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martes, 3 de noviembre de 2015

Vainica Doble


                                    (Para Gloria Van Aerssen y Carmen Santonja , ahora juntas para siempre)

Hubo tardes de candor
al que subía la fiebre 
y miradas turbias,
los ángeles tenían sexo 
y aunque aun no usaban lencería
estaba en llamas la ropa interior.
 
Tardes de humo dulce 
y vello suave en las piernas 
faldas de flores 
y citas de Beauvoir
antes de un beso
que te convertía 
al existencialismo 
porque los otros 
eran los rivales 
y el infierno 
Ella tomaba café y coñac 
y jugaba al parchís 
comiendo veinte 
y contando una,
María, Paloma, 
Adela y Chelo, 
un póquer de damas 
perdedor 
para una mano 
de mal agüero, 
con un pájaro dentro. 
La tragedia,
en francés, 
de los náufragos adolescentes.
Todas las canciones que me envenenaron 
parecían, a simple vista, inocentes.
Y no he levantado cabeza 
desde el primer baile 
cuando el primer izado 
del mástil de la bandera blanca 
creyendo que ibas al ataque.

Lo repito y lo repetiré mil veces: 
Todas las canciones que me envenenaron 
parecían, a simple vista, inocentes.


© Mariano Crespo

lunes, 2 de noviembre de 2015

Secretos (II)


Hay muchas secretarias solteras 
o casadas con su secreto
por lo civil o lo penal
y saben lo que ignoran las carpetas
cuando los discos duros se ablandan. . 
Hay hombres 
que coleccionan secretos 
y se casan con dios
y se amanceban con la soledad
preguntándose dónde un secreter 
- en que otro discreto mueble- 
puede perder sus misterios. 
Hay espaldas vencidas por secretos,
y por eso llevan protección
de policías secretos. 
Mi abuela 
contaba sus secretos antes de dormirse 
por si de mañana no la escuchaba el sol
y se moría con ellos dentro. 
Mi abuelo era un secreto en sí mismo
y yo empiezo a parecerme a sus silencios. 
Comienzo a hablar con chivatos 
y callar con los amigos
y hasta con los perros. 
Creo que al final voy aprendiendo 
el oficio de tumba estudiando para pregonero.

© Mariano Crespo


domingo, 1 de noviembre de 2015

Secretos (III)



Hay dos razones 
para que un viejo 
escriba poemas de amor.
La segunda es que conserve la memoria
y el olvido. 
La primera nunca fue ni será mía 
pero me la callo yo.

© Mariano Crespo


Clásicos


Soy complaciente con la preferencia 
de las élites por los clásicos. 
Se debe a que están muertos
y buscan por conventos su tumba
junto a los fetos de las monjas. 
Y los cadáveres
-por muy golfos que sean- 
no dejan a deber en hostales, 
burdeles o tabernas. 
No se burlan 
de su empaque 
ni comentan como una señora 
cuando le viene o le llega. 
Los cadáveres 
no ponen el status quo 
como un bebedero de patos 
o el coño de la Bernarda.
Un poeta es una paloma cagona 
hasta el momento que deviene estatua.
Yo entiendo la preferencia 
de las élites por los clásicos, 
voy, incluso, ay, compartiéndola.
Y me esfuerzo en la elegancia 
para llegar a académico 
o concejal de cultura 
o tertuliano de ateneo
o palanganero de palacio 
y dar nombre a una calle sin salida
o, lo que viene a ser lo mismo, 
una corriente literaria.


© Mariano Crespo

jueves, 29 de octubre de 2015

Lagunas de amor


La memoria, 
pese a serlo casi todo, 
está sobrevalorada
porque, mecánica, recuerda 
cosas que fueron ciertas,y por ella, juramos.  

Sí, es seguro que ocurrieron,
hay más que indicios de ello.
Y a mí, ni fu ni fa, los notarios.

La muy víbora, 
sin embargo, 
me seduce por sus trolas
y su cuarto y mitad de engaños
como cuando finge orgasmos 
estando sola
en compañía de su amo.

Hay mujeres que solo recuerdo por sus lapsos.
Novias formales de mis malos pasos.

© Mariano Crespo


martes, 27 de octubre de 2015

Secretos


Quienes bien me conocen
saben que soy empático y sociable
pero tengo que admitir
que, en ocasiones, me sobráis todos
incluido el paisaje.
Hay asuntos que, 
como el suicidio 
o la consumación de un pacto, 
se hacen solos
y con los dioses borrachos.
A los sitios prohibidos no se llega preguntando.

© Mariano Crespo


Maldito ego


En una ocasión, 
cuando cumplí los 28 años, 
no vino nadie a la fiesta 
que monté para celebrarlo. 
Es un recuerdo 
que me torna en forma de espanto 
cada vez que pienso 
en presentar un libro 
u organizo un acto.
Primero me parece una pesadilla 
luego me reconforta pensar 
que fue un rito iniciático
y que, desde entonces, 
empecé a reírme de mí mismo 
en las debacles y los chascos.
Y este maldito ego 
hace que, tantos años después, 
me siga pasando
y tenga que ponerme 
la nariz de payaso.

© Mariano Crespo