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domingo, 10 de mayo de 2015

Terapia


Que haya gente enamorada 
de los cerebros de la red 
no tiene que causar sorpresa
ni provocar espanto.
Todos los que peregrinamos al psiquiatra
-devotos de la caridad freudiana- 
sabemos lo que es desear 
a quien conoce nuestros bajos fondos 
a la que poda los jardines en que nos metemos 
y tiene datos sin necesidad de cinta métrica
de que somos tan gigantes como enanos.
En la otra esquina del cuadrilátero,
nosotros solo sabemos de ella 
que en nuestros sueños 
nos suplica arrastrándose por el fango 
que la quitemos la ropa 
y que la ayudemos a apagar 
ese incendio que la consume por dentro.
El tiempo se evapora
hasta en las consultas con vistas
a alcobas y venenos.
Pagamos a la desconocida
y nos vamos
igual de chiflados
y con un nuevo deseo insatisfecho
para la mental colección de huecos
que abrieron las felices perdices 
de nuestros propios cuentos.
© Mariano Crespo


viernes, 8 de mayo de 2015

Página en blanco


Lo que duele la página en blanco
es un dolor para mañana,
no inmediato,
la inauguración de una pena 
la caída de un órgano. 

El problema no reside 
en si se tiene un mal día
o se ha dormido sin sueños. 
El dolor seco 
es por si se agotó la fuente, 
se cegó el pozo
y la carne se quedó sin verbo, 
Tan solo un prospecto 
o un manual para introducirse en un féretro.


© Mariano Crespo

miércoles, 6 de mayo de 2015

Vocabulario

                           © fotografía de Peter Lindbergh, Milla Jovovich
Si fuera un muchacho
te diría piropos, vagos, imprecisos
-multiusos, 
válidos para un deseo o un sacacorchos- .
Eres, básicamente, lo máximo,
mucho,
lo más,
lo mejor,
too much, 
un pibonazo.
Enfocándote desde la altura de los años,
te tatúo en el pecho un silencio 
como el pintor que firma con la lengua
antes de profanar la pureza del blanco.


© Mariano Crespo 

lunes, 4 de mayo de 2015

Compañías


Viví con un perro de Bilbao 
con el que hablaba en euskera 
porque no entendía el castellano
y no aceptaba órdenes 
en la lengua del Estado. 
Viví con una perra, 
chucha como yo,
que sabía hacer teatro. 
Viví con un pastor alemán
que cuidó de mi sobrino 
salvaje de dos años 
que le perseguía
y le hacía esconder
entre las piernas el rabo. 
Viví con un jilguero, 
al que adoraba mi padre,
porque era, como él, socialista
le había llamado Felipe 
y le gustaban las pájaras 
aun teniendo un montón de años.
Viví con un puñado de peces 
a los que puse nombres de parientes
y mi hijo vio morir a toda la familia
y aprendió que poner punto final
es tan solo quedarse flotando.
Por lo demás,
he tenido suerte con las mujeres
por lo que no me ha hecho falta recurrir a gatos.
© Mariano Crespo


domingo, 3 de mayo de 2015

Reflexión marciana


Qué perseguimos cuando no huimos.
Qué hacemos en los aeropuertos 
cuando ya no hay vuelos.
Qué miramos en las mujeres 
en el instante en que nos ignoran.
¿Sabe el buitre que es buitre 
cuando repta por el suelo?
Dónde hay remiendos para los corazones con desperfectos.
Cuántas veces se detiene la lluvia en el desierto.
Voy a componerte una canción 
aunque en cuarto menguante
suspenden los conciertos.
¿Por qué?
¿Por qué las jaquecas y la mampostería,
el estiércol y las perlas auténticas?
Porque sería excesivamente cruel 
confundir las gardenias 
con las zapatillas de andar por casa
el otoño con la alopecia 
las almohadas con la novia
el rigor mortis con las estatua
el sexo con la gimnasia
y el románico con los papas.
Pero yo abogo 
por perder el contexto
y las referencias 
Descabalar las fichas del dominó 
y volver a repartir la baraja
que no es una desgracia 
sino una oportunidad de resucitar 
una vuelta de regalo en la noria
una bala en la recámara
una reválida sin examen 
un principio sin guadaña.
Pienso firmemente que 
merece la pena refugiarse en una biblioteca
durante los bombardeos
y tener palomas mensajeras 
aunque no escribas versos.
Pienso y sostengo que 
no se puede dejar en prenda la palabra 
no es de fortuna dar la talla al sepulturero
y no es un mérito figurar el primero
en la lista de condenados al desprecio
Siempre que me siento en un banco de Marte 
me surgen dudas estúpidas 
como si habrá vida inteligente en el planeta tierra
y, en caso afirmativo, como podré entrar en contacto con ella.


© Mariano Crespo

sábado, 2 de mayo de 2015

Absurdo


Puede que sea estúpido
-amen de absurdo- 
este antojo de traspasar la puerta
de nuestra segunda residencia

y encontrar ternura
o un iglú con chimenea
para romper el hielo 
y mentirnos nuestra verdad. 

Estoy viejo 
y soy partidario de cosas
-arte, sosiego, vidrieras-
 
de las que me es engorroso
hablar de su utilidad. 

¿Cómo decirles?

Miren, soy de la época 
de los absurdos: 
la del amor eterno,
del paraíso en cómodos plazos 

y, sin ira, la libertad. 

De cuando las botellas eran coquetas;
La del espejo en el mueble bar.

© Mariano Crespo


jueves, 30 de abril de 2015

Amigas


                   "No ser amado es una simple desventura. 
                    La verdadera desgracia es no saber amar". 
                                                      ALBERT CAMUS

Las mujeres que cantan blues como negras
y dan abrazos de hombre o pulpo bajo el aguacero. 
Las mujeres con la reputación tachada
que no usan antorchas en las cuevas
y que te avisan de que te van a decir la verdad 
con las manos en algo que no semeja una lectura sagrada. 
Las mujeres con risa de seísmo 
y una mirada de estar de vuelta de la esquina o casi todo
pero con una maleta roja dispuesta
para saltar con tacones y petaca al abismo. 
Las mujeres divorciadas por lo militar
de amores con medallas al mérito de guerra.
Las mujeres leales y embusteras: 
dos racimos de la misma añada y cosecha
que el vino de antes de morir o de mudar de planeta. 
Las mujeres con mala memoria de elefanta
y la desgana salvaje de las leonas por ser reinas.
Me gustan esas mujeres que han hecho de la amistad 
y sus enseñanzas de paraguas silencioso en playas sin mareas
una gran parte de lo más bello, volátil y torcido de mi existencia.

© Mariano Crespo