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martes, 8 de diciembre de 2015

Enciclopedia en mis volúmenes

Ahora
que los niños 
saben de la vida por las consolas.
y tienen virtuales hasta los tedios,
no sé que escribirán los poetas del mañana
sin aquellos mis tesoros 
almacenados en la inopia,
en las batuecas,
en las musarañas de mi infancia,
cuando estaba empadronado en la luna,
concretamente en su cara oculta,
la misma que amo en los santos,
en los héroes y en las damas.
.
Aquel

patrimonio,
del niño ausente que aun parezco,
y que en el diván de su cabeza 
fue almacenando como ave de rapiña
los países de manchas en el techo,
la mirada entreabierta por las puertas,
las arrugas en la mano del abuelo. 
el miedo al paje real con tu correo,
la muerte y las sombras de la noche, 
los primeros borrones del cuaderno,
la cara pegada al cristal de los tranvías,
la gallina que viajaba en cajas de galletas, 
los trenes que circulan por aceras, 
los brazos en cruz, de rodillas, en el patio. 
el aroma de la ropa y los membrillos,
el silencio de cuando rondan los serenos,
lo que sale por el pito y no es orina, 
las noches de radio de galena, 
la desazón por sisar para comprar cromos,
el miedo a que te peguen los matones, 
las papeletas de la rifa de los bares. 
la fragancia a pecado mortal de las mujeres, 
las lagrimas que coleccionan las almohadas
el que no eres inmortal, lo intuyes y no lo sabes.
Esas
cosas que nadie me conoce
y son el esqueleto de mi espíritu, 
La rúbrica real de mi firma falsa.
El ánima de cañón del revolver 
que me sigue perdonando el tiro de gracia.
Esos
contenidos tan insoportables,
esa enciclopedia en mis volúmenes 
que llevan las cosas etéreas como mi alma
y los secretos de cuando contaron hasta veinte
salieron a a buscarme siendo un niño
y encontraron a este viejo actor que me suplanta.

© Mariano Crespo
© Fotogafía de Fran Lorente, Arte final 
Mercedes deRueda

sábado, 5 de diciembre de 2015

Preludio


Por lo común hacemos las cosas como las fieras 
y, más tarde, buscamos una explicación teórica
al comportamiento de nuestro salvaje evolucionado.  
La cobertura del homo sapiens 
para creer que no merece la jaula
y es el rey de la creación o el “boss” de su desguace.


Sin embargo, con la edad, 
el camino da más placer incluso que la llegada,
el senderito conduce a lugares que ignora el arcén.

Nos pone más a tono
la descripción en verso de los tres deseos
 
que la vulgar aparición del hada. 

Yo, a estas alturas del declive, sin embargo, 
gozaría, describiendo, caricia a caricia, 
duda a duda, lengua arriba, lengua abajo, 
explicarme durante la extensa jornada 
en que se abren flores y cavernas,
todo aquello que deconstruiría con tu cuerpo
si tuviera el talento de llevar la teoría 
del arte al escenario de la charca.

O sea, ser el animal que se mueve
por aquello que despreciamos
y nos hizo especie superviviente.


Mirarte a los ojos, y escuchar,
en un susurro con alma de orden: 
Procede.
Déjate guiar a donde el vientre te lleve.

Y, como el fuego sueña que arde, que la vida arda
y como quema que nos queme.

© Mariano Crespo


martes, 1 de diciembre de 2015

Mudanza



               "Un escritor es alguien que con unos muebles hace un árbol".
                                                                                             Anne Sexton

                 A  Carmen Maroto, a quien robé la cita de este poema.

Saqué con cuidado 
las camas, las alfombras, los cuadros,
los muebles, los libros, el frigorífico,
la ropa, las fotos, las polillas, 
la escobilla del baño, 
esos miles de trastos, de pequeños detalles 
que ni sabías que estaban 
pero que ocupan tanto. 
Cuando concluí, 
deposité mi memoria 
en el recipiente adecuado 
de los residuos urbanos.
Por fín, esquivando la mirada
feliz de los vecinos carroñeros, 
pude montar la casa vacía 
sobre una nube y me fui tras las montañas
a un sitio al que dicen Curiosidad,
en el que se vive sin referencias
y se nombra las cosas señalando.
Ahora puedo escribir mi propio plagio.

© Mariano Crespo


viernes, 27 de noviembre de 2015

Adivinanza


Se levanta el telón
y se divisa una hecatombe, 
un desastre apocalíptico, 
un diluvio universal 
del que tú eres uno 
del grupo de afortunados 
que está a flote.
Desde el arca 
se golpea a desesperados 
que intentan inútilmente 
una salvación que los tuyos impiden.

La pregunta no es cuál es el título de la obra
sino cómo te redimes.


© Mariano Crespo

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Documentos


Francamente,
yo no he sido un buen patriota. 
Hubo un tiempo 
en que por pasear con Diane Keaton
por las calles de Manhattan
me hubiera hecho miope y judio. 
Por tocar con Charlie Parker 
hubiera estudiado para negro.
Y por ser Leonardo
me hubiera empadronado 
de ángel prófugo
en el infierno. 
Cuando suena 
cierta melodía de Puccini 
me pongo de pie 
y con la mano en el pecho. 
Cuando 
veo un pañuelo
acariciando el pubis 
- como una cortina de incienso 
 ante el pórtico de la catedral de Florencia-
juro bandera 
y abdico de otra patria 
que no sea la de los desterrados
por disfrutar de la fruta de Eva.
Tal vez por esos desórdenes, 
cada vez que he enseñado el pasaporte, 
sin nada que ocultar, 
tengo sudores en las manos
y el corazón se hiela.

© Mariano Crespo


lunes, 23 de noviembre de 2015

El humo del deseo


Dejaron de fumarme los cigarrillos
hace ya bastantes años.
Fue, casualmente,
cuando colocaron el aviso 
de que produce impotencia 
el uso de ese producto
cuando renuncié a mi consumo.
Solo lo echo en falta 
cuando me embeleso 
con unos labios 
que me secuestran la mirada.
Cuando deseo que les llegue 
mi beso y luego morderlos 
a bocaditos pequeños 
como de ensaimada o bombón 
y cuando ella me mira turbada. 
-yo subo el puente de mis gafas- 
sin poder acudir al paquete 
y decir: te apetece un cigarro,
me parecía que tenías ganas.
Cierto es que no es de recibo esta patraña,
pero no lo es menos que a las mujeres 
las divierten las coartadas absurdas
para los pérfidos crímenes del deseo
que nunca se culminan o se callan.

© Mariano Crespo

domingo, 22 de noviembre de 2015

Fabuladores

                            A Marcello Mastroianni, maestro de fábulas.
          
Por mucho que asumas tu historia
no veo adecuado que pongas 
en un marco de plata tus radiografías 
adornando las paredes de la alcoba
ni que invites a tus amantes 
a ver el vídeo de tu boda.
A los amores efímeros 
no les importa tu interior 
ni los muertos que te vieron 
prometer un incumplimiento.
Las mujeres pasajeras cuando dicen 
que deberíamos conocernos un poco más 
antes de ir a la cama,
es porque viene en el guión 
no porque estén interesadas.
Y los buenos amantes 
conocen que las mujeres lloran,
hasta convertir en pasión las lágrimas,
mejor con las historias inventadas.
A los tristes se les tiene piedad.
A los fabuladores se les folla.

© Mariano Crespo