Si me dijeran que querría llevar como único equipaje para toda una vida contigo, escogería tres islas desiertas y un mar de amigos.
Si una bruja buena me concediera tres deseos, como poca imaginación tengo, diria libertad, igualdad, fraternidad, de una puñetera vez y sin que se cortaran más cuellos.
Y si me pidiesen que cerrara los ojos y formulara un solo deseo, pediría volver a aquel pasado de cazadores y nómadas, antes de eso que llaman progreso, cuando eramos tan salvajes que al que tenía más que otro lo echaban de la manada por insolidario.
Me habían educado para tenerlo todo claro. El cielo arriba la tierra abajo. Los dioses en el templo el hombre desterrado.
Pero los hombres me hablaban y los dioses guardaban silencio.
Un día presentí que era de los rechazados que mi destino era no guiar a nadie era pasear a solas sin caminos marcados.
Me quité el traje de certezas cubrí de dudas mi cuerpo desnudo. No era un ser superior era un animal perdido.
Desde aquel tiempo sobrevivo, a veces, a momentos vivo.
No doy ningún consejo. Escucho, leo libros, aprendo, camino. Y me voy haciendo viejo, como los arboles al pasar de estaciones y de lluvias, soles y frío.
He obtenido alguna certeza. La libertad es mi oxigeno. Los dioses son limitados. Los hombres, al contrario, que los que habitan los altares, nos reimos. De la vida, de la muerte, de nosotros mismos.
Soy vulnerable pero sin la mascara de la tristeza, sin el caparazón de la verdad, el tiempo me regala emociones, belleza, sentimientos que compensan este vértigo de no ir por los caminos protegidos que me habían elegido.
Al igual que vosotros he encontrado compañeros de viaje y destino. No usamos brújulas, no pastoreamos amigos.
Recibimos a los niños enterramos nuestros muertos. Y creemos que somos iguales, hombres, mujeres, negros, amarillos, blancos y que ninguno, ninguno, ninguno, a solas, es un elegido, y en conjunto, es un pueblo divino.
Somos de la estirpe que evolucionó de un primate, aprendio a reirse de si mismo y creer en el libre albedrío. Y que cuidar de su casa, el planeta que nos cobija, es lo único que tiene sentido junto a que nadie tenga más de lo qu tiene ninguno, porque todos precisamos lo mismo.
Y nos mentimos lo justo para desafiar los malos azares del veleta destino.
Si pensáramos los dias impares. Si amáramos los dias de sol. Si fuéramos invisbles los jueves. Si estuviera prohibido morirse con lluvia. Todo sería tan previsible. Todo tan calendario.
Sin embargo, alguien te comería a besos, como yo pretendo ahora, aunque esté prohibido y nublado.
No estamos hechos, amor, para lo que con nosotros están haciendo.
A ratos nos perdemos
en un laberinto oscuro
lleno de miedos
y paredes.
Nuestro interior
son tuberias invadidas
por pócimas de brujos sabios.
Estamos vivos porque un tozudo
aparato señala que respiramos
y que nuestro corazón late
en ritmos adecuados.
La orquesta sigue tocando
y tu quieres bailar con ella.
Cuando abres los ojos
alguien te lava con gasas el miedo
y te alienta a seguir mirando.
Pierdes el conocimiento,
deliras,
y ellas trabajan con compresas frías
para que tu incendio no te convierta en cenizas.
Adelante, vas a ganar a los bichos,
tienes gente que te ama y te espera.
Nos desollamos las manos
buscando una salida
a un encierro que es una tumba
o algo parecido. Adelante, vas a ganar a los bichos
tienes gente que te ama y espera.
De repente,
rasgamos la pared,
hacemos un agujero
y nos desconcierta
esa mirada
que los honrados transeuntes
dedican a los supervivientes
de esas pesadillas
que todavía no han alcanzado
a conocer.
Ahí, con su luz de ave, está ella
aguardando.
Casí siempre aparece el estupor
porque uno ya no pertenece
ni entera
ni parcialmente
a ninguna de las dos realidades.
Es tan difícil escapar hacia adentro
como recordar el futuro.
Estoy vivo.