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lunes, 29 de diciembre de 2014

Música


El almanaque trae días tristes 
en los que mi sombra toca con la armónica 
una canción de la que no conozco la letra
porque mis lágrimas no saben inglés.

Hay otros, afortunadamente hay otros, 
en que mi sombra silba todas las canciones 
que, abrazado a noches mágicas, bailé.

© Mariano Crespo


viernes, 26 de diciembre de 2014

Miseria


Al cabo, qué nos queda.
Es miserable guardar cuerpos podridos 
en el frigorífico como rendir culto a las mentiras. 
Demasiados de los sueños en que creí,
no eran estafas, pero los burladores
- no os llevéis a engaño- 
les dieron usufructo 
convirtiendo flores silvestres 
en cochambre con etiqueta de perfume.

Al cabo, qué nos queda. 
Promesas de muchachas,
espejismos de primaveras 
y una oferta de paraísos terrenales 
que resultaron ser una urbanización 
a mil millas de cualquier playa.

Al cabo, qué nos queda. 
Tal vez que estuvimos en sitios que no existen 
y que acariciamos fruta prohibida sin permiso. 
También esa cara de estúpidos o sabios 
que se les dibuja a los hombres y a los pájaros 
cuando caen en la cuenta 
de que ya tan solo son huevos robados 
todos los versos que pusieron en los nidos.
Y esa música amarga que tararean 
los supervivientes de naufragios 
cuando les invitan a las botaduras
de libros o de barcos.



© Mariano Crespo

                                

jueves, 25 de diciembre de 2014

Rebeldía


A un poema del gran ERNESTO CARDENAL que me inspiró este texto

Cuando te están masacrando
en un conflicto local 
no suele procurarte insomnio 
el estallido de una Guerra Mundial.
Es lo que tiene el egoísmo
de falta de perspectiva.
Si no tienes nada para llevarte a la boca
ni para alimentar a tus hijos, 
el cambio climático 
deja de estar entre tus desvelos.
Es lo que tiene contemplarse el ombligo
y no los contextos.
Cuando te despiden del trabajo 
y te niegan el subsidio 
no necesariamente te entra la urgencia 
de hacerte de una ONG o donante de órganos.
Es lo que tiene la falta de éxito 
que te vuelve arrogante.
Excepto en el corazón,
el desamor es revolucionario.
Por lo menos para mí 
que cada vez que me dejaba una mujer 
tenía ganas de derribar el sistema.
nacionalizar la industria y la banca
acabar con las clases privilegiadas
o al menos cagarme en su padre.

© Mariano Crespo


martes, 23 de diciembre de 2014

Libertad


Conozco a rojos 
-de los de antes- 
que como eran ateos 
sustituyeron a dios 
por un comandante.
La libertad es difícil.
Hay hombres y mujeres 
que se casan para mandar
o para que les manden. 
Y otros que votan libremente 
a sus secuestradores. 
La libertad 
puede estar en una cárcel 
pero la peor prisión 
es la que pone libertad 
en el cartel de la calle.

© Mariano Crespo


sábado, 20 de diciembre de 2014

Prodigio


Amor, transcurría el año de 1978
cuando hice la promesa 
de quererte hasta la muerte. 
En aquel tiempo remoto 
ignoraba que existieses 
pero ese es un detalle intrascendente
que no añade nada a la noticia
y no es cuestión de perderse en detalles.

Yo preparo viajes a planetas
que todavía nadie reconoce
aunque estén en medio de su calle.

© Mariano Crespo


viernes, 19 de diciembre de 2014

Sombras del infierno


Las casas no tienen luces de emergencia 
con lo que estoy vulnerable y rígido
cuando se instalan en rincones los fantasmas 
a esconderme el tabaco y desafinar los saxos.
A recordar a Charlie Parker su hija muerta 
y a desenvolver los amargos recuerdos
que guardo encerrados en los licores 
del rencor añejo que ya no pruebo
o en el polvo blanco de Charlie 
que le oculta que es pobre y es negro. 

La casa no tiene alarmas 
que detecten las sombras del infierno, 
los duendes con gabardina crema 
que la abren no para enseñar el sexo 
sino las oscuras cicatrices de los besos.

Las casas no tienen luces de emergencia 
y llegan visitas enlutadas 
a las que pongo café, corcheas y lamentos.

© Mariano Crespo


jueves, 18 de diciembre de 2014

Eterna adolescencia


De adolescente me descubrieron la miopía. 
y me puse mis primeras gafas. 
Paseaba por la calle con la cabeza agachada 
porque temía que todo el mundo 
ay, qué vergüenza,
se fijase en las novedades de mi cara.

La primera vez que me enamoré 
escondí los ojos a todo el barrio 
-más que a nadie a mi madre en casa -
para que ninguno descubriera,
ay, qué vergüenza, 
mi evidente enfermedad del alma.

Ahora, amor, te ojeo los pechos, 
por encima de las lentes la mirada,
mientras simulo que leo a Vallejo
porque todavía adolescente, 
ay, qué vergüenza, 
me han descubierto vista cansada.


© Mariano Crespo