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miércoles, 17 de diciembre de 2014

Miedos


He aprendido a hacer muchas de las cosas 
que me daban miedo de muchacho.
Indagar bajo bragas y sostenes
ver al muerto en los velatorios
caminar solo de noche 
recibir la visita de un ángel 
y mantener la dignidad
ante el ladrido hostil de los perros.
Lo que no he llegado a realizar
es que lo que me hacía feliz de muchacho.
Decapitar a los malvados
secuestrar al profesor de gramática
casarme con una tonta 
tener un puesto de peonzas, canicas 
y pastillas de leche de burra
y jugar a las chapas todo el día 
eludiendo la tortura del pescado
del potaje y de la ducha.
Por supuesto, agradezco la fortuna
de no haberme topado con las hadas,
ni los estúpidos duendes de las lámparas 
ni los viajes low cost a islas deshabitadas
porque los deseos que he ocultado de adulto 
no me los cuento ni a mí mismo 
de lo que me espantan y avergüenzan

© Mariano Crespo


martes, 16 de diciembre de 2014

Poesía


Ahora es normal que hagan versos 
pero yo no me enamoré de ninguna poeta. 
Las chicas de otro tiempo 
escribían diarios,
eran taquimecanógrafas 
o enfermeras.
Estudiaban filosofía y letras
y se pagaban los estudios 
como manicura y peluqueras. 
En mi barrio una era azafata
y su hija nos enseñaba las tetas.

Ahora es normal que hagan versos 
pero yo no me enamore de ninguna poeta 
Yo era un hijo de portera 
con un máster de desvalimiento y miseria 
y crecí con la poesía que escribió Gloria Fuertes 
y a beber y llorar a solas también aprendí con ella.



© Mariano Crespo



                               

sábado, 13 de diciembre de 2014

Encuentro


                                                      para Paloma

Cuando te vi por primera vez 
supe que no eras el tipo de mujer 
para escribir su nombre 
en las puertas de los lavabos 
sino la unión de sirena y mariposa
que inspira el bautismo de una estrella 
brinda cuerpo a una utopía 
funda la patria de un abrazo 
o perfuma una bandera roja
para darla aroma a mujer y nardo.

Cuando te vi por primera vez 
dio comienzo un calendario.


© Mariano Crespo

viernes, 12 de diciembre de 2014

Verdad de la buena



Si un poeta me cuenta
que las campanas del reloj de la iglesia 
dieron las 17,35, lo doy por cierto.
Con el mismo convencimiento
con el que no pongo asomo de dudas
a los te odio y a los te quiero
porque son de idéntico género,

al contrario que en las previsiones de lluvia
la fecha de caducidad de las gardenias 
y las promesas de paz de los guerreros.

Si un poeta me cuenta
que la luna tiene un amor secreto 
me muero de celos.


© Mariano Crespo

martes, 9 de diciembre de 2014

Laberinto


Hay mujeres a las que veo asas en la cabeza 
que invitan a beber a sorbitos sus pensamientos
como si fuera una infusión de hierbas frescas. 
Hay mujeres que posan vestidas de leyendas
y desnudan a los fotógrafos con solo quitarse las gafas.
Hay mujeres que secuestran sueños 
en las aceras y nunca demandan recompensa. 
Hay mujeres que desaparecen cuando llegan 
y aunque recorras el mundo a su vera 
tardarás un eclipse de ego en volver a saber de ellas. 
Hay mujeres que llevan carmín en las palabras 
y deseas que sea tu nombre lo que ocultan 
bajo los párpados y en la punta de la lengua.
Hay tantas mujeres que habitan en una sola 
que precisas perderte al menos cien vidas
en su laberinto para aceptar que es una fiesta 
cuando te resignas a que no existe salida
y que escogerías un destino adverso si la hubiera.

© Mariano Crespo


lunes, 8 de diciembre de 2014

Objetivos


El año anterior al que Neil Armstrong 
tuvo por deseo pisar la luna,
yo me exigí, mientras las uvas,
lavarme los dientes a diario,
decirle a Mari Pili que la amaba,
no beberme el vino del señor cura,
y aprenderme las conjunciones
-esta vez de verdad, Jesús, te lo juro-
para que me dejara de zurrar
el profesor de gramática.
La vida me ha mostrado 
que existen diferentes modos 
de llegar a astronauta 
y distintas maneras de caer a un pozo.

Con conjunciones o de manera aislada.



© Mariano Crespo

sábado, 6 de diciembre de 2014

Detenido invierno


Me gustan los relojes de cuerda 
y el rincón de pensar.
Soy un buen hombre en invierno.
Aunque copio hasta en los exámenes de conciencia 
creo que el mundo viejo tenía valores y no solo caspa.
Me deleito en el trabajo con mimo 
de los artesanos y amo el regateo 
por las cosas sin precio como tu pelo.
Prefiero el original más que las reproducciones
y por eso soy más de hombres que de dioses
Siento ternura por las televisiones rotas 
y las mujeres que lloran en los autobuses,
por el árbol talado y la farola fundida.
Soy un buen hombre en invierno
sobre todo cuando me quito la máscara 
para besar o escribir versos
y retiro la nieve al porche de tu templo.
Me gustan los relojes de cuerda 
para poner en marcha el tiempo 
y que llames a la puerta
para, de esa manera que sabes, detenerlo.

© Mariano Crespo