Ahora es normal que hagan versos pero yo no me enamoré de ninguna poeta.
Las chicas de otro tiempo escribían diarios, eran taquimecanógrafas o enfermeras.
Estudiaban filosofía y letras y se pagaban los estudios como manicura y peluqueras.
En mi barrio una era azafata y su hija nos enseñaba las tetas.
Ahora es normal que hagan versos pero yo no me enamore de ninguna poeta
Yo era un hijo de portera con un máster de desvalimiento y miseria y crecí con la poesía que escribió Gloria Fuertes y a beber y llorar a solas también aprendí con ella.
Mariano Crespo
(De "EL RETRATISTA DE FLORES".Bartleby Editores. 2017)
Una certeza basada en el enigma, en la magia tras los visillos de la mirada, en el confidencial laberinto de las palabras, en una balada de amor cantada en morse, en una ruleta rusa de un revolver encasquillado, en el malentendido donde se posan las manos. en el pecado original de la primera frase, en el desnudo que oculta otro desnudo, como una mujer que fuese muñeca rusa, o un nudo que anudase otro nudo.
Estamos expuestos a la vista de todos y creemos que no se sabe lo que pensamos, pero los cadáveres no tienen misterios, incluso todos saben que están muertos.
Puede que no seas , como en los cuernos, el primero en enterarse de tus secretos.
Hubo tardes de candor al que subía la fiebre y miradas turbias, los ángeles tenían sexo y aunque aun no usaban lencería estaba en llamas la ropa interior. Tardes de humo dulce y vello suave en las piernas faldas de flores y citas de Beauvoir antes de un beso que te convertía al existencialismo porque los otros eran los rivales y el infierno Ella tomaba café y coñac y jugaba al parchís comiendo veinte y contando una, María, Paloma, Adela y Chelo, un póquer de damas perdedor para una mano de mal agüero, con un pájaro dentro. La tragedia, en francés, de los náufragos adolescentes.
Todas las canciones que me envenenaron parecían, a simple vista, inocentes.
Y no he levantado cabeza
desde el primer baile cuando el primer izado del mástil de la bandera blanca creyendo que ibas al ataque y estaba en la bañera de la princesa cayendo por el desagüe.
Lo repito y lo repetiré mil veces: Todas las canciones que me envenenaron parecían, a simple vista, inocentes.
"ama como si
nadie te hubiera hecho daño, baila como si nadie te estuviera
viendo"
Albert Camus
A los que me suturan el corazón
tras cada estocada. A Daniel Sánchez A Tere.
Apoyado en la barra.
elegantemente ladeado,
bebiendo una tónica,
como esos ingleses
que estuvieron en colonias
par leer el periódico
y olvidar a la mujer
en su londinense lecho victoriano,,
me estaba convenciendo
José Alfredo Jiménez
de que "es preciso decir otra mentira"
que veníamos los dos de un mundo raro.
que no sabemos del dolor,
que triunfamos en el amor
y que nunca habíamos llorado.
Que nunca me insultaron en el
colegio,
que los matones jamás me intimidaron,
que no me recordaron que era pobre
y que aquella playa la disfrutaba
por señoras buenas, por caridad, de regalo.
Que nunca llegaría a nada
si estaba siempre en las nubes.
Que hay cambios que nunca cambian
y aquel carné podría arruinarme la vida.
como las raras compañías que me otorgaba.
Que no era edad de tontear con
muchachas,
que mi primer salario era para abrir una cartilla
y no para llevar a las chicas en flor
a ver el mar en nuestro primer avión de barrio.
Que debería echarme una novia formal y trabajadora.
Que cuando se logra ser
funcionario
no se pide excedencia para huir
a playas donde es indecente no ir desnudo
y una descortesía no ser antropófago
Y ahora a pagar.
A pagar al contado,
como si nunca me hubieran servido garrafa.
A dar las buenas noches como un caballero,
a dejar una propina que humille a los muchachos
y a perseguir al amor como si no hubiera portazos,
como si la traición fuera ser un resabiado
como si una más una son cuatro,
y me llevo una, me llevo la más guapa a mi cuarto.
Porque jamás apostataré de todos los sexos
que me abrieron los mundos
donde aprendí a a nadar a mariposa en el fango
y porqué en la isla de la madre de Albert Camus
bailé como si nadie estuviera mirando
y así supe que era malo, muy malo,
De esos bastardos que se darían
un tiro en el pie
por no pisar a la belleza los zapatos.