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domingo, 20 de julio de 2014

Los mejores poemas


Cuando trabajas con palabras 
o con piedras 
bajo cada pieza
los días de bonanza 
hay una posible historia, 
un relieve, una leyenda. 

Basta acariciar cada capa
y las mujeres empiezan a tener nombre
y biografía las estatuas.

Hay, por descontado, 
días aciagos 
en que las piedras 
te sugieren la palabra piedra 
y las palabras están huecas. 

Esos días 
se narra la propia impotencia 
y por una razón que desconozco 
surgen los mejores poemas. 

Tengo pavor
a que la vida,
el arte, 
la belleza 
sean una absurda ocurrencia. 

© Mariano Crespo

viernes, 18 de julio de 2014

Sin cita previa


Acontece en rara ocasión 
pero sucede 
que te topas de golpe 
con el sueño fugitivo 
de tus noches 
del brazo 
de un desconocido 
o tomando prestada 
la sombra 
al mediodía de un parque
en la ciudad sin censo 
de las quimeras
que ya no arden. 

Acontece 
esa parálisis 
que creías muerta 
en el cementerio 
de tu gris adolescencia
esa vista nublada 
ese terremoto en las piernas 
esa caja de ritmo en el pecho 
ese primer boleto 
para la muñeca desnuda
con tu sexo fallando 
más que una escopeta de feria. 

Acontece 
que te detienes 
porque no era esto 
esto no era 
y se ponen a media asta 
todas tus banderas 
menos la blanca
y doblan las campanas 
por una mentira menos 
por una certeza 
que parece una muesca 
en las ilusiones perdidas
tras caer los dientes 
de leche 
y salir las muelas.

Y llegan la molestas preguntas:
por qué tanto tiempo esperando 
si los engaños no tienen sala de espera,
por qué los sueños de la segunda vida 
se convierten en las pesadilllas de la quinta. 
por qué se empieza a verlo todo claro 
cuando se pierde la vista. 

Acontece en rara ocasión 
pero sucede
que te vas a vivir a una nube
llegas y llueve.
 

© Mariano Crespo

jueves, 17 de julio de 2014

Calificaciones


En el colegio nos leían las notas en el comedor 
para escarnio público de los derrotados. 


Decían tu nombre 
te ponías en pie 
y leían tus calificaciones 
entre silencio de lentejas
o algarabía de cuatros. 
A los tontos oficiales 
se las decían dos veces y despacio 
para general regocijo
y privado espanto. 

Dicen que para ser alto
siempre es necesario alguien más bajo 

Había un tipo, 
dos veces listo
en aquel conjunto 
de candidatos a mentecato. 

Copiaba sus notas 
en múltiples copias 
y las desperdigaba por el patio.
Los incautos las recogíamos
y se las devolvíamos 
lógicamente inquietos 
de tanto sobresaliente extraviado.
Un éxito sin padre
es derrota tanto como huérfano. 

Me da miedo 
peguntar por él. 

Dicen que para estrellarse 
no hay como subir muy alto. 

Al menos es una idea muy extendida
entre los suspensos y los bajos.
 

© Mariano Crespo

miércoles, 16 de julio de 2014

Grafodependencia y otras adicciones



                               
                            A los que aman algo de lo que escribo 


Por qué se escribe.

Esa es una pregunta para la que no encuentro
respuesta en este desván en desorden. 

Admito que algunas tardes,
sin llamarme Cristóbal, 
gustaría más de descubrir un continente 
o sin que me llamen Giacomo 
naufragar en un contenido 
hasta llenarme el sexo de barro
y de veneno frutal la mente. 

Por qué se escribe,
si hay tantas razones para cerrar el pico 
con la hermosa dignidad con que contempla 
la ciudad el gorrión callado
o la torre del campanario 
o el neón de un hotel 
para las víctimas de amor sin cómplice. 

No hay que buscar razones a los adictos:
vemos o imaginamos unas palabras 
y nos empiezan a temblar las manos. 
Es una carencia
imperiosa y absurda 
grave como la necesidad 
de tener un dios cercano. 

No es que desconozca 
que hay oficios más productivos 
y aficiones más saludables 
como pasear en bicicleta por los océanos 
o conducir rebaños de abejas 
por la inmensidad del polen. 

Tengo que admitir
que con la palabra se puede ser profeta
o vendedor de pócimas y jarabes. 
También abogado de herejes,
predicador en los grandes almacenes,
notario de emociones 
y diccionario de errores
para mujeres infalibles
u otros suicidios afines, 

Claro que asumo
que hay múltiples maneras 
de ser un estorbo útil 
como un paraguas en el cine. 

Por qué se escribe. 
No hay que buscar razones a la misericordia.
Vemos temblar unas manos 
nos empiezan a imaginar las palabras
y si te estás empapando que importa si llueve.
Es una necesidad 
imperiosa y absurda,
grave como la incongruencia 
de levantar un templo a mí mismo, 
ese dios impostor en el que no creo. 



© Mariano Crespo

martes, 15 de julio de 2014

Previo al asalto


Muchos de los momentos imborrables 
de mi vida oscura 
han sucedido bajo la luz tenue 
y la palabra desnuda. 
Esas pausas para el desgarro 
entre dos crímenes 
o el pitillo de después de,
o de antes del paredón cotidiano.

Ahora puede ponerse a llover 
o sonar un frenazo
o errar un disparo.
Puede explotar un aplauso 
y rendirse mi boca a tus labios. 

Ahora debo poner un punto y final
porque no sé escribir sin manos. 

© Mariano Crespo

lunes, 14 de julio de 2014

Sencillez


Que no entendías la vida sin mi mirada sobre ella
me decías en la carta que nunca me escribiste.

También implorabas a los dioses que jamás faltara
mi aliento dando calidez a tus sueños. 

Me abruma pensar en que pudiera haber sido cierto
este delirio de campos yermos.
Me libera que las cárceles que erige la imaginación 
no existan con sus ataduras de cieno.


Ser amado es más sencillo

                      y más complejo, por qué no reconocerlo.
 

© Mariano Crespo

domingo, 13 de julio de 2014

Consumo gusto


No tengo motivos que justifiquen 
mi desdén por las ranas 
pues me he pasado la vida 
coleccionando charcos. 
También silencios de trompetas, 
ventiladores averiados, 
necrológicas de mis muertes 
y la ausencia de pum de los cohetes
mojados o defectuosos de serie.

Amo también nubes abstractas 
películas que no entiendo
pecados mortales de pensamiento
 
carreras de caracoles 
exposiciones de fracasos 
ungüentos contra los ungüentos
las claras de la mañana
las yemas de tus dedos

tercas persianas que no bajan
y escaleras que no suben
por carencias de deseo.


No tengo motivos que justifiquen
 
mi desdén por el consumo 
pero  siempre obtengo gratis
lo que de dentro me nace

lo que me mata de gusto
y lo que es tan exclusivo
que escribo para permitírmelo.
 

© Mariano Crespo