Nunca hacen falta cincuenta razones
para decir que es todo tuyo lo poco que es mío
y pensar que, si en mi momento más vulgar,
estuvieses tú presente
salvarías de un borrón mi cuaderno de limpio.
Te escribo por
encargo
del almanaque y de mis vísceras,
de mi corazón y de mis jardineras,
hoy, 15 de agosto,
para decirte esto
y callarme un verbo
por si lo mancho
antes que tu lengua lo saque de paseo.
Eres
la sombra de mi secreto
por eso pongo celo en que no asomes por las pausas de mis versos,
ni que la brisa con sandalias de tu aliento olvide la comisura de mis deseos.
Te
regalo la estatua de sal que el mar de Cádiz
hace con las mujeres de los sueños de los marineros.
Te
regalo el candor del vino tinto sobre el carmín
de las muchachas de estreno en la verbena del pueblo.
Te
regalo la curiosidad y el remordimiento
del entomólogo frente a la mariposa a la que arrebata el vuelo.
Te
regalo la lista de la compra de un ángel
en las rebajas del azul madrileño castizo del cielo.
Te
regalo la caída de la noche
en Tetuán sobre la paz de tu pelo.
Hoy
tengo más de cincuenta motivos
para creer que, si en mi momento más vulgar,
se hiciese presente el aroma de tu espíritu
convertiría en memorable un instante de olvido.
© Mariano Crespo