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domingo, 4 de enero de 2015

Tiempo


Tantos años con el agobio 
de que alguien estuviese preocupado 
por mi vida, mis traspiés, 
mis caminos raros.

Y de qué manera hiere la ausencia 
de aquello que consideré estorbos,
palos en la rueda del carro de mi viaje
a lugares que solo existían en mi deseo. 

Sobrevive una tía que rezaba por mí
antes de que su Alzheimer me dejara en desamparo 
de plegarias a los teléfonos que yo no llamo.

A imagen y semejanza de mis miedos 
hablo solo para que el universo no esté callado
y leo en alto porque el futuro se va quedando sordo.

© Mariano Crespo


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