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viernes, 20 de marzo de 2015

Parte de Incidencias


Esta mañana mi deseo despertaba a las 7 AM,
una hora menos en la isla de tu alma. 


La radio andaba en el empeño de recontar muertos 
y promesas de abundancia en el charco de la miseria
además de un pressing catch en el lodo 
de intelectuales con etiqueta de saldo y rebajas . 


Mi cara tras el afeitado era la de un noble en ruinas
un clérigo rijoso esperando confesar doncellas 
o un escritor ruso de esos que tanto veneras. 


Ya con la escafandra, pensé en tu casa, tu cama, tu acera
tomé mi nave espacial y empecé mi rutinaria jornada. 


Tiempo estimado de mi proyecto de sueño compartido:
200 primaveras con sus correspondientes relojes de arena.



© Mariano Crespo 
© Ilustración Milo MANARA

miércoles, 18 de marzo de 2015

Mujer con suelo y lluvia


Eres un manual para dos manos 
una gata sobre un tejado subterráneo
un poema con mancha de mostaza
un beso cubista multiplicado por mil.
Eres la quintaesencia del perfume
de las flores más presumidas
el frenazo de una bici en mi carril 
la carrera del otoño a la pata coja 
el baile de San Vito antes de un sí.
Eres el prospecto de mis venenos 
la masa con la que no hago pan 
el susto del cachorro frente al espejo 
la rima en asonante sonando a mar.
Eres la esperanza del horizonte 
la laguna pintada en el extrarradio 
el jilguero perdido entre las fresas 
el apellido de un dios sin bautizar.
Eres la tormenta que se encadena 
el pulso de la muñeca que sabe hablar
la rebaja de condena de los lagartos 
el pijama para dormir en la catedral. 
Eres un te quiero en papel de plata 
el gusto a disgusto del regaliz
la pepita de oro entre las pestañas 
el brillo de los ojos entre el serrín
Eres la curva de la vida recta 
el picor a deseo de la nariz 
los dados volando sin paracaídas 
los labios húmedos sin el carmín. 
Eres la mano que apaga la estrella
el zapato que funda un corazón 
la metralla del polen en primavera
el ojo verde encima de cada lunar
Eres lo que sucede sin luz en un relato 
tras echar el cierre a toda la trama 
y antes del miedo al punto y final.

© Mariano Crespo


lunes, 16 de marzo de 2015

Ciudades en pañuelo de seda


Tengo por costumbre
llevar ciudades tristes 
en el bolsillo de la chaqueta,
por si me topo con una mujer llorando
en el rincón de la acera
como solo se llora un roto 
en el descosido de las parejas.
Me detengo 
y las regalo un banco frente al río, 
las gastadas escaleras del barrio viejo, 
los soportales cuando estalla la tormenta,
o el Museo de la Desolación 
que tiene toda villa 
con tragedias entre sus piedras. 
Luego acelero el paso,,
miro hacia ningún lado, 
y dejo caer una ciudad
envuelta en mi pañuelo de seda
para que su derrota sin besos
tenga un marco de referencia. 
Hay amores que lloré
y no pasó nadie 
que tuviera a mano Florencia
envuelta en un lienzo de pena
y guardada por costumbre
en el bolsillo de la chaqueta.

© Mariano Crespo


viernes, 13 de marzo de 2015

Entretiempo


No imaginé de joven 
que, ni por asomo,
iba a llegar a la edad que tengo.
No me veía a los veinte
con el pelo blanco
y el futuro gris, tirando a negro. 
Así que no hice planes, 
no estoy preparado
para ser algo
ajustado al cronómetro. 
Como no tengo comportamiento 
de entretiempo, 
voy desnudo más de lo saludable 
o vestido de madurez en camuflaje.
No estoy preparado para la vida de espectador
aunque de algunas películas 
me han excluido del reparto.
No imagine de joven 
que llegaría la edad que tengo
y, os juro, 
que hay momentos en que sería más cómodo 
desaparecer feliz como un finado,
mientras encuentro el manual de instrucciones
para la vida en listas de espera
para ser voz en off 
o ganga en segunda mano 
o resignarme a contestar 
la más estúpida de la preguntas
del cuestionario humano: 
¿estas cosas 
también ocurrían en tus tiempos? 
Y no sé decir si se refieren 
a perder los papeles por una mujer, 
a la ruina moral
o al cambio climático.
Y tengo ganas de contestar
que cuando no estaba civilmente muerto
no recuerdo toparme con tanto necio.
© Mariano Crespo


martes, 10 de marzo de 2015



Me puse a hablar de ti 
ante la tribuna del paisaje
y con la misma lengua
con que en la cama ayer me esforcé en matarte, 
hoy te he erigido una estatua en verso
para que los pájaros descansen 
y prosigan el vuelo hacia tu calle.


© Mariano Crespo

miércoles, 4 de marzo de 2015

El hombre descolocado


A las mujeres nunca se las conoce 
como bien saben los que conocen de mujeres.
Sin ir más lejos, yo soy un descolocado.

Yo ruego a los dioses que antes de abrir la boca 
su planeta conjugue su órbita con mis giros.
Lo contrario son las hecatombes cósmicas.
Cuando ofreces una aventura 
y ella está pensando en el nido,.
Cuando entregas cobijo 
y ella quiere espacio. 
Cuando brindas tu mejor palabra
y su copa espera tu más ajeno silencio. 
Sé lo que digo cuando hablo de esto
porque he comprado el mar para regalarlo
a mujeres que salían de un naufragio 
o prendido el fuego de mis deseos
a alguien recién dada de alta
de la unidad de quemados.

A las mujeres nunca se las conoce 
como bien saben los que conocen de mujeres.

Ruego a los dioses que antes de pronunciar palabra
me esté escuchando una de esas señoras
que ríen y disfrutan con hombres descolocados,
y que mienten con elegancia y descaro 
cuando susurran que cómo sabes lo que está pensando.

© Mariano Crespo


jueves, 26 de febrero de 2015

Perdón


Es imperdonable
que la muerte pase por mi calle
sin saludar a los supervivientes.
Imperdonable es 
la retaguardia de las casas 
el lugar en donde la gente llora,
vomita, se suicida o miente 
poniendo a su madre por testigo.
Es perdonable 
desear el carmín de la boca del pecado 
el cigarro de después del crimen
y el de antes de que te quemen las entrañas
con un falso te quiero o un disparo amigo.
Perdonable es 
la resaca de las vírgenes 
el desparpajo de los ratones 
para inventar coartadas 
y la piedad a cobro revertido
de las sogas que llevas en el cuello 
desde el segundo posterior a haber nacido.
Imperdonable, amigo, 
verdaderamente imperdonable, 
es no perdonarse a sí mismo,
el prójimo más despreciable, 
por ser el más conocido.

© Mariano Crespo