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domingo, 22 de abril de 2012

DESEOS




Si me dijeran que querría
llevar como único equipaje
para toda una vida contigo,
escogería tres islas desiertas
y un mar de amigos.

Si una bruja buena

me concediera tres deseos,
como poca imaginación tengo,
diria libertad, igualdad, fraternidad,
de una puñetera vez
y sin que se cortaran más cuellos.

Y si me pidiesen

que cerrara los ojos
y formulara un solo deseo,
pediría volver a aquel pasado
de cazadores y nómadas,
antes de eso que llaman progreso,
cuando eramos tan salvajes
que al que tenía más que otro
lo echaban de la manada
por insolidario.


© Mariano Crespo Martínez

         

Un ser simple



Soy un ser simple.
Hay dias que para ser feliz
me basta un abrazo,
unas palabritas
y que los amigos
tengan la salud necesaria
para reir como cosacos.
© Mariano Crespo Martínez

              
     

SIN HOMBRES NI PUEBLOS ELEGIDOS




Me habían educado
para tenerlo todo claro.
El cielo arriba
la tierra abajo.

Los dioses en el templo
el hombre desterrado.

Pero los hombres me hablaban

y los dioses guardaban silencio.

Un día presentí

que era de los rechazados
que mi destino
era no guiar a nadie
era pasear a solas
sin caminos marcados.

Me quité el traje de certezas

cubrí de dudas mi cuerpo desnudo.
No era un ser superior
era un animal perdido.

Desde aquel tiempo

sobrevivo, a veces,
a momentos vivo.

No doy ningún consejo.

Escucho, leo libros,
aprendo, camino.
Y me voy haciendo viejo,
como los arboles
al pasar de estaciones
y de lluvias, soles y frío.

He obtenido alguna certeza.

La libertad es mi oxigeno.
Los dioses son limitados.
Los hombres, al contrario,
que los que habitan los altares,
nos reimos.
De la vida,
de la muerte,
de nosotros mismos.

Soy vulnerable

pero sin la mascara de la tristeza,
sin el caparazón de la verdad,
el tiempo me regala
emociones,
belleza, sentimientos
que compensan
este vértigo
de no ir por los caminos
protegidos
que me habían elegido.

Al igual que vosotros

he encontrado compañeros
de viaje y destino.
No usamos brújulas,
no pastoreamos amigos.

Recibimos a los niños

enterramos nuestros muertos.
Y creemos que somos iguales,
hombres, mujeres,
negros, amarillos, blancos
y que ninguno, ninguno, ninguno,
a solas, es un elegido,
y en conjunto, es un pueblo divino.

Somos de la estirpe

que evolucionó de un primate,
aprendio a reirse de si mismo
y creer en el libre albedrío.
Y que cuidar de su casa,
el planeta que nos cobija,
es lo único que tiene sentido
junto a que nadie tenga más
de lo qu tiene ninguno,
porque todos precisamos lo mismo.

Y nos mentimos lo justo

para desafiar los malos azares
del veleta destino.


© Mariano Crespo Martínez

                   

LA LIBERTAD



Si pensáramos los dias impares.
Si amáramos los dias de sol.
Si fuéramos invisbles los jueves.
Si estuviera prohibido morirse con lluvia.

Todo sería tan previsible.
Todo tan calendario.

Sin embargo, alguien te comería

a besos, como yo pretendo ahora,
aunque esté prohibido y nublado.

No estamos hechos, amor,

para lo que con nosotros
están haciendo.


© Mariano Crespo Martínez

                   

miércoles, 18 de abril de 2012

LA SAETA



Cuando la muerte ronda los pasillos.
Cuando las lágrimas comparten
salas de espera.

Cuando es peligroso
coger un ascensor

por si te encuentras
con la pena pena.
Cuando la cena
es la última cena.

Cuando todas las calles
dan al Calvario.
Cuando los naufragios, por rutina,
no son noticia.

Cuando tienes una herida en el costado
y te falta el aire
y venderías tu reputación
por un cuenquito de vinagre.

Cuando arden las entrañas
y te ponen compresas frias
que semejan
una corona de espinas.

Cuando no tienes palabras
para blasfemar
y al musitar, creen que rezas.

Cuando cada noticia es un epitafio.

Cuando eso pasa, hermano,
es que estás en semana de pasión.
Lo demás es un engaño.

Una representación trucada.
Un mago al que se le agotó la magia.

Mientras le pasean por las calles
yo he visto a Jesús pescando.
Se reía de que la muerte
redimiese algo.

La vida redime la vida
y el alba lo va anunciando.

Lo saben el sol y los pájaros.


© Mariano Crespo Martínez

                        

EL PROMISCUO



(Para don Manuel Pérez de Merlo)

El hombre que sale por las ventanas.

El dueño de los tejados.
El que confunde los nombres.

El que no entra en el paraíso
sino en el "Guinness" del vacío.
El que no sabe que la invasión
no es un lugar placentero.
El turista accidental.
El fontanero.
Aquel chico que recuerdas
como un constipado de abril.
Nunca foto de carné.
Impresentable (no presentado).
Solo, con leche, cortado.
El promiscuo es un viajante
que obtuvo una comisión
por cada beso prestado.
Nunca alcanzó a doña Inés.
"Single" de éxito.
Pegadizo y comercial.
Un chiste de madrugada.
Una peli para olvidar.
Y todos quisimos ser
esa parodia sin guión,
cuando la vida
nos daba un miedo ciempíes,
como abrir el melón.
En nuestro epitafio pusieron:
"Era mentira, angel de amor,
que en esta apartada orilla".
El apostante perdedor.
"Es la primera vez que me pasa..."
Y a otra habitación.

© Mariano Crespo Martínez

                                   

domingo, 15 de abril de 2012

Unidad de Vigilancia Intensiva (UVI)


A ratos nos perdemos
en un laberinto oscuro
lleno de miedos
y paredes.
 

Nuestro interior
son tuberias invadidas
por pócimas de brujos sabios.
Estamos vivos porque un tozudo
aparato señala que respiramos
y que nuestro corazón late
en ritmos adecuados.
La orquesta sigue tocando
y tu quieres bailar con ella.

Cuando abres los ojos
alguien te lava con gasas el miedo
y te alienta a seguir mirando.

Pierdes el conocimiento,
deliras,
y ellas trabajan con compresas frías
para que tu incendio no te convierta en cenizas.

Adelante, vas a ganar a los bichos,
tienes gente que te ama y te espera.

Nos desollamos las manos

buscando una salida
a un encierro que es una tumba
o algo parecido.
Adelante, vas a ganar a los bichos
tienes gente que te ama y espera.


De repente,
rasgamos la pared,
hacemos un agujero
y nos desconcierta
esa mirada
que los honrados transeuntes
dedican a los supervivientes
de esas pesadillas
que todavía no han alcanzado
a conocer.

Ahí, con su luz de ave, está ella
aguardando.

Casí siempre aparece el estupor

porque uno ya no pertenece
ni entera
ni parcialmente
a ninguna de las dos realidades.

Es tan difícil escapar hacia adentro

como recordar el futuro.
Estoy vivo.

¿Cómo estás, amor?

¿Cómo están ustedes?


© Mariano Crespo Martínez