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domingo, 18 de enero de 2015

Magisterio


En ese ámbito de la primavera
en que uno es capaz de leer sin daño
en la frágil mente de los pájaros,
comprendí que los jilgueros y los poetas 
pasan demasiado tiempo volando.
También en febriles veranos
donde uno es capaz de tocar el mar
en cada mujer que posa las manos
aprecié que poetas y peces 
pasan demasiado tiempo bebiendo 
y los árboles y los poetas 
pasan demasiado tiempo quietos.
En este tiempo de otoño 
en que uno es capaz de desertar de un lago
para alistarse en huracanes y terremotos 
me conmueve que el pez, el árbol y el pájaro.
-que cuidan de mi niñez desde que era viejo-
pasen demasiado tiempo 
en la geografía plácida de tu cuerpo 
para mostrar al poeta el talento 
de echar raíces, beber y alzar el vuelo 
sin apartar la mirada del poema 
en el libro abierto de tus deseos.

© Mariano Crespo


lunes, 12 de enero de 2015

Aspiraciones



Creo que me equivoqué,
nos equivocamos,
diciendo que queríamos
cambiar la tierra.

Cuando salimos del agujero
empezamos a tocar techo,
firmamos la paz
y nos declararon la guerra. 


© Mariano Crespo

viernes, 9 de enero de 2015

Las campanadas de 1974


Era 1974 
y en París 
me cobijé en un bar 
en el que cada noche 
celebraban el nuevo día
con las doce campanadas. 
Allí me besó una desconocida 
en francés,
idioma en el que había sacado
siempre una buena nota
pese a que no sabía meter la lengua. 
ni siquiera en la boca.

Era 1974 
y un año después 
se murió un déspota.

Alguna vez he pensado 
que tal coincidencia 
no hubiera sido casual
sino fruto de un deseo 
solicitado a la luna parisina
por aquella chica hermosa.
Porque yo, como hombre que soy,
no puedo pensar
y mucho menos desear 
al mismo tiempo
dos cosas.

© Mariano Crespo


jueves, 8 de enero de 2015

Eva


Aunque de joven parecía osado 
siempre fui una mezcla de tímido e idiota.
Durante meses frecuenté un bar,
respondiendo que una cerveza, 
a la pregunta de qué deseas.
Nunca me atreví a decir que a Eva, la camarera.
No es siempre lo que parece
ni lo que el fino observador observa.
Presumo que les parecerá muy pobre esta prueba 
pero algún estudioso ignoraría a un hombre enamorado 
y retrataría científicamente a un bebedor de cerveza.
Mis amigos historiadores 
no entienden que prefiera leer poesía y novelas 
y que, en ocasiones, los hechos 
me parezcan por sí solos una cáscara hueca.
Por cierto, a un historiador esto le parecerá un mal poema
pero un poeta no dejará de preguntarse qué fue de Eva.

© Mariano Crespo


domingo, 4 de enero de 2015

Tiempo


Tantos años con el agobio 
de que alguien estuviese preocupado 
por mi vida, mis traspiés, 
mis caminos raros.

Y de qué manera hiere la ausencia 
de aquello que consideré estorbos,
palos en la rueda del carro de mi viaje
a lugares que solo existían en mi deseo. 

Sobrevive una tía que rezaba por mí
antes de que su Alzheimer me dejara en desamparo 
de plegarias a los teléfonos que yo no llamo.

A imagen y semejanza de mis miedos 
hablo solo para que el universo no esté callado
y leo en alto porque el futuro se va quedando sordo.

© Mariano Crespo


lunes, 29 de diciembre de 2014

Música


El almanaque trae días tristes 
en los que mi sombra toca con la armónica 
una canción de la que no conozco la letra
porque mis lágrimas no saben inglés.

Hay otros, afortunadamente hay otros, 
en que mi sombra silba todas las canciones 
que, abrazado a noches mágicas, bailé.

© Mariano Crespo


viernes, 26 de diciembre de 2014

Miseria


Al cabo, qué nos queda.
Es miserable guardar cuerpos podridos 
en el frigorífico como rendir culto a las mentiras. 
Demasiados de los sueños en que creí,
no eran estafas, pero los burladores
- no os llevéis a engaño- 
les dieron usufructo 
convirtiendo flores silvestres 
en cochambre con etiqueta de perfume.

Al cabo, qué nos queda. 
Promesas de muchachas,
espejismos de primaveras 
y una oferta de paraísos terrenales 
que resultaron ser una urbanización 
a mil millas de cualquier playa.

Al cabo, qué nos queda. 
Tal vez que estuvimos en sitios que no existen 
y que acariciamos fruta prohibida sin permiso. 
También esa cara de estúpidos o sabios 
que se les dibuja a los hombres y a los pájaros 
cuando caen en la cuenta 
de que ya tan solo son huevos robados 
todos los versos que pusieron en los nidos.
Y esa música amarga que tararean 
los supervivientes de naufragios 
cuando les invitan a las botaduras
de libros o de barcos.



© Mariano Crespo