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Faro sin mar..

lunes, 4 de abril de 2016

Mujer que me amaste


Mujer que me amaste 
                       y a la que amé.
                  Mujer que me ama 
y amo tanto 
          ahora que no somos nada,
o sí, somos ex nada, 
                  que es un lugar como el limbo 
pero sin abogados 
                 ni hijos, ni nietos. 

No pudimos hacer una familia 
                     ni una casita con chimenea 
                                       ni comimos perdices
ni nos pegamos, 
porque hasta para la bronca 
hace falta comprar un ring
                      o hipotecarse en un rencor 
al tonto tanto por ciento. 

                   Fuimos unos sin papeles de la pasión, 
                   unos apátridas 
                   en el boulevard del deseo.
 
Mujer que sabes mis erratas de memoria 
y ninguno de mis versos.

                          No te olvidaré, mujer que me amaste, 
                   pues tu perfume 
ha quedado en mis silencios.  
                                   
                    En los que no publiqué
porque no soy de los que editan 
secretos ni misterios. 

                        Y en los que di a conocer
                                            pues fuiste musa, 
            hada, bruja, mariposa, cebo, 
             para que yo me sentara a describir 
un cuerpo que nunca fue mi cuerpo.
Lo que todos ignoran 
                 es que tienes derechos de autor 
                  sobre todos los tachones 
que me hubieran convertido en maestro.

Te debo tanto 
             como los cómicos deben al texto.

                         Ahora hazme el favor de ser feliz 
                                        hagas lo que hagas. 
                          En el argumento de un buen cuento, 
                              de esos que no acaban 
                              porque para los finales inconclusos 
                                es para los que hace falta talento.


© Mariano Crespo

lunes, 28 de marzo de 2016

Lluvia


Algunos, los más tristes, 
de los que miran la lluvia 
como yo, ahora, por la ventana, 
me comprenderán a la primera:
No hay que perdonar
a algunas mujeres 
para amarlas.
Hay que perdonarse 
uno
y que se jodan 
las circunstancias.
Alguna mujer mirará ahora la lluvia.

© Mariano Crespo


martes, 22 de marzo de 2016

Mi libro




Nunca he querido
pasar rápido la página del tedio.
Desde que tenía 8 años
aprendí que el capítulo siguiente podría ser peor.

© Mariano Crespo

martes, 8 de marzo de 2016

Inmortalidad


Tal vez alguien me espere 
en un café, 
y grite mi nombre, 
y sea un alguien que creía muerto 
y ahora me está abrazando 
y me besa con besos calientes 
como el pan tierno.
Me limito a decirles 
que cuando me preguntan por la eternidad 
digo que no, 
que solo un poquito 
en la leve pizca del minutero 
que dura el reloj
o su recuerdo.
Pero este alguien 
recién aparecido en un café 
que cerraron hace tiempo 
y que me está poniendo el sexo duro 
como cuando era un muchacho hirviendo
me susurra al oído
que me engaño, que me miento.
Me limito a decirles 
sobre la inmortalidad, 
que no sé, 
que no contesto.

Me limito a no estar muerto.


© Mariano Crespo

jueves, 3 de marzo de 2016

Estéticas


A mis adversarios, por su involuntaria complicidad.

Asíduamente me preguntan
qué no me gusta en poesía.
Asombra que conteste 
que, a menudo, yo mismo. 

Y no es por quedar elegante.
Digo lo que siento 
por dos razones
que, con el paso de los años, 
se convierten en finales
- los últimos principios- .
Ese catecismo privado 
que hemos escrito cada noche 
y que guardamos en una urna 
con un martillo de caramelo 
y un cartel que dice:
incéndiese en caso de incendio.

No me gusto a mí mismo 
como elixir para corregir el rumbo.
En los supuestos errores ajenos 
no tengo ni culpa ni remiendo.
 
No me gusto a mí mismo 
porque sé cuando el intento 
de que tomáramos juntos 
el Palacio de Invierno
concluyó en un texto frío, 
en un panfleto sin flores,
en una sesión de pornografía, 
en donde quise alzar un templo. 

No me gusto a mí mismo 
porque confundí divulgar, 
escribir sencillo,
con pregonar a la gente 
que son estupendos 
y yacerían con mil vírgenes 

-o serían eternas como diosas-
si, además, compraran mi libro. 

No me gusto a mí mismo
cuando omito el punto central 
de la profecía que me dictó
un heraldo de la belleza, 
optando por un texto más correcto,
menos invadido de veneno. 

No me gusto a mí mismo,
más que nada, 
más que por todo, 
cuando capto en un verso fallido 
que no rocé, que no toqué pelo, 
de ese lugar que mis lectores 
saben que, si me la juego, llego.

Para lo que hacen los demás 
tengo, primero, respeto, 
y siempre curiosidad 
porque ven lo que yo no veo,
y arden en otros incendios.

© Mariano Crespo


domingo, 28 de febrero de 2016

A la deriva


Una de las pruebas 
de qué sinsentido 
gobierna el timón del mundo,
es que cuando muere un filósofo,
un músico, un pintor o un poeta 
no se desploma, al instante,
el índice bursátil.
Y es que la belleza
no contamina los mares,
no enfanga la vida 
no mancilla el aire. 
Es inconsistente, 
frágil como un pétalo,
dura como el diamante.
Es un orgasmo, un narcótico, un arma,
pero lo ignoran los traficantes.
Esta es una de las pruebas,
ya digo, 
pero el sumario, 
en la palabra descomunal, no entra.
En enorme, no cabe.


© Mariano Crespo

lunes, 22 de febrero de 2016

El inocente


                   Al enterarme de la muerte de Umberto Eco


           Para Emma , porque pensé que disfrutaría de este texto.

Esta mañana 
pensaba en que la vida,
su transcurrir, 
era semejante a una tortura 
para que me viniese abajo,
me derrumbara,
y cantase la verdad.
Es una duda que me corroe
al pasar de los años 
cuando nos van arrebatando banderas, 
y canciones que fueron himnos 
sobreviven como anuncios publicitarios
Caes en la cuenta 
de que no tan solo 
las biografías de los santos
eran una puta mentira 
sino la tuya, la de tus ídolos, 
y la de tus adversarios.
Esta mañana 
me dijeron en la celda 
que había muerto el profeta Eco. 
Dije, Ah, Humberto,
sin alterar el gesto
para que no se notase 
que la herida me hacía daño.
Empiezo a mostrar 
inquietantes síntomas de cansancio 
y pienso que me puedo derrumbar 
cuando me anuncien más muertes
de seres cercanos, 
de mis mitos particulares 
que estuvieron en las paredes de mi cuarto.
Que aparezca una chica 
que me llevó con su cuerpo al paraíso 
para susurrarme muy despacio 
que eran fingidos sus orgasmos.
No sé, 
la vida me ha hecho putadas 
pero veo la de otros 
-mucho más miserable -
y parece que a pesar de tanta infamia
murieron o viven
sin haber cantado.
Sé que habría
ausencias que me noquearían,
certezas que podrían 
hacerme perder la cordura
y gritar: ya basta,
no sigan destrozando 
el material y las personas 
con las que construí sueños,
¿Qué quieren saber?
Detengamos de una vez 
esta patraña burda
e insaciable.
Ahí, 
justamente ahí, 
en esa pausa del guión, 
aparece el pánico, 
cuando imagino que ninguno pregunta, 
que a nadie interesa si escondo algo.
O lo que es peor 
que yo no sepa nada de interés, 
que nunca tuve algo de valor,
-una palabra, un nombre de rosa- 
que interesase una puta mierda 
al silencio atroz del cosmos.
Y ahí viene la jodida pregunta. 
Si yo no sé nada 
si soy solo un personaje sin texto,
¿por qué tú, insensata vida, 
sigues masacrando, 
rompiendo, 
matando
lo que tanto he querido 
y amo tanto?
¿Qué te mueve a destrozar 
el tejido con el que fabriqué mis sueños?
Podría servirme el consuelo 
de ser un mero figurante del drama,
una trampa, un señuelo, 
y que hubiera alguien que sí sabe algo 
al que estuviéramos protegiendo.
Tendría sentido la tortura 
y merecería la pena 
seguir disimulando.
Tal vez me espere, 
al final del trayecto, 
la belleza
citándome con el dedo,
Una mujer desnuda 
tan solo cubierta 
con las palabras de mis versos.
Puede que el enigma 
nunca existiera 
y que su solución 
fuera, tan sólo, buscarlo
leyendo, 
mirando, 
escribiendo. ,
Tal vez los asesinos no lo sepáis
pero estáis tanto más rodeados. 
cuanto más nos rodeáis.
Las bibliotecas,
el conocimiento, 
los maestros, 
renacen sobre las cenizas de sus sueños.

Vida a vida, la muerte va muriendo.


© Mariano Crespo