelfas,
subo a casa, 
entrego a mi hijo la prensa,
le pregunto o me callo,
se calla y me cuenta. 

He llegado a una edad 
en que declararía al mundo culpable
si no se me explica desde la inocencia. 

© Mariano Crespo

viernes, 4 de julio de 2014

Esbozo


Ya me conoces, 
soy un lince para los negocios. 
Escribo libros para regalártelos 
y con los beneficios
de esa estrategia 
endulzo versos en celofán 
con los que envolver caramelos 
para invadirte la lengua
como un ejército de violetas
perfumado de lavanda y menta. 


Ya me conoces,
todo lo que toco 
termina por firmar con tu nombre
rellenar tus vestidos 
y hablar por tu boca. 

Ya me conoces,
Soy muy tuyo para mis cosas. 


© Mariano Crespo

jueves, 3 de julio de 2014

Vidas apócrifas



Todos tenemos mil biografías 
posibles y ninguna completa. 
Como García Márquez aseguraba 
tres vidas llevamos:
privada, pública y secreta. 
Yo añadiría, desconocida,
nuestras vidas apócrifas
más creíbles que las ciertas.

Cuando somos protagonistas de historias 
que ni siquiera sabíamos que existieran
en las que somos héroes o villanos 
según lo que se nos deteste o quiera.
Todos tenemos mil biografías 
y nunca autorizaríamos 
aquella que se aproximase a verdadera.
Y también fábulas 
que son una deliciosa patraña 
en las que quedamos como dioses 
y son las más peligrosas 
porque son por las que se nos envidia
sin motivo como lo hacen
los que inventan vidas ajenas
para olvidar  sus propias carencias.
 

Qué no inventarían de Alonso Quijano
cuando Cervantes no estaba alerta.


© Mariano Crespo 

miércoles, 2 de julio de 2014

Desamparo


A veces me derrumbo
recordando 
vidas desgraciadas
con finales de miseria. 

Yo he metido en la nevera 
el cadáver de una bella adolescente
a la que se le fue la mano 
con la desesperación de un beso perdido 
cuando había nacido para morada de dioses
o marcapáginas de un largo sueño. 
Yo he arrojado al Duero 
el paso roto de un buitre carroñero 
atropellado por un coche 
como un vulgar peatón o un insecto. 
Yo he visto llorar en soledad 
sin la misericordia de hombro 
o pañuelo ajeno 
al dueño de la voluntad de un pueblo 
arrojado en caída libre 
del pedestal al silencio. 

Con estas heridas abiertas 
tal vez entiendan 
que hay noches en que necesitaría rezar 
sin una razón concreta 
y con un miedo de altar mayor
de catedral obscena.

Y quiero que sepan
que hago un callado grito de auxilio 
pero ningún dios sintoniza mi frecuencia. 

© Mariano Crespo