Tengo el tema del que sería mi mejor verso -entendiendo por mejor lo que si no mata enloquece- pero no contaré jamás el episodio. y ni siquiera pienso en las palabras para el brebaje.
Los dioses proclives tenían que darnos la ceguera momentánea para no contemplar esos momentos cuando hasta las pesadillas sienten asco.
A veces pienso qué grandes poemas están en le Biblioteca Universal del Silencio.
Y de qué inmensa fortaleza tendría que ser el espíritu del elegido para soportar su lectura sobreviviendo.
Los poetas hay cosas que no dicen ni a ostias ni borrachos ni por el sexo de su musa ni por el mejor premio literario.
Creo que desde los seis años - tal vez fueran los cinco- no tengo claro el concepto. Mi señorita o quizás un fraile me mandó pintar una casa. Me quedó de vicio y mis padres lo celebraron. Mírala con sus ventanas, la puerta, la chimenea, el humo. Este niño va a ser arquitecto. - Es listo como su padre - Es listo como su madre.
Luego hubo un descuido educativo y no me enseñaron a pintar la hipoteca, el valor catastral. los seguros y recibos de mantenimiento, el Impuesto sobre Bienes Inmuebles, las reuniones de vecinos. Los dramas familiares para repartirse la de los padres, El exilio de quien tiene que irse en los divorcios. El miedo en los huesos de la calle entre cartones e ignorancia de los peatones.
Más tarde no supo decir a una mujer que se quedara allí para siempre.
Creo que desde los cinco años -tal vez fueran los seis- no tengo claro un concepto y tengo la vida a la intemperie.
En las ciudades hay niños de la calle. Yo soy uno de ellos. Un poco crecido, demasiado grande.
y había un temblor lígero de su mano al acercarse al vaso de agua. Luego habló y canto y citó, a Quevedo, Leon Felipe, Gil de Biedma, Vallejo, Neruda, todo el temario de una escuela si en todos los colegios enseñaran a volar
y suprimieran las puertas. También canciones propias con la ironía inteligente del juglar.
El cantante viejo se fue en silencio. Él era el telonero.
Después salió una mega estrella que dijo:
sois todos de puta madre y que esto no pare. También dijo vamos a reventar el planeta donde unos mueren de hambre y otros viven por la jeta...
La gente deliró al ritmo de las anfetas. Luego, el cantante desafinó todo un repertorio de protesta.
La masa dijo: este tío es una máquina, sin darse cuanta que razón tenían porque de ser humano no había seña.
Nadie cayó en la cuenta que esa rebeldía afinada y sin asesinar la gramática la había cantado un anciano pero no habían comprendido el tema.
Afuera, a los medios de información, un productor inteligente -perdón, listo, que es más lucrativo- pregonaba que los cantautores fueron una moda que no han aportado nada,
Hemos traído, al abuelo, añadió, por si venían los de su quinta que les han dado a sus nietos el dinero para un artista que es la ostia.
Eran las fiestas patronales de un pueblo de cuyo nombre no quiero acordarme.
Yo siempre he sido el siguiente, No he conocido la pole position ni la virginidad de las mujeres.
Yo he sido siempre el siguiente, el que no consigue la plaza, el que pierde el puesto, el que rellena la lista de los premios comprados. Yo siempre he sido el siguiente, a las puertas del médico y a la entrada de tu pelo.
Yo he sido siempre el siguiente, de lo siento señor se acabaron las entradas para ir a la belleza son muy limitadas.
Soy de la saga de los siguientes, gente con dignidad, que en caso de ejecución de pena de muerte hacemos lo posible por colarnos por si nos confunden con los recomendados.
Yo he sido siempre el siguiente, hasta cuando estoy solo, hermanos. He salido a mi padre y a millones de ciudadanos.
¿Una certeza? No decir: nunca, no haría eso, si no he estado en ese infierno.
¿Cuál es el paraíso? Una pareja que tenga en la mirada siempre la misma persona y sean ellos.
¿Que desearía? Tener, cuando es preciso, rencor. Llevar un revolver cargado con una bala que se llamara como yo. Haber estado en el infierno de la otra persona y, que te salve ser los suficientemente hombre como para disparar contra el espejo que sangrara los añicos de todo tu pasado. Acogerse a esa mirada que tiene siempre la misma persona y amarse con ella en la bañera para dar una oportunidad a los dioses de ser piadosos y perdonarnos. Y perdonarse.